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Manuel Paso ilumina con sus lunas amarillas a J.R. Jiménez

12 11 2010

JUANA MURILLO RUBIO. Pese a los escasos trabajos sobre el periodista, dramaturgo y poeta andaluz Manuel Paso Cano (1864-1901), su obra merece rescatarse porsu valor y porque sirvió como uno de los modelos poéticos de Juan R. Jiménez.

En los últimos años la crítica sobre la literatura finisecular, y en especial el modernismo español, le ha prestado una mayor atención a algunos autores olvidados, como es el caso de Manuel Paso (Granada, 1864-Madrid-1901). (1)

Juan Ramón Jiménez, diecisiete años más joven que él, llega a Madrid desde Moguer en 1900. Unos años antes lo había hecho Paso. En Granada, ciudad universitaria donde vive su juventud y donde comienza sus estudios de Filosofía y Letras, que decide abandonar para dedicarse a la literatura, fue redactor de El Universal, La Tribuna y El Defensor de Granada. En 1884 ya reside en la capital española, donde pronto se hizo un hueco en el mundillo literario madrileño. Le ayudó enormemente una velada celebrada ese mismo año en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en la cual su maestro Campoamor lo reveló ante el público y la crítica como un gran poeta. Dos años más tarde, en 1886, se prepara a publicar su primer libro de poemas titulado Nieblas. (2)

El año 1900, fecha de llegada de Juan Ramón a Madrid, es el año de la publicación del segundo libro del poeta de Granada: Páginas de Oro.(3)  J. R. Jiménez llega en abril con el proyecto de dar a conocer sus primeros escritos, aunados bajo el título de Nubes, y publicados posteriormente como Ninfeas y Almas de violeta, y se marcha en junio. En tan breve estancia entabló un estrecho contacto con los más conocidos literatos del momento; se hizo conocedor de la bohemia madrileña y frecuentó los más populares cafés y tertulias. Este ambiente le dio la oportunidad de conocer la obra de Manuel Paso. Sin embargo, casi con seguridad, podemos decir que Juan Ramón no lo conoció personalmente (4) ya que parece ser que el granadino no se encuentra en la capital en esas fechas. Regresa a finales de año, muy cerca de su triste final. Cuando Juan Ramón regresa a Madrid años más tarde, en 1902, Manuel Paso ya ha muerto.

A ambos autores les une un origen común, su Andalucía natal. A ambos una pronta vocación: la poesía. El contexto de la literatura finisecular con la aparición de las innovaciones modernistas describe el escenario en el que ambos escritores se dan a conocer en el panorama literario español.

Teniendo presentes estos antecedentes nos ocupamos en este artículo de la influencia de Manuel Paso que Juan Ramón Jiménez reconoce en su poesía

El poeta de Moguer recuerda, en su madurez, cómo ha mantenido una continua devoción lunar a lo largo de su trayectoria literaria:

“yo no estoy arrepentido de mi devoción lunar, ni de la de mi juventud ni de la siguiente. Al fin y al cabo, ¿qué dioses, qué diosa más cercana que esta luna del sol que se nos acerca, nos acompaña y nos sirve por mar y tierra, por vida y muerte con perseverancia y fidelidad de ausente amorosa?“(5).

Juan Ramón, niño, miraba por el cristal amarillo de su casa moguereña descubriendo todo un mundo de luz ante sus ojos. La poesía española del fin de siglo, en su carrera hacia una nueva forma de entender y expresar un mundo nuevo, el modernismo, se ve inmersa en una pugna cromática, en la que el amarillo compitió con el azul modernista.(6) Juan Ramón, haciéndose eco de las manifestaciones literarias contemporáneas pero imponiendo su genio personal, “impuso el amarillo” liberándolo de la calidad de siniestro que tuvo hasta entonces: “fue un amarillo liberador”.(7) Sin embargo en lo que se refiere a la luna no siempre es así, como veremos más adelante. En su poesía abundan los “lirios amarillos”, las “rosas amarillas”, los “cielos amarillos”…  Ambos términos, la luna y lo amarillo, se unen para dar forma a la figura estilística que más gustaba a Juan Ramón de Manuel Paso: las lunas amarillas, y que éste no hizo sino esbozar solamente en dos composiciones: los poemas Nieblas y Otoño. (8)

