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Ángeles Vicente, escritora modernista olvidada

9 05 2011

Francisco J. Díez de Revenga

Ángeles Vicente es una escritora española olvidada. Nacida en Murcia en 1878, surge desde lo más profundo de los abismos de las bibliotecas para mostrarnos una obra literaria singular. Ángeles Vicente deja pocos rastros de su biografía. Sabemos que marchó a Argentina siendo niña y que allí reside hasta 1906, fecha en que regresa a Madrid, se casa y publica dos novelas y dos colecciones de cuentos. En 1910 perdemos su rastro biográfico y ya nada sabemos de ella.

Y es que, en efecto, conocemos muy poco de la escritora pero sí sabemos que, en 1909, publicó en Madrid, su novela Zezé, editada nuevamente, en la colección Rescatados Lengua de Trapo, con amplio estudio preliminar por la profesora de la Universidad Complutense Ángela Ena Bordonada [1], quien ha dedicado, en los últimos años, numerosos esfuerzos para dar a conocer a esta escritora olvidada y editar sus escasas obras narrativas. La novela Zezé relata la historia de la vida de una cupletista, contada por ella misma en un viaje en vapor nocturno entre Buenos Aires y Montevideo, a una viajera que sin duda es trasunto de la novelista, ya que confiesa haber nacido en Murcia y vive en la Argentina, exactamente lo que ocurrió con la propia Ángeles Vicente, emigrante a Sudamérica y que, a su regreso a Madrid, colaboró en numerosas revistas publicando algunos de sus relatos, que también recogió en libros como Los buitres o Sombras. Cuentos psíquicos.

Interesa, desde luego, esta novela por numerosas razones. Por las condiciones del género adoptado, enraizado tanto con la novela picaresca clásica como con la novela contemporánea y muy característica de aquellos años, «novela de internado», ya que, en efecto, una parte del desarrollo del relato trascurre en un colegio de monjas. Pero lo que más llama la atención es el importante componente erótico de la novela, que relata, según asegura Ángela Ena, por primera vez en la literatura española y por obra de una escritora, diversas experiencias sexuales explícitas entre mujeres, en este caso concreto entre internas adolescentes en un colegio de monjitas. Incluso se relata también la dependencia o preferencia de la protagonista hacia una de las religiosas. Posteriormente, nuevas experiencias eróticas, ya en la primera madurez, provocarán insólitas descripciones del amor entre mujeres. El género, desde luego, ya existía en la abundante novela erótica de aquellas primeras décadas del siglo pasado, pero siempre relatado desde la perspectiva del narrador masculino, muchas veces hiperbólica e irónica, cuando no grotesca.

La actitud insólita de Ángeles Vicente y las descripciones de sensaciones muy íntimas experimentadas por la protagonista, y relatadas con toda clase de detalles fisiológicos, nos conduce a una interpretación en clave femenina de esta novela, en la que, además de las señaladas experiencias eróticas, se describe un lento y duro proceso de liberación de la mujer. Desde el punto de vista literario se comienza a desarrollar éste proceso en los países más avanzados de Europa, y, en particular, entre las escritoras del París de aquellos años (Colette, Gertrude Stein, Edith Wharton, Natalie Barney, entre otras muchas), que tanto habrían de influir en las primeras promociones de mujeres escritoras en España.

Dejando a un lado lo anecdótico de los distintos episodios eróticos que esta novela contiene, debemos situar a su autora como una de las avanzadas de la primera promoción de mujeres literatas del siglo XX, en el que se abrirían camino otras muchas como Carmen de Burgos Colombine, María Lejárraga, María Teresa León, Concha Méndez, María de Maeztu, Victoria Kent, Zenobia Camprubí, María Goyri y tantas otras que llenaron con su luz toda una época de España, tan interesante como injustamente olvidada. Ángela Ena lo explica muy bien en su estudio preliminar, desde el momento en que nos propone que hemos de entender la novela toda como el reflejo de una constante lucha de la protagonista  por su liberación, lo que la incansable Zezé sólo logra conseguir haciéndose cupletista, que es como la encontramos los lectores al comienzo del relato, momento en el que se dispone a contar su vida a la mismísima Ángeles Vicente, viajera en su mismo camarote, mujer moderna, cosmopolita y sin prejuicios contra la condición o el oficio de su interlocutora.

Hay que destacar algunas cualidades de Ángeles Vicente como novelista. Sin ser un relato extraordinario, Zezé sobresale por su calidad de estilo, su natural elegancia, su amenidad y, desde luego, por su hábil empleo de los materiales argumentales que van suministrándose y sucediéndose con evidente acierto. Sin duda, contribuye a todo ello, algo que ya señalaron los contemporáneos de Ángeles Vicente, y en concreto el novelista Felipe Trigo, que prologó uno de sus libros: se trataba de una mujer muy instruida y que había vivido en Hispanoamérica, por lo que conocía el mundo. Se codeó con los escritores más importantes de su tiempo (entre ellos, el gran Rubén Darío), y publicó en las revistas literarias más exigentes de aquellos años.

