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Rubén Darío y las feministas de New York

26 04 2012

Jorge Camacho

Cuando se habla del modernismo los críticos por lo general se enfocan en sus textos y tienen a pasar por alto la forma en que estos escritores se proyectan ante un público, ante las cámaras de los fotógrafos y los periodistas. Durante los últimos años de su vida, los periódicos norteamericanos hablaban con frecuencia de Martí, dan noticias de sus mítines revolucionarios en New York e incluso, citan sus opiniones verbatim sobre diversos temas (Camacho). Ninguno de estos textos, sin embargo, aparece recogido en las obras completas del cubano y tampoco en las de Darío. Son textos, que no tienen el prestigio literario por el que se le conocía al escritor, que no muestran su virtuosismo con la pluma, pero nos dicen lo que pensaban sobre muchos temas de una forma simple y directa. Estos textos por tanto, nos ayudan reconstruir una especie de biografía intelectual de su vida, particularidades de su recepción, y la insistencia de algunos temas. Por este motivo, en este artículo me interesa recuperar una entrevista que le hicieron a Rubén Darío cuando este vino a New York a finales de 1914. Es una entrevista en que el poeta habla de su relación con la literatura norteamericana del momento, y sobre todo, de un tema que fue una obsesión en la época para muchos modernistas: el feminismo y la nueva mujer, que como decía Martí, era “demasiado viril”.

En muchos de los textos modernistas esta mujer aparece la eterna rival del hombre, aquella a la quien debía temer, y de la cual debía protegerse para no sucumbir ante sus garras o deseos.  Los poetas modernistas, decía Robert Glickman, se auto-describían como “esclavos” y describían a las mujeres como “reinas” cuando en verdad eran ellos quien tenían el control y el poder en la relación, y relegaban al sexo opuesto a una posición subalterna y dependiente. Esto es lo que Glickman llamaba “las vestales del templo”, o el ángel del hogar, que más bien era una cárcel de la cual la mujer no podía salir. Según este critico el feminismo sufrió números obstáculos en Hispanoamérica por tres motivos. El primero, por ser una filosofía importada de Inglaterra, Francia, Alemania y los Estados Unidos. Segundo, porque el progreso en Hispanoamérica no fue lo bastante rápido como para obligar a las “vestales” a buscar trabajo fuera de la casa y mantenerse de esta forma por sus propios medios. Y finalmente, porque el feminismo que prevaleció fue el que le exigía a la mujer que se preparara mejor “para desempeñar cumplidamente los deberes de su sexo” (xxxv-xxxvi).

Esto significaba que la mujer debía instruirse para educar mejor a sus hijos, y compartir los mismos gustos que el esposo. Martí en numerosas crónicas de La Nación de Buenos Aires, habla de la “nueva mujer” del papel activo que toma en la vida política norteamericana, ya sea a favor de un partido político o tratando de mejorar la posición de los indígenas y los obreros, como era el caso de la escritora Helen Hunt Jackson (1830-1835). Pero muchas veces hay en sus escritos una especie de resquemor ante esta mujer, que Martí consideraba “demasiado viril’ para su gusto. El caso de Darío no es muy diferente. Según Luis Sainz de Medrano, en “Rubén Darío ante la crisis europea de su tiempo” Darío tuvo una “reacción injusta y unilateral” ante el movimiento feminista que recorría Europa entre finales del siglo XIX y principios del XX (50). En al menos dos artículos, Darío se muestra duro con las feministas, recurriendo a los estereotipos que muchos en su época recurrían para referirse a ellas. En el titulado “¡Estas mujeres!, que apareció en su libro Todo al vuelo (1912), el nicaragüense describe a las feministas francesas como ‘viejas” “todas feas”, y “jamonas”, y critica los “escándalos, ya groseros, ya cómicos, de las sufragistas británicas” (550). Para él estaba bien que hubiera mujeres que se distinguieran en lo que hacían, Sarah Bernhardt o Madam Curie, “pero estas marivarones” dice, tratando de suavizar la palabra, “merecen el escarmiento” (550). 