En los libros juanramonianos más tempranos podemos encontrarlas por ejemplo en:

Arias Tristes (1903),(9) “La otra tarde se ha llevado…”

He entreabierto mi ventana:

la luna camina muerta,

sin luz, sin besos ni lágrimas,

amarilla entre la niebla.

El escenario del poema se presenta con una ambientación otoñal:

Parece que están soñando

con sus pobres hojas secas;

yo les digo: no lloréis,

ya vendrán las hojas nuevas.

La luna amarilla de Manuel Paso, que reproducía J. Ramón recordando el poema Nieblas, también pone el color pálido a un ambiente entristecido por la llegada del invierno:

¡Ya pronto anochece!

¡Qué triste está el cielo!

El aire cimbrea los álamos secos;

Ya hay nieve en la cumbre del monte;

La luna amarilla

¡Se refleja en los campos desiertos! (Versos 1-7 de Nieblas II).

La sensación de melancolía, de inacción, de frío, se da en ambos poemas. Pero la predicción del invierno se adelanta con los primeros días del otoño. Parece que Verlaine asoma desde una esquina de estos otoños amarillos:

Ya apenas el ganado ramonea;

ya el campo fértil se tornó en ingrato;

ya ve el pastor al regresar del hato,

la luna que en el cielo amarillea. (Versos 9-12 de Otoño , de Manuel Paso, en Nieblas, (1902)).

R. Cardwell ve, también, en la descripción del ambiente en Nieblas I esos motivos que aparecen en las tardes otoñales del primer Juan Ramón: “In both of the eponymous poems of the collection we find themes, motifs and diction that are irresistible reminiscent of the autumnal evening mistiness of Jimenez’s early poems.” (10) Incluye los ejemplos sacados de la composición Nieblas.

Un año más tarde Juan Ramón publica Jardines Lejanos, (1904):

Hay bellezas íntimas y tenues en estas tardes de esplendor…; y la luna amarilla, y todo lo gris del cielo y de las sendas…“(11)

La tristeza hace embriagarse a la naturaleza porque Se está muriendo el otoño:

Y la triste claridad

de la luna amarillenta,

un ruiseñor llora dulces

preludios entre la niebla.(12)

En esta serie de composiciones el ambiente se envuelve en un halo de vaguedad, de niebla, ambientación preferida por Manuel Paso a la hora de retratar el desasosiego nocturno, trasunto de la angustia vital del poeta: flota un “humo blanco” en un “valle lóbrego“; la luna “amarilla entre la niebla“, “la luna amarillenta, // un ruiseñor llora dulces // preludios entre la niebla“. La luna “sin luz“, la luna con su “triste claridad“, producen en el lector la sensación de encontrarse en un escenario melancólico y misterioso, pero sobre todo, frío, pálido. La luna está pálida, es una muerta. El tópico literario de la amada muerta se sigue venerando poéticamente en este modernismo español que llega al regocijo estético en la descripción de lo patético. Hay poemas que se ambientan en tétricos escenarios, más o menos exóticos, construidos ya por los poetas románticos. El poema Nieblas es un ejemplo, también San Francisco de Borja de Manuel Paso.

Coinciden en el tono lánguido de estos poemas ambos autores, especialmente las primeras composiciones de J. R. Jiménez, como “Tristeza primaveral”:

¡Tengo una tristeza

dentro de mi alma…

¡siento unos deseos

de ahogarme en mis lágrimas…!

