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Esoterismo y modernismo en Darío

26 04 2012

Edith Marsiglia

La presencia del esoterismo en la poética modernista en general y, en “El Coloquio de los Centauros” en particular, ha sido motivo de estudio de varios críticos  interesados en el tema. En este específico trabajo, Frans van den Broek,  utiliza el marco teórico propuesto por Antoine Faivre para analizar el poema dariano.

Entre las matrices conceptuales a las que alude el crítico nos interesa detenernos en las que Faivre define como «correspondencias», «naturaleza viviente» e «imaginación y mediación». La primera se refiere a la interrelación que existiría entre todos los elementos del Universo. La segunda matriz alude a la idea de que la naturaleza tiene alma y de que todos sus componentes tienen vida. Por último, el mundo imaginario sería esa dimensión intermedia entre la realidad material y el mundo de las ideas, se trataría del mundo de las ideas materializadas a través de los símbolos y regido por las leyes de la correspondencia. 

Desde el inicio, el poema presenta un paisaje mítico que responde a una concepción esotérica de la existencia. Algunos de los temas que aquí aparecen podrían adquirir su significado dentro de este marco de significación. La «isla» es un símbolo mítico recurrente que refiere, entre sus muchas connotaciones, al centro espiritual primordial. El «centauro» es un símbolo dual que encarna lo divino y lo mundano.  El «viaje» es un componente central en la metafísica esotérica, se trata del viaje de retorno a la Unidad de los orígenes que se representa como Padre o Fuente original, o como tierra, patria u hogar. En este viaje, el instrumento que permite la apertura de la visión, el ingreso al mundo imaginario, estaría representado en el poema por el «ensueño». Otros símbolos duales son el «tritón» y la «sirena», seres de mar y de tierra, de aire y de agua.

En otro orden de cosas, el crítico alude a la transmisión como una de las premisas fundamentales del esoterismo y, en esta dirección, Quirón asume un rol de relevancia como maestro de la humanidad, encarnación simbólica de la sabiduría y elemento de unión entre lo divino y lo humano encarnado en su naturaleza dual. Cabe recordar, al respecto, el modo en que Reto se dirige al “Padre y Maestro excelso”: “Eres la fuente sana/de la verdad que busca la triste raza humana” (7).

La «naturaleza» es otro de los temas del poema que puede asumir significación dentro del marco interpretativo esotérico. Abantes la invoca: “Himnos a la sagrada Naturaleza… universal resumen/de la suprema fuerza, de la virtud del Numen”. La Naturaleza sería una manifestación de lo divino y de acuerdo con el principio de correspondencia y jerarquía cósmica, “todo está, de una u otra forma, interconectado, y la serie de hipóstasis, o manifestaciones de la Esencia, es, en principio, infinita. La imagen de la Naturaleza que de estos axiomas emerge es la de una realidad compleja, plural y jerárquica” (9).   En este contexto, el rol del artista sería el de develar el significado oculto de las cosas a través de la codificación simbólica: “¡Himnos! Las cosas tienen un ser vital: las cosas/tienen raros aspectos, miradas misteriosas; /toda forma es un gesto, una cifra, un enigma… /el vate, el sacerdote, suele oír el acento/ desconocido; a veces enuncia el vago viento/un misterio…” (11).

Por último, es pertinente mencionar otro tema que ocupa un espacio primordial en esta suerte de cosmogonía que es este poema, se trata de la «mujer». Quirón relata el nacimiento de Venus, que representaría la dimensión femenina de la Divinidad y, el resto de los centauros, incluyendo la centauresa Hipea, se explayan sobre el asunto. Se deriva una imagen ambivalente de la mujer, en la mayoría de los casos negativa a excepción de lo expuesto por el Maestro, ella es portadora de lo sublime y de la muerte  al mismo tiempo. En este sentido, puede ser esclarecedora la afirmación de Quirón: “Por suma ley, un día llegará el himeneo/que el soñador aguarda: Cinis será Ceneo” (19). El mito al que se alude aquí, recuerda la transmutación de lo femenino en masculino, vehicula la idea de la unión de los contrarios como vía para llegar a la Unidad primordial. El «himeneo», el tema del «matrimonio sagrado» así como el del «andrógino», son símbolos que han sido citados a lo largo de todos los tiempos y culturas y que insisten sobre la reunión de lo fragmentario como modo de regresar, como decíamos, a la Unidad de los orígenes.

El coloquio concluye, según Broek, con el tema de la muerte, que asume también un carácter dual: “terrorífica y dulce, temida y deseada” (22).

El poema vuelve, como es de esperar en un texto de estructura indudablemente circular, al inicio, se retoma el movimiento “y por el llano extenso van en tropel sonoro/los Centauros, y al paso, tiembla la Isla de Oro”.   

El exhaustivo análisis de Broek es un fascinante instrumento para abordar no solo la lectura del “Coloquio de los Centauros” sino el resto de la obra dariana. El lector encontrará en el mismo una exposición del marco teórico de análisis que fundan el rigor del mismo.

Frans van den Broek Chávez. “El ‘Coloquio de los centauros’ de Rubén Darío: esoterismo y modernismo”. Espéculo: Revista de estudios literarios. 32 (2006). 

Edith Marsiglia, Arizona State University.

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