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Juan Mir y Noguera, crítico antimodernista (1908)

9 05 2011

En 1908, el Padre Juan Mir y Noguera (1840-1917) publicó en dos volúmenes su documentada obra Prontuario de hispanismo y barbarismo, en la editorial madrileña Sáenz de Jubera, 1908.

En el segundo de esos volúmenes dedicó algunas páginas a atacar duramente al Modernismo como “endiablada jerigonza de imágenes estrafalarias, de metáforas indigestas, de epítetos impropios, de decir enrevesado, de culteranismo ridículo y extravagante”.

Ofrecemos aquí un extracto de dicho ataque como prueba de la virulencia que todavía en 1908 se daba contra los modernistas, confundidos a menudo en su labor literaria con toda la polémica del Modernismo teológico o religioso. Este documento de Mir y Noguera forma parte de un amplio corpus antimodernista, plagado de sátiras y parodias, aspecto al que dedicamos un espacio particular en cada número de Magazine Modernista. En 1908 Juan Mir y Noguera afirmaba sin reparos del Modernismo y sus autores:

“Damos aquí el apodo de modernismo á la desenfrenada libertad de hablar y escribir que reina en nuestros días, sin sujeción á leyes de lenguaje español. Si por vista de ojos no lo viéramos, apenas habríamos creído que hombres de alguna instrucción hubiesen dado con la vergüenza al traste, hasta el punto de quebrantar los fueros del habla, sin tener consideración á sentido de vocablos, á reglas gramaticales, á documentos de retórica, á rudimentos elementales de castellana elocución. Lo antes asentado sobre Barbarismo y Galicismo, sobre el Lenguaje moderno y lo que del Quijotismo queda por decir, no basta para entender los atropellos del Modernismo en su endiablada jerigonza de imágenes estrafalarias, de metáforas indigestas, de epítetos impropios, de decir enrevesado, de culteranismo ridículo y extravagante. Traslademos algunos retazos en prueba de que no hablamos de gracia; ellos por sí díganlo y convenzan. […]

El curioso que anhele verificar la exacta copia de los textos aquí trasladados, podrá acudir á los señores Federico García Sanchis, Rubén Darío, Baldomero Argente, Francisco Camba, Mauricio López Robert, Zayas, Santos Chocano, Qiges Aparicio, Salvador Rueda, Cristóbal de Castro, Azorín, Unamuno, y algunos otros, á cuya buena fe tocará dar cuenta cabal de la autenticidad de los escritos. En los más de ellos campea el anticlericalismo arrebolado de extravagante cultura. En ésta ciframos aquí el Modernismo literario, pues la irreligión de todos tiempos fue; pero la cultura del lenguaje en escritores que seprecian de gallardo estilo, de frase lozana, de viva dicción, nos convida á contemplar despacio su obra. ¿Qué vemos en ella sino mucho garrular, poco acertar? Tinieblas de sentidos que se les antojan luces, locuras rematadas que se adoran cual discreciones, osadías sin término que se reputan valentías, metáforas traídas por los cabellos, vocablos que nunca fueron españoles, discordancias gramaticales reprensibles en niños de escuela, adjetivos desconcertados, substantivos incoherentes, verbos inventados á tontas y á locas, ridiculez de conceptos, equivocación de significados, frenesí de construcciones, poesía sin estro, prosa desatinada, follaje engañoso, arrogancia, en fin, ostentación, fausto de escribir á lo moderno, con desdeñosa burla de lo antiguo.

Porque en esto tiene librado el Modernismo su mérito, en desmandarse contra la antigüedad, escarneciendo con fisga de la bien asentada reputación de nuestros poetas y prosistas clásicos. Un modernista se atreve á estampar este baldón: “En España están emponzoñados los manantiales de vida, porque sólo reinaron en ella el espíritu rutinario, el apego á la tradición, la esclavitud de la fe.—Sólo de higos á brevas me encuentro con un nuevo tropo, con una metáfora fresca, recién, nacida y bien metida en carnes, pues que la puesia española es un erial calcinado por un sol de fuego y en que sólo se alzan cardos y chumberas”.