Cada vez que sueño

con aquellas tardes serenas y limpias,

en que me pedía llorando de pena que no la olvidara,

en que sonriendo feliz y tranquila,

clavando en mis ojos sus ojos ardiente, loca me besaba…

Yo tan sólo veo

aquel cementerio donde ella descansa…;

yo tan sólo veo aquella dulzura con que agonizaba,

aquellas pupilas que lloraban muertas,

aquella carita fría y azulada,

aquella sonrisa de inmensa amargura

entre los azahares de la caja blanca…!

¡yo tan sólo siento

aquel beso último empapado en lágrimas…! (13)

¡La noche me sigue                                                                   

Y el rayo me aguarda!

¡Qué noches me esperan                                                         

Tan tristes, tan largas!                                                             

Tengo un ánsia… ¡y un peso, y un frío!…

Parece que llevo

El cadáver de Rosa en el alma.  (Nieblas I)                                       

Esta predilección juanramoniana se había de extender a otros momentos literarios y vitales. Su libro Con el carbón del sol recopila algunas de las prosas que el poeta moguereño quiso reunir para hacer una edición de sus textos “no poéticos”. En él se encuentran las Primeras Prosas, fechadas entre 1895 y 1913. La balada, tan del gusto del fin de siglo, ocupa en este volumen un importante lugar. Entre las “Baladas para después” se encuentra la “Balada de la luna amarilla”:

¡Luna grande y amarilla!

Sobre la tapia del cementerio, Luna amarilla, que grande y redonda estás entre los pinos! Temblará tu oro en la lluvia de esta tarde y el humo del pastor te velará un momento en la colina.

¡Luna grande y amarilla!

¡Cielo verde… Luna de siemprevivas! Tú decoras tristemente el nuevo aniversario de mi corazón, esta noche de viento, de llovizna y de recuerdos sin consuelo.

¡Luna grande y amarilla! (14)

En su libro sobre el modernismo, Juan Ramón habla sobre su juventud literaria y nos da cuenta de sus influencias literarias:

“También leía a un poeta granadino, Manuel Paso, hoy injustamente olvidado, y de donde yo saqué mis lunas amarillas:

“… la luna amarilla

se refleja en los campos desiertos.”(15)

También le recuerda cuando contesta el de Moguer a Ricardo Gullón sobre aquellos autores que han sido olvidados, pero que sin embargo han sido decisivamente influyentes en la literatura de su época. Rescatando de su memoria algunos escritores olvidados, contesta:

 … Y de ninguna manera se puede olvidar a Manuel Paso, pues su libro Nieblas es el eslabón intermedio entre nosotros y los poetas a quienes llamo precursores: Rosalía y Bécquer. (16)

El crítico R. Cardwell afirma que Juan Ramón Jiménez estuvo en contacto con tres poetas del fin de siglo: J. A. Silva, Fco. A. de Icaza y Manuel Paso. Encuentra en los tres un mismo modelo que desarrolla en sus distintas producciones poéticas: la búsqueda de matices introspectivos, acompañados por una intuición angustiada, que continúan la línea intimista becqueriana en la expresión de los sentimientos del poeta. Encuentra una gran semejanza en temas, motivos y lenguaje en los dos poemas titulados Nieblas de M. Paso y la bruma otoñal de los primeros poemas de Juan Ramón Jiménez y señala una especial influencia del  granadino en Tarde gris y Paisaje del corazón: incluso bajo los detalles del planteamiento de la conversación.(17)

Cierra, cierra

los cristales. ¡Siento un yelo por el alma!

…¿Por qué, pálida, me besas?

¿Qué? ¿Qué quieres? ¿Que te bese?

… Deja, deja…

Mira el cielo ceniciento, mira el campo

inundado de tristeza. (18)

También el crítico señala la coincidencia de tratamiento en el regocijo en la muerte de la amada como  tópico literario:

Me abrasan tus manos,

Me hielan los besos

Que brotan tus labios

Violados y secos;

Qué pálida estás, vida mía!

¡Qué aprisa respiras!

No tan cerca… me quema tu aliento. (Versos 16-21 de Nieblas II)

Envolviendo este ambiente la luna está muerta, pálida:

¡Ya todo ha pasado

Como pasa un sueño!

