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Lily Litvak y el fin de siglo

12 11 2010

ANTONIO HERRERÍA (Arizona State University)

 

La crítica literaria Lily Litvak abogó en sus estudios por la no distinción entre Modernismo y Generación del 98, y a su vez, incluyó ambas tendencias en el Art Noveau, que para ella fue un modernismo pan-europeo. Este artículo repasa la visión de Litvak sobre el asunto.

Fue Pedro Salinas en 1935, con la publicación de un artículo en la revista Occidente, unos de los primeros en abrir el debate intelectual en donde se hacía una distinción entre lo que se llegó a llamar Generación del 98, y Modernismo. Y aún así, hasta el día de hoy, todavía existe un desacuerdo entre los grupos intelectuales, respecto a si la llamada Generación o Grupo del 98, se puede incluir dentro del Modernismo, o pertenece a una corriente literaria paralela y exclusivamente española.

Dentro de este contexto de disputa de categorización dentro de un movimiento modernista, u otro independiente, Lily Litvak, mexicana de origen semítico ucraniano, graduada de la Universidad Nacional Autónoma de México (1967), doctorada en Berkeley (1972), y profesora emérita de la Universidad de Texas, siguiendo los pasos de J. Sender y principalmente de Ricardo Gullón (del cual fue discípula), aboga por la no distinción entre Modernismo y Generación del 98, y a su vez, incluye ambas tendencias en el Art Noveau, que para ella fue un modernismo pan-europeo como se cita a continuación: “Art Noveau was indeed a Pan-European movement” (Litvak, Dream 6). El movimiento llamado Art Nouveau “ha sido generalmente relacionado con la cultura francesa y con los países europeos del norte, aunque dejó también una fuerte huella en el sur, y sobre todo en España” (Litvak, Transformación 14).

Este movimiento lo incluye Litvak a su vez, en una corriente artística más amplia llamada fin de siècle como muestra a continuación: “Critics of the Spanish literature of this period tend to deal with it discussion over the terms Modernistas and Noventayochistas without recognizing that both of these activities that prevailed in Spanish intellectual life of the time were shaped by the general sensibility of the fin de siècle”. (Dream 6)

La “novedad” del análisis de Litvak, (que llega a la misma conclusión que otros autores) es enmarcar a la Generación o Grupo del 98 dentro de un movimiento principalmente Pan-europeo, y que su análisis, no es exclusivamente estético, ni teórico, sino que parte de parámetros sociales, económicos, ideológicos y culturales para defender su postulación, esto se puede ver en sus libros: “A Dream of Arcadia” y “Transformación industrial y literaria en España (1895-1905)” donde señala y localiza influencias como: el anti-industrialismo, y romanización del campo, ideas ambas que cuentan con una fuerte presencia estética en la Generación o Grupo del 98.

Desde un enfoque social, Litvak comprende que la literatura y sociedad pertenecen a un mismo plano. Por eso cuando la sociedad cambia, la literatura se transforma. Dentro de este contexto, y con el objetivo de demostrar que la Generación o Grupo del 98 no es más que el resultado de la influencia de una corriente más amplia que circulaba por toda Europa, Litvak, toma las figuras de dos escritores y filósofos ingleses como son John Ruskin (1819-1900) y Willian Morris (1834-1896) como modelo para su afirmación. Estos dos intelectuales ingleses serían según Litvak, la principal influencia en los escritores de la Generación o Grupo del 98, en donde se pueden identificar conceptos binarios tales como industrialización/ artes manuales, campo/ciudad, e historia/intrahistoria.

Si se toman en cuenta los conceptos anteriores, donde se prima el Beatus Ille,  lo manual sobre lo industrial, y la intrahistoria (es decir: la vida cotidiana) sobre la historia, habría que comprender el fenómeno de rechazo a la industrialización en los escritores españoles de la Generación o Grupo del 98 en el contexto de las circunstancias económicas y sociales del siglo XIX. 