Semejantes bufidos de toro jarameño muestran la saña furiosa de los modernistas que, sin ellos tal vez sentirlo, corren cerrados los ojos tras el desapoderado apetito de sus devaneos, para clavar sus puntas en la venerable antigüedad contra razón y justicia. El descoco de la desollada licencia reconocen por consejero único de su alocada bachillería. ¿Es mucho que el Modernismo, torcida la cara al decir de los clásicos, mirada con aire de desprecio el habla castiza, prestados oídos á las filaterías del desenfreno, respire soplos de verbosidad indigesta, lance en los oídos espadañadas de inmundicia, arroje por boca y pluma palabrería estrafalaria, incoherencia de construcciones, liviandad de sentencias, chocarrería picante, algarabía de voces, terminología inculta, fraseología agreste, lenguaje, en fin, nunca oído, paja todo, charla todo, sin ciencia ni erudición, fantástico, insulso, impropio, embutido de incorrección y barbarismo, cual behetría de alarbes?

A esta indeclinable calamidad había de venir á parar el desdeñoso menosprecio de la lengua española. No son los ingenios de los actuales españoles para andarse á solas por esos riscos en busca de nuevo lenguaje; traza para corromper el antiguo, eso sí, no les ha faltado, por desgracia, como sea más hacedero destruir que edificar. Siguiendo sus quimeras de trabucarlo todo, con ello saldrán si Dios no pone la mano. A los sectarios amigos de la malhadada libertad agréganse algunos católicos menos remirados en conservar el habla tradicional. Por esta parte el Modernismo halló quien, haciéndole espaldas, le ayudara á sustentar su señorío á costa del castizo lenguaje. En el día de hoy apenas se imprime página de escritor católico donde no hagan el primer papel las palabras desligar, entu- tasiasmo, entusiasmar, organizar, resultado, aparecer, llamar la atención, surgir, indiscutible, figurar, producirse, por completo, buen sentido, humanidad, resultar, lujos de espíritu, marcar, consignar, realizar, precisar, tomar la palabra, de todos modos, ser víctima, el porvenir, distinguido, pretencioso, atacar, comprender, colosal, emoción, expansionarse, misión, fijarse, excéntrico, en absoluto, por lo demás, y otras zarandajas á este tono, ignoradas de los clásicos, por ajenas del habla castiza. Con este fárrago de barbarismos y galicismos gitanean y hacen la mamola al Modernismo muchos católicos escritores de hoy pasándole por el cerro la blanda mano, como que le hiciesen cocos para tener más entretenidos y asentados en su porfía á los modernistas crudos, que no pararán hasta hacer de la lengua jigote.

Vean sino qué linaje de locuciones he leído en un librillo de este año. Las familias llámanse células del cuerpo social; el cementerio dícese región funeraria; la botica apellídase dispensario médico; el conocimiento, perfecta visión de ¡a realidad; el entender, mentalidad; el obrar, salir de la cuadrícula Y del molde; el sacudir el ocio intitúlase salir de la inmanencia y del automatismo; la ociosidad denominase abstencionismo sistemático; la vida devota, pietismo y funcionarismo mecánico; el tratar familiarmente tómase por contagiar y sugestionar; la vida de poca actividad se apoda organización de puro formulismo, por no mencionar el entusiasmo de los éxitos, la religión de los heroísmos, la elocuencia de los éxitos, el conquistar simpatías, la elevación de los pobres, el desplegar energías, y otras muchas maneras de hablar, tan recónditas como inelegantes, empleadas por el modernista católico á trueque de no andar atado al lenguaje tradicional castellano.[…]

Las libertades del modernismo no son extravagancias comoquiera, comparables con las de los gongoristas del siglo Xvii, sino de más negra estofa, de condición ultra estrafalaria, nunca vista desde que se asentaron los fueros de la lengua castellana. Porque si los gongoristas se arrojaban apasionadamente á metáforas violentas, á hipérboles alambicadas, á hinchazones ridiculas, á pensamientos enigmáticos, á decires encrespados y tenebrosos, mas al fin guardaban el debido respeto á la lengua cuanto al empleo de voces castizas; pero la corrupción del deslavado Modernismo llega hasta las entrañas mismas de la lengua, cuya gramática trastorna, cuyas leyes deja burladas, cuyos modismos adultera, cuyas frases suple con otras desatinadas impropias del castizo romance, de manera que su extravagancia más se manifiesta en la impropiedad que en la novedad de las voces. Si recelaron algunos que el gongorismo iba á ser la ruina total de nuestra literatura, con más eficacia de razón podemos temer que el actual Modernismo dejará agostada toda flor en el jardín del castizo romance”.

Mir y Noguera, Juan. Prontuario de hispanismo y barbarismo. Madrid: Sáenz de Jubera, 1908. 2 vols. “Modernismo”. Vol. 2. Págs. 243-249.

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