La luna amarilla

se refleja en los campos desiertos. (Versos 62-68 de Nieblas II)

El dolor por la pérdida de la amada se intensifica en su expresión cuando Valle-Inclán (que nace veinte años antes de la publicación del primer libro de Manuel Paso, 1886,) publica su obra modernista por excelencia, Sonata de otoño (1902), donde el erotismo ha de ser válvula de escape del sentimiento negativo del amante.

El tiempo pasa y la poesía de Juan Ramón se va desnudando lentamente. El poeta intenta retratar el paisaje haciendo una Estampa de invierno en Poemas mágicos y dolientes (1911) donde el color es aún tenue pero se irá convirtiendo en dorado hasta conseguir una imagen surrealista del sol.

La tarde cae. El cielo

no tiene ningún dulzor. En el ocaso,

un vago resplandor amarillo

que casi no lo es. Lejos, en el campo

de cobre seco… (19)

La luminosidad va intensificándose y llega a una explosión de color y palabra en el poema Amanecer:

Parece que la aurora me da luz,

que estoy ahora naciendo,

delicado, ignorante, temeroso

como un niño” (20)

 El pesimismo del color amarillo se ha diluido dejando paso al calor que aporta el tono dorado:

“En el confuso despertar, su derramamiento amarillo sobre el agua es como si se hubiera exaltado hasta un oro máximo, hecho grito, estallido, resurrección, el derramamiento de diamante, alas blancas y platería que anoche, aquí mismo, esparcía la luna en el mar de acero.” (21)

La comparación se torna surrealista. Si bien señala la prudencia de la innovación con la utilización del primer término”parece”:

“Parece que el cielo se ha roto como un gran huevo fresco y que una yema sorprendente y nunca presumida cuelga por doquiera del inmenso cascarón;… 

La melancolía juvenil se torna en la vida de Juan Ramón en vivencia madrileña con su cambio de residencia. Después, el exilio. La pálida luna amarilla de J. Ramón se dora y después se intensifica cromáticamente. En Arias Otoñales:

Flota el humo blanco. El valle

se queda más solo y lóbrego.

Las esquilas lloran más,

bajo la luna de oro.” (22)

La labor crítica de Juan R. Jiménez también repasa la obra de Manuel Paso. En carta a José Luis Cano, Juan Ramón le aconseja que la antología que está preparando sobre poetas andaluces modernos debe empezar por Salvador Rueda, porque “la línea interior es mucho más importante que la del colorismo en la poesía andaluza“. Así, dice al poeta que comience por Bécquer y después continúe: “Entre Reina y Rueda, continuando la línea becqueriana, yo pondría a Manuel Paso, un granadino muy olvidado que nunca ha sido incluído en las antolojías, que yo sepa, y que es un hito verdadero entre Bécquer y mi jeneración. Busque usted su poema Nieblas, que podrá encontrar sin gran esfuerzo. (Se reprodujo mucho por los años 95-900). Después ya puede entrar Rueda, que fue muy amigo de Paso, a quien mi jeneración pudo conocer personalmente. De modo que mi línea para una antolojía andaluza contemporánea sería; Bécquer, Ferrán, si es andaluz de nacimiento, Rivas, Tassara, Reina, Paso, Rueda, Villaespesa, etc… ” (23).

Si Juan Ramón opinaba de este modo sobre la poesía de Manuel Paso, es lógico pensar que quizá otros elementos de su poesía pudieran haberle influido igualmente. Así lo piensa también R. Cardwell. En su libro Juan Ramón Jiménez: The Modernist Apprenticeship dedica unas  páginas al poeta granadino. (24) En ellas apunta que Juan Ramón Jiménez encontró algo más que las “Impressionist ‘lunas amarillas’ in Paso’s Nieblas.” (25) Esta conexión es fácilmente reconocible cuando Juan Ramón reconoce en Nocturnos: ” Libro monótono, lleno de luna y de tristeza. Si no existiera la luna no sé qué sería de los soñadores, pues de tal modo entra el rayo de luna en el ama triste, que, aunque la apena más, la inunda de consuelo: un consuelo lleno de lágrimas, como la luna...” (26)