No conocemos mucho más de la escritora ni sabemos de sus últimos pasos. Desaparece del censo de habitantes de Madrid mediados los años veinte. En Granada, en 1929, todavía publica algún cuento, pero después no queda ningún rastro de ella. Ángela Ena continúa las investigaciones sobre Ángeles Vicente mientras reedita otros libros suyos, y, sin duda, nos ofrecerá en el futuro nuevos datos sobre esta atractiva escritora, cuya recuperación tanto celebramos.

Tras la reedición de su novela Zezé, en la que muestra dotes de originalidad poco frecuentes en su tiempo, publicó la Editora Regional de Murcia, con muy buen criterio, su colección de cuentos Los buitres, de 1908. [2] Pero no está mal que, en España, y dentro de los afanes recuperadores de la Editora Regional de Murcia, se dé a conocer esta colección de cuentos, precedida de nuevo por un extenso y documentado prólogo de la profesora Ena Bordonada, especialista en literatura de entresiglos y descubridora de otras escritoras muy olvidadas.

La profesora Ena muestra en su estudio preliminar natural entusiasmo por esta peregrina escritora, lo que justifica no sólo su detenimiento y dedicación sino la clasificación de los cuentos en atención a sus rasgos genéricos y la formulación detalladas de aquellos aspectos que le resultan más novedosos en su narrativa completa: ideas innovadoras, presencia de la literatura fantástica y del relato espiritualista, ficción científica y fuerte censura social, como defensora de los derechos de la mujer, de su libertad y de su protagonismo erótico desconocido en la literatura de su tiempo, y menos surgido de la pluma de una mujer.

La colección de Los buitres, compuesta de doce narraciones muy breves, recoge algunas de tales características, a las que se une la variedad de temas, tonos y registros narrativos, aunque sin especiales novedades técnicas, ya que en estos cuentos están plenamente adscritos a lo habitual en la literatura de su tiempo. No ocurre así con los argumentos, y en este sentido destaca el relato «Historia del automóvil», que recoge en primera persona la narración de un accidente de carretera sucedido momentos antes de iniciarse el relato, cuyo narrador protagonista es el automóvil. Velocidad y desenfreno en los personajes que en él viajan, y que les conduce a un accidentado y fatal desenlace.

Algunos de estos relatos pueden ser integrados en una especialidad que en aquellos años primeros del siglo se imponía en las letras del momento: la literatura fantástica y de terror, a la que podemos adscribir cuentos como «Los buitres», «La trenza», «Cuento absurdo», en donde se pone de manifiesto las ideas libertarias de su protagonista, y el cuento que cierra la colección, «El cadáver», en el que la ciencia médica, el adulterio y la venganza confluyen en un relato intrínsecamente perverso, que nos sorprende aún más por estar escrito por una mujer y de aquellos lejanos y remotos años.

Hay aspectos sobresalientes en estos cuentos, y muy acordes con formas y procesos literarios muy de su tiempo. Por ejemplo: la presencia del donjuanismo, aunque ya en una versión muy crítica y censurada. Nos informa Ena Bordonada de que en otra colección de cuentos de la autora, ésta ya había abordado el mito de Don Juan. Lo había hecho en su libro Sombras, y en concreto en el relato titulado «La última aventura de Don Juan», donde se evidencia la derrota y el fracaso del personaje, como ocurre exactamente también en el relato de esta colección, titulado muy significativamente «La derrota de don Juan», interesante aportación a la desintegración del mito. También en el cuento «Una extraña aventura», el donjuán parece, entre alucinaciones, visiones de aparecidos y fantasmas, confundido, ridiculizado y sometido a la mujer, por cierto una dama libre de prejuicios morales que se entrega abiertamente al hombre rechazándolo después por haberlo confundido con otro.

Señala Ángela Ena que resulta significativo que de los doce cuentos reunidos en este libro, cuatro tienen a un científico como protagonista, otro a un estudiante de Medicina, mientras que el mundo de la enfermedad y de los experimentos médicos es el asunto de otro de los relatos, también con un médico entre sus personajes. Lo que unido a aquellos que, desde la temática fantástica, tratan temas seudo científicos o de ciencia ficción, pone de relieve el afán de modernidad que impulsaba a esta escritora tan avanzada entre los autores de su tiempo. Sin duda, se trata de un acierto este rescate, porque ha reunido doce relatos bien construidos que nos han mostrado la imagen de una escritora muy avanzada para su tiempo, olvidada sin embargo durante casi un siglo.

Y, del mismo modo, un tercer libro de esta escritora de comienzos del siglo pasado, ha sido rescatado del olvido al aparecer editado también con un amplio estudio preliminar de la profesora Ena Bordonada. Se trata de Sombras. Cuentos psíquicos, [3] que dio a conocer en la editorial Lengua de Trapo de Madrid, en su colección de «Rescatados».