La industrialización que tiene sus orígenes en Inglaterra, se expandió poco tiempo después por el resto del continente. Primero en  Francia, lo que hoy es Alemania, y después por el resto de países europeos. Dentro de este contexto de modernización industrial europea, España comenzó su proceso de industrialización a mediados de siglo, y con ello se produjo según Anna Caballé la apertura a una nueva panorámica científica, y por consiguiente intelectual; como la autora afirma en la siguiente cita:

El crecimiento acelerado de las grandes ciudades industriales y la generación de una cultura específicamente adecuada a ellas; el progreso espectacular de las ciencias; y muy especialmente de las medicinas naturales, con sus métodos basados en la observación, clasificación y experimentación de los fenómenos de la naturaleza; el desarrollo de una mentalidad y de una filosofía positivista, así como las consecuencias del mundo del evolucionismo, de los descubrimientos en el campo de la arqueología y la historia antigua, o de la práctica de la sociología y la historia comparada de las religiones, fueron otros tantos factores que contribuyeron -en mayor o menor grado según los países, el sexo o la condición social de los ciudadanos- a configurar una mentalidad racionalista y realista (Prosa 415).

Como dice Joan Ramón Resina en su libro Barcelona´s Vocation of Modernity (2008),  no fue hasta 1848, cuando se inauguró la primera línea férrea que enlazaba Barcelona con Mataró, fecha con  la que se da entrada a la modernidad en España. Y al igual que en el desarrollo de otros países, la  modernidad, está directamente relacionada con el ferrocarril.

Con la entrada en funcionamiento del ferrocarril, las principales ciudades se fueron interconectando aprovechando la infraestructura que promovieron inicialmente las empresas privadas. Un ejemplo de ello, son las líneas actuales de F.E.V.E. o Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha que transcurren por toda la costa norte de España hasta la frontera francesa, y que fueron fruto del esfuerzo de las compañías mineras de la cornisa cantábrica para el transporte mineral. Estas mismas vías, a su vez, fueron aprovechadas posteriormente para el uso público, y la interconexión de ciudades, o de ciudades y campo.

Es probablemente debido a ello, el porqué, el ferrocarril se convierte en una imagen recurrente tanto en los llamados textos modernistas como en la Generación o Grupo del 98. Un ejemplo de la imagen del ferrocarril en esta literatura se puede encontrar en obras tales como La voluntad (1904), El árbol de la ciencia (1911), Castilla (1912), etc. del mismo modo que en textos denominados modernistas de autores tales como Maragall o d´Ors.

Así mismo, estos avances mecánicos, produjeron grandes cambios socio-económicos. Entre los cuales se encontraban un fácil acceso al transporte, tanto de materiales como de personas, y que producían una reacomodación y poblacional en base al desarrollo industrial que estaba ligado estrechamente al ferrocarril.

Todos estos conceptos de transformación de la sociedad se pueden apreciar en el capítulo En el tren, del libro Castilla, de José Martínez Ruiz (Azorín), donde se hace referencia a los viajes en tren del protagonista por las cercanías de Madrid. En la situación en sí, dos ancianas regresan de vender sus productos en Madrid, y tras una conversación se afirma en boca de ellas que es más barato viajar en tren que ir andando:

¿No hay más que ustedes que se dediquen a la venta de las rosquillas?

Y ellas me contestan que hay más; están la “Daniela” y la “Plantá”; pero estas dos negociantes no marchan a Madrid en ferrocarril: van por la carretera. Emplean en ir dos días y otros dos en volver. Llevan borriquillo. Y como es natural, han de hacer en Madrid gastos de alojamiento y pienso.

-Entonces- observo yo filosóficamente-, ¿no les tendrá casi cuenta ir a Madrid?

-Claro replica una de las viejas-, como que en la posada y el borrico se lo dejan todo. (Castilla 205)

Sin embargo la idea de progreso que representa el ferrocarril, se convierte en un elemento paradójico, ya que una de las principales características de la Generación o Grupo del 98 era su oposición a la industrialización. Esto se manifiesta en sus textos por la nostalgia de la sencillez de la vida rural como afirma Litvak a continuación:  

This is indeed an impressive record of Spain’s entry into the industrial civilization, but in spite of these gains there was in the country a recurrent feeling of dissatisfaction. Intellectuals were pessimistic about a future dominated by mechanization and its consequences in an inhumane and hostile society. Society seemed to be more and more fragmented: workers against employers, art against science, science against religion, the present against the past, the masses against the elite. (Litvak Dream 9)

Si bien anteriormente se ha hecho hincapié en la transformación de la sociedad debido a la industrialización, las consecuencias de esta transformación, son en parte, la causa por la cual se desarrolla entre los intelectuales un sentimiento de rechazo.