“¡Cuántas veces brillando en lontananza

te besó el blanco rayo de la luna,” (Versos 77-78, del poema Zahara de Manuel Paso)

Pero la luna no sólo es el centro de inspiración de la noche andaluza, también es la que ilumina un escenario nocturno. El gusto por la noche en “Quimérica“:

“Hora santa del crepúsculo del sueño…

¡yo te adoro!;

Tú el altar has sido siempre en que mi alma

en silencio religioso

se ha postrado, con nostalgia de lo Eterno…”(27)

es comparable a “La Media Noche” del granadino:

“¡Fecundas horas del amor! ¡Divino

Intervalo de claras trasparencias!

Todo reposa en infinita calma;”

La noche es motivo y lugar de los distintos tipos que en ella se amparan.  Si bien en Juan Ramón el poema es una confesión más íntima, se relata lo que el poeta siente en el momento, Manuel Paso prefiere hacer un retrato de aquellos espectros que la pueblan, algunos como él mismo: borracho impenitente que aún busca un ideal. (28) Verso éste que nos recuerda el último verso del poema juanramoniano “Alma de bruma”, que se encuentra en el mismo libro que el poema citado anteriormente, Ninfeas. (29) Puede ser ése el ideal del hombre de fin de siglo que aúna la tendencia intimista, reflexiva y filosófica con la curiosidad por los recientes conocimientos científicos. Ambos coinciden en la métrica: combinación de endecasílabos y heptasílabos, aparte de algunas estrofas en las que se utiliza únicamente el heptasílabo.

Quizá se puedan encontrar algunas otras semejanzas entre ambas obras. La poesía que nos trae Manuel Paso de la Vega de Granada y la alegría de luz de Moguer juanramoniana se ven inspiradas por los nuevos aires que trae a la capital el espíritu del simbolismo francés. Ambas caminan hacia una nueva forma de hacer poesía, inaugurando el nuevo siglo XX. (30)

Juana Murillo Rubio

Notas  

(1) Por este motivo preparamos un estudio sobre el autor. En él se recogerá su biografía; la crítica literaria que  se ha ocupado de estudiar su producción literaria; su obra poética que incluye: sus dos libros de poemas publicados más aquellas composiciones que se encontraban dispersas en distintas publicaciones periódicas en las que colaboró el autor, y otros artículos en prosa nunca recogidos anteriormente.

(2) Nieblas (1886) Editado en Madrid,  Establecimiento tipográfico de P. Núñez.

(3) (1900) Madrid, imprenta de Antonio Marzo, C/ de las Pozas, nº 12.

(4) Poesías. Páginas de oro, (1900) Madrid, imprenta de Antonio Marzo. 

Así también lo afirma R. Cardwell: “Juan Ramón never met Paso or Gil; he knew Icaza personally.“, Juan R. Jiménez: the modernist apprenticeship (1895-1900), Berlin, Colloquium, 1977, pág. 163. Sin embargo, el autor puede haberse confundido al hacer esta afirmación. En la pág. 147 del citado libro dice: “By 1899 Rosalía, Paso y Silva were dead and Reina and Gil had fallen into silence.“, por lo que R. Cardwell  adelanta la muerte de Paso dos años, no sabemos si se trata de una desaparición metáforica, literariamente hablando, ya que Manuel Paso muere en Madrid en 1901.

(5) J. R. Jiménez: “La luna de mi poesía juvenil” en Crítica paralela, Madrid, Narcea, 1975, pág. 161.