Su crítica principal se enfoca en aquellas que buscaban tomar una posición política, en las alcandías, las diputaciones o el senado. “Ello pasa de aristofanesco” dice (551) y después de citar unas palabras del escritor M. Balby afirma que por suerte las mujeres que buscan cambiar las cosas son como las que había descrito antes, “las demás mujeres, de belleza y de gracia, seguirán ejerciendo el único ministerio que la ley de la vida ha señalado para ellas: el amor en el hogar o el amor en la libertad” (552). ¿Es posible entonces que Darío cambiara de opinión sobre este tema?

Un artículo publicado en el New York Tribune, el 8 de febrero de 1915 nos dice otra cosa. El artículo, que es en realidad el resumen de una entrevista que le hace una reportera a Darío, apareció bajo el cintillo general de “woman’s varied interests”; entre los que estaban un nuevo corte de blusa, una noticia sobre el estado de las escuelas públicas en New York, noticias sobre el sufragio femenino, y un artículo de como cultivar un bonsái. Entre todas estas noticias sobresale, sin embargo, la de Darío que lleva el sobrecogedor título de “Latin poet suggests an international thought exchange to help Spanish women free themselves”. El título de la crónica de por sí nos indica que Darío, cuya foto hecha en los estudios de Sarony preside el texto con un rostro severo, llamaba a la acción para mejorar los derechos de la mujer en España.

Frances England, quien escribe esta crónica, al parecer tuvo acceso al poeta en el tiempo que este estuvo en New York en 1915, y le hizo varias preguntas, entre ellas, ¿qué pensaba de las mujeres en España? Darío, dice England, respondió que allá había cuatro o cinco mujeres que “estaban haciendo cosas”, pero que “no había mujeres sufragistas”, es decir, que se manifestaran a favor del sufragio femenino. Según Frances, Darío estaba “overwhelmed  at the activities of American woman, who, from the newspapers seem to be doing everything in this country” (5). Y ante el asombro de sus avances, dice la reportera, Darío no hacía más que repetir en francés “Elles son prodiges, prodiges”.

Esta frase en sí muestra cuan sorprendido se hallaba el poeta, quien según afirma el periódico se enteraba por primera vez que en los Estados Unidos había mujeres senadoras, juezas, alcaldes, e incluso policía. Darío, dice England, la escuchaba con un “intense interest” y que le llamó sobre todo la atención de que hubiera mujeres policías, “These policeman, do they wear uniforms and walks the streets?,” preguntó el nicaragüense y después de recibir una respuesta afirmativa, Frances le contó cómo esta mujeres trabajaban para el beneficio de los niños, y que Darío, moviendo la cabeza lentamente nuevamente murmuró “Ce son prodiges” (5). ¿Qué fue entonces del Darío que atacó con tanta virulencia a las feministas por buscar puestos públicos donde desempeñaran un poder político? Al juzgar por la entrevista, Darío ahora únicamente muestra su admiración por todo lo que hacían las mujeres en Norteamérica, y a su vez se manifiesta crítico de la forma en que supuestamente las antiguas tradiciones españolas impedían que las mujeres no hicieran lo mismo en España. Esto se ve en la explicación que según la periodista Darío le dio para justificar el que pocas mujeres estuvieran ‘haciendo algo” en la Península. Según el nicaragüense la razón era la herencia morisca que todavía podía apreciarse en muchas ocupaciones, en la arquitectura, las mosquitas, los alminares, el folklore, la literatura española y el estatus de la mujer. Después de lo cual, Frances cita un párrafo de lo que dijo Darío comparando las mujeres americanas con las españolas:

The woman of Spain know nothing of the liberty of your woman enjoy… they are guarded almost as carefully as the occupants of a harem. When they go out they wear veils and they are always attended by an old woman. After their marriage which is arranged by their parents, of course, the women have even less freedom. When I walked down the streets in Madrid I see the faces of woman peering out behind closed blinds. They are very far from this feminism you talk about in this country. With the exception of five or six, there are no woman among the intellectuals of Spain. (5)