Entre estas consecuencias, se encuentran la aparición de nuevas clases sociales emergentes, como son la burguesía y el proletariado. La clase proletaria se nutría principalmente de la migración del campo a la ciudad, que se hacinaba muchas veces en espacios limitados e insalubres, con el añadido de precariedad laboral por el exceso de mano de obra no cualificada y salarios paupérrimos.

En las fábricas se había impuesto la división del trabajo mecánico, y se primaba la elaboración fracturada de un objeto. El trabajador sólo era responsable de una parte concreta del conjunto del producto, y ello se oponía a la fabricación artesanal, donde el trabajador era el que producía íntegramente el producto. Por eso, en palabras de Litvak:

The industrialist spirit tended increasingly to cheapen human effort, and, under the machine’s influence, men became mechanical parts executing standardized and repetitive chores. Machines-induced division of labor broke the previously unified crafts into a series of factionary operations. Adam’s Smith famous example of manufacturing pins deeply impressed the turn-of –the – century sensibility. Division of labor was seen as a system of work that transformed men into an imaginary eye, a hand, or a finger that eliminated all interest or personal responsibility from the work. Industrialism also had the effect of making the worker both replaceable and expendable. The old system of craftsmanship formerly transmitted through families was disappearing: Under industrialism, man became another piece of machinery. (Drean 12)   

En la cita anterior, Litvak nos deja entrever que a consecuencia de la transformación de los medios de producción, los movimientos intelectuales también fueron afectados, de forma directa o indirecta, ya que el artesano, es decir, el artista manual, perdía sus ingresos y su estatus social por la fabricación de productos cotidianos en masa, y la bajada del precio de los mismos.

Otra preocupación relacionada con la idea anterior, pero que afectaba de forma más directa a los intelectuales, era la reproducción y el plagio de las obras. Si se tiene en cuenta que la labor del intelectual, y la del artesano es en su mayor parte creativa; la reproducción, y el plagio restaban valor al producto. La producción en cadena hizo posible la reproducción de miles de objetos a bajo costo sin que el autor intelectual obtuviese recompensa económica alguna. Esto mismo junto con el utilitarismo del proceso industrial, que resultaba en la eliminación de que cualquier adorno superfluo en aras de la funcionalidad, afectaba al modo de valorización económica del arte. De hecho, Litvak afirma que “the modern techniques of mass production came to seem as being oppressed to artisan quality in objects. There seems to be an emphasis on the utilitarian aspect of the object. Any addition considered superfluous could make productions more expensive” (Dream 13).

Este malestar de los intelectuales debido a causas económicas y problemas sociales, originó una reacción en donde los intelectuales se auto-erigieron como guías y profetas contra el industrialismo de la época donde “Como para Gabriel Alomar, para Sergi también este ideal lo deben trazar un equipo de hombres superiores que guiarán a la masa. La misión de la mayoría de los hombres sólo es obedecer este plan instintivo proveniente de esta élite” (Litvak, Transformación 41).

Si antes se han mostrado las causas por las cuales la intelectualidad rechazaba la industrialización, la reacción a este rechazo fue un intento de regeneración de la sociedad. Entre los intelectuales de la época que forjaron un ideal para regenerar la sociedad y el arte en su conjunto, se encuentran Ruskin, y Morris. Tanto Ruskin como Morris, dentro de su modelo de sociedad ideal, abogaban por un resurgimiento de las artes manuales, que coincidían con las ideas de Marx y Engels en que la industrialización alienaba al trabajador. La industrialización alienaba al trabajador porque en la sociedad capitalista, los trabajadores se desligan de su actividad productiva. Los obreros al no trabajar para sí mismos, pierden la propiedad y la comunión con la obra creada como se muestra en palabras de Litvak: “Industrial objects and factory work had come to be regarded as alienating agents for the workers. Machine-made objects meant the rupture with a past and harmoniously organized society” (Dream 12). Así mismo Litvak añade que “Las labores manuales artesanales reunían –según Ruskin- ciertas cualidades fundamentales por haber nacido del trabajo y de la inspiración artística” (Transformación 22).