(6) Ignacio Prat recoge en su libro Poesía modernista española, Cupsa, Madrid, 1978, nota al pie nº 45, pp. XXVI y XXVII varias citas de libros en los que se analizan los antecedentes europeos del azul modernista. Así se ocupa también de hacer referencia al color con el que compitió: el amarillo. Dice: “En Inglaterra, el amarillo de los Nineties reemplaza al verde de los prerrafaelitas…El “boom in yellow” se mantuvo en la poesía de B.W. Yeats y en la prosa (Portrait of Dorian Gray) de O Wilde. En España J.R. Jiménez conectó las sugestiones clasicistas y la “Idealidad platónica” con “el libro amarillo.” ….. Un color, el nombre de un color como mandato, como flecha indicadora, conduce, por la visión, por la presentación estética, al tono ético: intencional, en la más amplia acepción de la palabra. Juan Ramón impuso los lirios amarillos, las rosas amarillas, los cielos amarillos veteados de malvas. El amarillo de Juan Ramón no fue el amarillo patético de Van Gogh  -girasoles, caléndulas; fue un amarillo liberador.” , pág. XXVII.

(7) Prat, Ignacio: ob.cit., pág. XXVII.

Miguel García Posada escribe un artículo: “Amarillos revividos en la poesía de J.R.J. (A propósito de   Leyenda)” en Cuadernos de investigación Filológica, nº 5, 1979, 109-118.

(8) De las 72 composiciones del poeta que hemos podido constatar hasta el momento, sólo aparece esta figura en los dos textos citados. No obstante es posible que con el tiempo aquellos textos no conocidos de Manuel Paso que puedan salir a la luz den otro ejemplo. Estas dos composiciones se recogen en el libro Nieblas, de 1902.

(9) Composición nº 39, sin título, en Arias tristes, Madrid, Librería de Fdo. Fe, 1903. Cito por J.R.J., Antología poética, Barcelona, Planeta, 1988, pág. 69. Edición de Carmen Jiménez y Eduardo Márquez.

(10) R. Cardwell: ob. cit., pág. 142.

(11) Jardines dolientes, en Jardines lejanos, Madrid, Librería de Fdo. Fe, 1904. Cito por Antología  poética, ob. cit., pág. 106.

(12) J. Ramón Jiménez, Jardines dolientes, ob. cit. Cito por A. poética… pág. 107.

(13) J. Ramón Jiménez, “Tristeza primaveral” en Almas de violeta,  Antología cit., pp. 29-30.

(14) J. R. Jiménez, Con el carbón del sol, Madrid, Ed. Magisterio Español, 1973. Ed. de Francisco Garfias, balada nº 20, pp. 39-40.

(15) J. R. Jiménez: “Los que influyeron en mí” en El Modernismo. Notas de un curso, Madrid, México, B.A. 1962, pág. 55. Los dos versos corresponden a los versos 6 y 7 del poema Nieblas de Manuel Paso. Así también lo recuerda Jose Luis Cano en su artículo: “Una nueva antología del modernismo hispánico”, en Ínsula, noviembre de 1981. 

(16) R. Gullón, Conversaciones con Juan Ramón, Madrid, Taurus, 1958, pág. 55.

(17) “Estudio  preliminar” sobre Alma andaluza de José Sánchez Rodríguez. Lo recoge Antonio Martín Infante en Génesis de un tópico del modernismo español: “la tristeza andaluza”, NRFH, LV, (2007), núm. 2, 459-470.

(18) J. Ramón Jiménez , Paisaje del corazón del libro Ninfeas, cito por Antología cit. , pp. 25-26.

(19) J. Ramón Jiménez, Antología cit., pág. 212.

(20) J. Ramón Jiménez, Diario de un poeta recién casado, cito por Antología poética, ob. cit., pág. 443.

(21) Poema CLXXXI, fechado a 17 de junio, “Amanecer”  J. Ramón Jiménez, Diario de un poeta recién casado, Madrid, Visor, 1994, pp. 215.

(22) Arias otoñales, recogido en Pedro A. de Urbina, Actitud modernista de J. R. J., Pamplona, EUNSA, 1994, pág. 67.