En esta entrevista, por tanto, Darío retrata un panorama bastante lúgubre en España, donde la mujeres era dominadas por sus familias, los hombres eran los dueños de la arena pública, y las mujeres llevaban casi una vida de enclaustramiento similar a la de los países islámicos. La clave de este comportamiento, según Darío, no eran claro está, la resistencia que había puesto la sociedad patriarcal o los hombres de letra para que cambiaran las cosas. Era la historia, los años de dominación morisca que ejercían su dominio tiránico sobre el presente. En Hispanoamérica, sin embargo, el panorama era diferente advierte el poeta. En Nicaragua había “a broder life for woman” y era “more like the cities in the United States. . . Buenos Aires, for instance, is a little New York” (5). 

El artículo sigue contando sobre la importancia de Darío en el mundo hispano, las ediciones de sus libros, y el monumento que pensaban erigirle en Buenos Aires, tan grande como el de Georg Washington. Publica además una traducción al inglés (junto con la versión en español) de uno de sus poemas de Azul, “Springtime”, habla de la distinción que le había dado The Hispanic Society of America, y de la lectura que se suponía que hiciera en la Universidad de Columbia. Después de esto, Darío nuevamente toma la palabra y dice cuáles eran sus planes para después que abandonara New York: vivir en la finca de un amigo por un tiempo para terminar su novela, luego viajar a otros países del continente para crear “un  núcleo de hombres de letra” que vendrán a los Estados Unidos para conocer a los autores vivos que escribían en aquel momento. Afirma que conocía a Walt Whitman y a Edgar Allen Poe, que ya habían muerto, pero que no conocía a los vivos. El artículo termina, no obstante, con otra mención a las feministas.

Señor Dario added that it would be fine if the woman of these countries could exchange ideas with the woman of North America. “The woman here are all so capable, so efficient. And there are no fanatics as we read about in England. I admire them very much and I must confess my amazement is as great as my admiration.” (5)

Tales son entonces las respuestas de Darío y a juzgar por ellas, Darío se marchó de New York, convencido de que algo había que hacer para “liberar” a las españolas y organizar un grupo de escritores que vinieran a este país a conocer mejor su literatura. Sabemos que no hizo ninguna de las dos cosas, sobre todo porque murió un año después. No obstante, la entrevista, lo que dice de “nueva” mujer norteamericana y su “admiración” por ellas vale tomarse en cuenta cuando se hable de él en el contexto de lo que significaron estos cambios tanto en Hispanoamérica como en Europa. Termino agregando que por supuesto, no sabemos cuán verídico eran los planteamientos de Darío, si realmente llegó a pensar así o si hubo algo que se perdió en la traducción. No sabemos tampoco si Darío presionado por tantas razones trató de ser gentil y no ofender a otra feminista. De una cosa sin embargo podemos estar seguros y es que la imagen de Darío que llegaron a tener las lectoras de este periódico, debió ser muy favorable y no dudo que por esto se haya ganado también algunas de ellas.

Jorge Camacho
University of South Carolina

Obras citadas

Camacho, Jorge. “We are an army of light” / “somos un ejército de luz y nada prevalecerá contra nosotros: José Martí and the American News Press. La Habana elegante. Noviembre 2006.
 http://www.habanaelegante.com/Archivo_Marti/Marti_CamachoRipoll.html
 
Darío, Rubén. Obras Completas. vol. II. Madrid: Afrodisio Aguado, 1950.

England, Frances.  “Latin poet suggests an international thought exchange to help Spanish women free themselves” New York Tribune, Feb 8, 1915. p.5

Glickman, Robert. Vestales del Templo azul: notas sobre el feminismo hispanoamericano en la e?poca modernista. Toronto: Canadian Academy of the Arts, 1996.

Sainz de Medrano, Luis. “Rubén Darío ante la crisis europea de su tiempo.” Rubén Darío y el arte de la  prosa: ensayo, retratos y alegorías.  Ed. Cristóbal Cuevas García.  Málaga: Congreso de la Literatura Española Contemporánea, 1998.  31-54.  

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