Y estas cualidades, fundamentales de Ruskin, debían seguir unos parámetros tanto filosóficos, sociales, estéticos, y materiales, como muestra Litvak a continuación:

Ruskin believed in an art born from hand and heart together and condemned any object lacking invention, originality, and the addition of superfluous details. In his concept of art blended with handicrafts, he attacked classic ornamentation and defended Nature as the only value source of inspiration: Since Gothic art was the most loyal to Nature and the most spiritual, it was for him the nearest to his ideal, and therefore his aesthetic doctrines favored neo-Gothicism. Also, he praised enthusiastically the paintings of the Pre-Raphaelites and their strange mixture of realism and fantasy. (Dream 14)

Es decir, Ruskin y también Morris (el cual fue influenciado por el primero), recurren a un modelo de sociedad fundamentada en la edad media. El artesano basándose en sus conceptos, era el creador de la obra, y a su vez este mismo artesano se agrupaba en gremios, y por ende en un sistema económico comunal. En este modelo de sociedad armónica, el trabajo estaría intrínsicamente relacionado con la naturaleza creando un sentimiento ascético y superior.

Estas ideas de los intelectuales anteriores, calaron pronto en la intelectualidad, tanto europea como española, donde se buscaba una regeneración cultural y social frente a las filosofías realistas y positivistas. Un ejemplo visible de ello es la arquitectura de la época. Las ciudades en desarrollo se convirtieron en ámbito donde aplicar estas preocupaciones. La industrialización que produjo la expansión de las ciudades tuvo como resultado un amasijo desorganizado e insalubre de viviendas que se hacinaban en los extrarradios y en los alrededores de las fábricas. Debido a ello, en el plano arquitectónico se da una corriente derivada de la misma filosofía; una que intentaba recuperar la ciudad.

Esta moda de recuperar la ciudad, cuenta con el arquitecto Antoni Gaudí como uno de sus máximos exponentes, el cual transformando un estilo neogótico, fue el responsable de expandir su innovador estilo por toda España. Gaudí, como otros arquitectos modernistas, intenta reinventar una ciudad más humana. Y uno de los medios  para humanizar la urbe, era seguir la estética y convicciones de Ruskin y Morris sobre el empleo de motivos naturales y el uso de materiales simples tales como la cerámica. Estos motivos a su vez,  pretenden ser insertados en parques y espacios públicos como forma de mantener un equilibrio natural. De ambas búsquedas, que son el uso de materiales simples y la creación espacios públicos humanizados para el habitante encontramos el parque Güell, de Gaudí.

En cambio, en la literatura se dan dos corrientes: Por un lado los modernistas que buscan en la belleza o el arte por el arte y que están definidos por un marcado aire individualista, y por otro lado la Generación o Grupo del 98, que tienen una preocupación social.

Los modernistas buscaban muchas veces lo exótico, el refinamiento, eran sobre todo urbanos y cosmopolitas, y en cuanto a ideología eran principalmente contrarios a la burguesía de la cual se alimentaban como muestra Dolores Dobón a continuación:

Los modernistas respondían a la angustia finisecular con una actitud profundamente personal. El artista se trasformaba espiritualmente mediante la contemplación de la belleza. La nueva religión del arte implica una crítica feroz de la sociedad industrial contemporánea que rechaza la belleza y adora la utilidad. Como ha señalado Giovanni Allegra citando a Baudelaire y a Darío, la estética modernista surge en oposición a la “morale de comptoir” (moral de mostrador). (Sociólogos 58)

En cambio, la Generación o Grupo del 98 si bien compartían una preocupación artística, se diferenciaban por tener preocupación más social que los llamados modernistas.