(23) J. R. Jiménez, Selección de cartas (1899-1958), Barcelona, 1973. (Carta dirigida a José Luis Cano, Madrid, desde Río Piedras, Puerto Rico, 1 de Octubre de 1952.)

(24) R. Cardwell: Berlin, Colloquium Verlag, 1977, pp. 142-178.

(25) R. Cardwell, ob. cit., pág. 142.

(26) Cito por J. R. Jiménez, Antología poética, ob.cit. pág. 70.

(27) Del libro Ninfeas, (J.R. Jiménez) Madrid, s/ed., 1900, versos 1-5, pág. 97.

(28) J. Ramón Jiménez, Vino  (Nieblas, 1902). 

(29) J. Ramón Jiménez, Alma de bruma, Ninfeas, ob. cit., pág. 106.

(30) Hemos querido rescatar este aspecto de la poesía de Juan Ramón por ser un elemento casi desconocido para la mayoría de los seguidores del poeta. Esperamos que su conocimiento haga que los lectores reciban con curiosidad la obra literaria completa de Manuel Paso que esperamos poder publicar pronto.

Bibliografía

ACTAS DEL CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE EL MODERNISMO ESPAÑOL E HISPANOAMERICANO. Celebrado en Córdoba, en Octubre de 1985. Se publicó en Córdoba, por la exma. diputación provincial en 1987.

CARDWELL, Richard: Juan Ramón Jiménez: the modernist apprenticeship (1895-1900), Berlin, Colloquium, 1977.

CANO, José Luis: “Una nueva antología del modernismo hispánico” en Ínsula, noviembre de 1981.

GARCÍA POSADA, Miguel: “Amarillos revividos en la poesía de J.R.J. (A propósito de   Leyenda)” en Cuadernos de investigación Filológica, nº 5, 1979, pp.109-118.

GULLÓN, Ricardo: Conversaciones con Juan Ramón, Madrid, Taurus, 1958.

JIMÉNEZ, Juan Ramón: “La luna de mi poesía juvenil” en Crítica paralela, Madrid, Narcea, 1975.

—. Antología poética, Barcelona, Planeta, 1988, pág. 69. Edición de Carmen Jiménez y Eduardo Márquez.

—. Arias tristes, Madrid, Librería de Fdo. Fe, 1903.

—. Con el carbón del sol, Madrid, Ed. Magisterio Español, 1973. Ed. de Francisco Garfias.

—. Diario de un poeta recién casado, Madrid, Visor, 1994.

—. Jardines dolientes, en Jardines lejanos, Madrid, Librería de Fdo. Fe, 1904

—. “Los que influyeron en mí” en El Modernismo. Notas de un curso, Madrid, México, B.A. 1962.

—. Ninfeas, Madrid, s/ed., 1900

—. Selección de cartas (1899-1958), Barcelona, Picazo, 1973.

NIEMEYER, Katharina: La poesía del premodernismo español, Madrid, CSIC, 1992.

PASO CANO, Manuel: Nieblas (1886) Madrid,  Establecimiento tipográfico de P. Núñez. C/ La Palma Alta, 32.

PASO CANO, Manuel: Poesías. Páginas de oro, (1900) Madrid, imprenta de Antonio Marzo, C/ de las Pozas, nº 12. 

PASO CANO, Manuel: Nieblas (Poesías), Madrid, R. Velasco, 1902.

Los poemas San Francisco de Borja, Otoño y Zahara, que se nombran en este artículo, se encuentran en los dos libros anteriormente citados.

PRAT, Ignacio:  Poesía modernista española, Madrid, Cupsa,  1978.

SÁNCHEZ TRIGUEROS, Antonio: El Modernismo en la poesía andaluza. La obra del malagueño José Sánchez Rodríguez y los comienzos de J.R.Jiménez y Fco. Villaespesa. 1973, Universidad de Granada.

URBINA, Pedro A.: Actitud modernista de J.R.J., Pamplona, EUNSA, 1994.

 

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