Como sabemos, tras su regreso a España, Ángeles Vicente da a conocer algunas de sus obras, textos en los que muestra una clara preferencia por el relato psíquico de carácter espiritista, con importante presencia de la censura social, del mismo estilo que había caracterizado su mejor  novela,  Zezé, en la que había relatado un  episodio erótico femenino nada usual en la literatura de su época, y menos aún escrito por una mujer. Ángeles Vicente se convierte por ello en una auténtica pionera en el tratamiento de algunos temas que estaban vedados para la mujer, sobre todo los relacionados con la sexualidad femenina, vista justamente desde la óptica no del hombre, encenagado en la novela erótica tan abundante en la época, sino desde la perspectiva directa y sana de la propia mujer.

Los cuentos que reúne en el libro Sombras están muy en consonancia con cierta literatura de la época, ya que en ellos Ángeles Vicente emprende una serie de historias que bordean los límites del conocimiento dado que en sus relatos aparecen inexplicables fenómenos psíquicos y  procesos mentales al margen de la ciencia de su tiempo. Si a esto se une la constante crítica de la sociedad y las costumbres de su época, el hábil manejo de la intriga, la presencia de lo sobrenatural y las alucinantes representaciones de los estados patológicos de la mente, se advertirá el interés y la calidad de las aportaciones de la novelista murciana a los territorios de la literatura fantástica, poco frecuentados en España.

Sombras colecciona catorce relatos. Fue publicado, por primera vez, por la Librería de Fernando Fe posiblemente en 1910. Aquella primera edición destaca por su cuidado editorial. En la portada lucía un dibujo de Bianqui que representaba a una mujer desnuda sobre un fondo de tinieblas, con el rostro medio cubierto por un velo que, desde la cabeza desciende por el cuerpo con un atractivo movimiento muy sugerente y seductor, mientras al fondo aparece una amenazante araña, producto muy característico de la ilustración gráfica de la época, vinculada a la estética simbolista o modernista, y evidentemente provocador. Como señala Ángela Ena, «hay aquí una referencia directa al contenido del cuento «Sombras» que da título al libro: una mujer, entre las sombras del delirio onírico, hundida en una depresión que, tomando forma de araña monstruosa, terminará devorándola».

Entrando en los propios cuentos, hay que destacar en primer lugar que la autora murciana mantiene en esta colección algunas de las notas que definen su estilo y que ya se habían puesto de manifiesto en la novela y en los cuentos anteriormente publicados. Sus relatos, muy de época, tratan de asuntos cotidianos, aunque en esta colección está muy presente todo lo que se relaciona con lo sobrenatural, con los fenómenos psíquicos, con el espiritismo, con lo inexplicable de ciertos prodigios. Aunque, como advierte Ángela Ena Bordonada, «hay que señalar la ambigüedad que el término «psíquico» tiene en el uso que Ángeles Vicente hace de él, reflejo de la confusión terminológica registrada en su tiempo, que se muestra ya en el mismo subtítulo, Cuentos psíquicos, en un libro como Sombras donde los estados mentales se funden con las experiencias espiritistas, amén de las críticas sociales. Y, efectivamente, considera «psíquico» cualquier fenómeno que opere sobre la mente, ya sea de orden lógico o psicológico, fisiológico o sobrenatural.» 

También están presentes, aunque en menor medida que en los textos anteriores, los aspectos sociales, que se ponen de relieve en las representaciones, por ejemplo, del mundo de la mina, de las detenciones y la cárcel, los malos tratos de las fuerzas del orden, del anticlericalismo, etc., mientras se entusiasma ante el progreso, los avances de la ciencia y la tecnología. En menor medida también, está presente en la colección el feminismo y la censura de las malas costumbres masculinas, en especial el donjunaismo, que ya fue censurado en alguna de sus obras anteriores.

En conjunto, esta nueva recuperación o rescate de la escritora murciana, supone una buena ocasión para volver sobre la autora, peregrino y solitario personaje femenino que, sin embargo, se codeó con los escritores de su tiempo, publicó relatos en revistas reservadas para hombres, y compitió, con sus ingeniosas creaciones relativamente reivindicativas, en un mundo muy conservador en ese momento en España, dominado por los escritores-hombres,  ante los que las creaciones de Ángeles Vicente, ciertamente provocadoras, debían de producir poca desazón e inquietud. Ya que lo cierto es que la escritora murciana fue al más absoluto de los olvidos, mientras sus oponentes masculinos pasaron a la posteridad. La historia juega estas malas pasadas de vez en cuando.

Francisco J. Díez de Revenga. Universidad de Murcia

Notas

[1] Ángeles Vicente, Zezé, estudio preliminar de Ángela Ena Bordonada, Madrid, Lengua de Trapo, 2005.

[2] Ángeles Vicente, Los buitres, estudio preliminar de Ángela Ena Bordonada, Murcia, Editora Regional de Murcia, 2006. 

[3] Ángeles Vicente, Sombras. Cuentos psíquicos, estudio preliminar de Ángela Ena Bordonada, Madrid, Lengua de Trapo, 2007.

 

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