Otro rasgo característico era su activismo político, como fue el caso de Unamuno y de “Azorín”, el cual llegó a ser diputado por el partido conservador y subsecretario de Instrucción. En sus etapas iniciales muchos de los miembros del Grupo o Generación del 98,  pertenecían o estaban influidos por el anarquismo; ejemplo de ello son: Valle-Inclán, Pío Baroja o el mismoAzorín”; en cambio y al igual que Ruskin, Unamuno en sus etapas iniciales se caracterizó por su fuerte socialismo, ambas ideologías  enfrentadas al modernismo por su percepción de su conciencia de grupo y búsqueda de una sociedad utópica. Dolores Dobón explica que:

Frente a este tenaz individualismo que caracteriza al movimiento modernista, los jóvenes escritores que formarán la Generación del 98 (Unamuno, Azorín, Baroja, Maeztu, Machado), y que proceden en su mayoría de movimientos radicales de izquierda, se distinguen por el contrario, por una profunda preocupación política, generalmente la raíz utópica, que propone como ideal la sumisión del individuo a empresas colectivas. (Sociólogos 58)

Estas ideas y filosofías en cuanto al arte y a la sociedad, como indica Ramón J. Sender, comulgarían a su vez con los ideales de izquierda con los que simpatizaban al inicio de su trayectoria literaria los principales miembros de la Generación o Grupo del 98: “Los anarquistas y anarcosindicalistas eran sobre todo peones sin cualificar y braceros del campo. En cambio el partido socialista fundando por Pablo Iglesias agrupaba trabajadores especializados: Mineros, tipógrafos etc.”. (Noventayochos 96), y cuya principal diferencia entre anarquistas, comunistas y socialistas según Sender, era que “los anarquistas tenían ideales y preocupaciones más agrarias que los demás” (Noventayochos 96).

Por todo ello, no es de extrañar que la búsqueda de una sociedad ideal se encontrase entre las inquietudes de Unamuno y de los autores pertenecientes al Grupo o Generación del 98, y que a su vez, estas inquietudes concordasen con la visión de Ruskin y Morris en lo relativo al intento de resurgimiento de las artes manuales, fallo de la ciudad moderna, el regreso a la gente común, vuelta a la naturaleza, y el sueño medieval que hace referencia a la vida en comuna. Como cita Litvak a continuación sobre Unamuno que al igual que “Morris, wants to put and end to the excessively aristocratic nature of art. For this reason he looks for the art of the common people, an art that would embellish objects made by and for the people, an art that would give as much pleasure for the craftsman as for the user” (Dream 28).

Estas ideas según Litvak, circularon pronto por la España industrial gracias a la importante figura de Unamuno que en cierto modo se podría considerar padre ideológico de la Generación o Grupo del 98 y que gracias a sus artículos, traducciones y cartas propagó la ideología social y artística como se ve a continuación:

La influencia de ideas de Ruskin es España parece haber llegado relativamente temprano. Unamuno menciona a Ruskin, en sus cartas a Pedro de Mújica, en 1895 y en 1886. Y desde 1885 alude frecuentemente en muchos de sus artículos al autor inglés. Cita partes de unto this last, menciona y elogia las campañas de Ruskin para embellecer la vida cotidiana. Unamuno también hereda de Ruskin una desconfianza natural hacia la civilización industrial. (Transformación 23)

Por eso es común ver en la literatura que estamos tratando el uso de la imagen de la noria que tendría un doble propósito, uno ser una metáfora del tiempo, y otro una idealización del campo en la sociedad pre-industrial.

En cambio, si se escenifica la lucha campo/ciudad en binomios, la gente del campo estaría  inmersa y en comunión con la naturaleza, al contrario  que en la ciudad, donde se describe a la misma como una jungla marginal donde se unen y concentran todas las maldades humanas. Quizá el mejor ejemplo de ello se puede ver en Luces de Bohemia (1920) de Valle-Inclán donde la mayoría de los personajes de la obra son mezquinos, mentirosos, no importa el ámbito social del que provengan.

Las imágenes sociales del Grupo o Generación del 98 en la literatura, estarían acordes no sólo con las ideas de Ruskin y Morris, sino también con los ideales políticos que promulgaban una nueva sociedad utópica en defensa del proletariado.

Para Litvak, este es el nexo de unión para afirmar que la Generación o Grupo del 98 no era otra cosa sino una corriente estética y política más, la cual era común a toda Europa. Esta misma corriente en francés se llamó Fin de siècle como se ve a continuación en la siguiente cita de Litvak:

Como hemos visto anteriormente, el modernismo y el “Art Nouveau” europeo en general acogieron las ideas morrisianas sobre la sinceridad de los materiales. Pero realmente el Art Nouveau y el espíritu y los principios que lo animaron se pueden ver en todas las manifestaciones de esta protesta general contra la máquina y el curso aparentemente inexorable, de la civilización moderna. (Transformación 223)Si bien todo lo que se ha referido anteriormente, muestra tanto los anhelos  del Modernismo como de la Generación o Grupo del 98 para crear una sociedad mejor, repudio de la industrialización, y unas bases políticas liberales. No por eso se puede desdeñar que este último movimiento es decir, el Grupo o la Generación del 98, sea particular y específico de España y por ende único. Para sostener sus ideas en contra de esto mismo, Litvak alude a los nacionalismos para sustentar su conclusión. Según Litvak, aparte de los fenómenos socio-económicos en Europa, también se da una corriente nacionalista, y sobre todo, una pugna por la supremacía moral entre anglos y latinos. Esta corriente nacionalista fue también la que influyó a los mismos autores como afirma Litvak a continuación:

Se puede ver fácilmente que la idea latina formaba parte de una conciencia común a varios países europeos y americanos y no exclusivamente a España. Por ello, muchas obras españolas, desde aquellas llamadas “literatura del desastre” hasta ciertas obras de los escritores de la generación del 98 se pueden ver integradas a un contexto europeo y no puramente español por ser similares a las que parecían por aquella época en otros países latinos. […] Estos temas dieron origen a dos tendencias; por un parte la actitud europeizante y prolatina de ciertos panlatinistas, y por otra, esta polémica también tuvo influencia en una actitud puramente nacionalista que alentó los varios estudios de psicología o historia nacional que se popularizaron por la Europa de fin de siglo. (Latinos 109)

 

Es decir, para ella los panlatinistas corresponderían a los llamados modernistas, y los nacionalistas corresponderían a la Generación o Grupo del 98, corrientes ambas que tienen en parte su origen también en el movimiento socio-cultural del panlatinismo, donde según Litvak “Los principios de la idea panlatina pueden relacionarse con el movimiento felibre y la amistad de catalanes y provenzales en el S.XIX. Ese movimiento regionalista no excluía la premisa de una realidad supranacional latina” (Latinos 15), y uno de cuyos factores es el catolicismo, y otro, el concepto de la raza o lo que más tarde se llamó hispanidad. La hispanidad se convirtió en un elemento de exaltación nacionalista poco tiempo después de la pérdida de las últimas colonias de ultramar en 1898.

Según Litvak:”Los pueblos vencidos tienden a creerse víctimas de ideologías extranjeras que han causado su derrota, con este sentimiento viene generalmente una fuerte reacción nacionalista junto con un rechazo de todo lo que puede parecer extranjero”  (Litvak, Latinos 61). Y afín a esta idea, el Grupo o Generación del 98 correspondería con estas cualidades antes mencionadas al buscar una esencia, lo intangible, lo religioso, lo que significa ser español en base a figuras mitificadas y muchas veces inventadas como puede ser el caso del Quijote, el Cid, o vanagloriar la esencia de un pueblo decadente.

Otra concordancia con las ideas del nacionalismo con respecto a la Generación o Grupo del 98 tiene en Ramiro de Maeztu y Whitney (1875-1936) un buen ejemplo en referencia a las ideas de Litvak sobre la ideología nacionalista. Sender al referirse a Maeztu dice: “Se hizo católico a la manera española, es decir nacionalista y monárquico. Más católico de Santiago que de Cristo […]Y en Buenos Aires descubrió la hispanidad” (Novetayochos 254). Esta hispanidad en palabras de Sender “Llamó la atención de los fascistas y constituyó la base de la ideología imperial sobre todo en relación con la América española. Maeztu fue poco a poco transformándose en un teórico del nacionalismo español” (Novetayochos 249).

Al igual que Litvak, Sender es de la opinión de que de que no se puede separar en dos categorías a la Generación del 98 y al Modernismo, pero difiere de Litvak en la aproximación, que es específicamente literaria. Serder afirma que la mayoría de las influencias literarias de la Generación o Grupo del 98 son extranjerizantes. Esto corroboraría que el Grupo o Generación del 98 pertenece, o por lo menos estaría influenciado por una corriente y/o a autores foráneos pertenecientes a los movimientos artísticos de europeos de la época. La influencia de autores foráneos sobre los autores españoles según Sender serían:   

Sobre Valle Inclán: D’Annunzio, Barbey d’Aurevilly. Sobre Unamuno: Ibsen, Tolstoy, Amiel. Sobre Benavente: Shakespeare, Musset, los dramaturgos modernos franceses. Sobre Baroja: Dickens, Poe, Balzac, Gautier. Sobre Bueno: Stendhal, Brandes, Ruskin. Sobre Maeztu: Nietzsche, Spencer. Sobre Ruben Darío: Verlaine, Banville, Victor Hugo (Novetayochos 218). [Nótese la curiosidad que para apoyar este modelo Sender incluye a Rubén Darío (1867-1916) dentro de los mismos autores antes señalados, lo que reafirmaría la idea de Litvak que la llamada Generación o Grupo del 98, no era más que una corriente paneuropea que se llamó fin de siècle].

 

La idea de fin de siècle contrarrestaría la supuesta originalidad de la Generación o Grupo del 98 porque la repulsa a la ciudad, la idealización del campo, la fascinación por las artes manuales, el catolicismo, las imágenes ensalzadas tanto de héroes nacionales como de artistas pasados, y el concepto de hispanidad, no son ideas exclusivas ni de España ni de la Generación o Grupo del 98.

La importancia del enfoque de Litvak sobre si la Generación del 98 pertenece al Modernismo español y por ende a un movimiento global, radica en la afirmación en sí, ya que el canon establecido actualmente en la academia, diferencia a la literatura española de fin de siglo en dos vertientes: la Generación del 98 y el Modernismo. Esta diferenciación todavía sigue en disputa, y Lily Litvak apoya la idea de que ambas corrientes pertenecen al mismo movimiento desde un enfoque novedoso. Esto se ve reflejado al hacer una crítica del movimiento no desde un posicionamiento estrictamente literario, sino socio-económico-político. Es decir, rastrea la situación social y los ambientes tanto económicos como políticos como influencia en los autores que a su vez lo plasmarán estas ideas en sus obras. La fobia anti-industrial, el pre-rafaelismo, la

intrahistoria, y la idealización del campo, apoyadas con un análisis socio-económico, estarían ligadas a las ideas de los teóricos John Ruskin y Willian Morris, y todas ellas son características supuestamente exclusivas de la Generación o Grupo del 98. Litvak reconoce esta influencia, y desvirtúa la exclusividad en cuanto a temática, al mismo tiempo que indaga en los fenómenos de formación de identidad y los nacionalismos, que son comunes a varios países europeos y que contradicen la exclusividad de dicho grupo. Por todo ello Litvak utiliza un enfoque válido e innovador partiendo de una lectura socio-política que apoyaría la nueva corriente de intelectuales que pretende unificar Modernismo y Generación del 98 en lo que se denominó corriente de  fin de siècle.

Antonio Herrería (Arizona State University)

Obras citadas:

Azorín, Inman Fox, y Seve Calleja. Castilla. 19th ed. Pozuelo De Alarco?n: Espasa, 2006. Print.

Caballé, Anna. “Prosa narrativa. Entre literatura fantástica y relato realista.” Siglo 19. Vol. 2. Madrid: Espasa-Calpe, 1998. 345-457. Print.

Dobon, María Dolores. “Sociologos contra estetas: Prehistoria del conflicto entre Modernismo y 98.” Hispanic Review 64.1 (1996): 57-72. Web.

Litvak, Lily. A Dream of Arcadia: Anti-industrialism in Spanish Literature, 1895-1905. Austin: University of Texas, 1975. Print.

Litvak, Lily. Latinos y anglosajones: Ori?genes de una pole?mica. Barcelona: Puvill, 1980. Print.

Litvak, Lily. Transformacio?n industrial y literatura en Espan?a, (1895-1905). Madrid: Taurus, 1980. Print.

Litvak, Lily. “UT College of Liberal Arts.” The University of Texas at Austin – Web Central. UT College of Liberal Arts. Web. 01 May 2010.

<http://www.utexas.edu/cola/depts/spanish/faculty/litvak>.

Resina, Joan Ramon. Barcelona’s Vocation of Modernity: Rise and Decline of an Urban Image. Stanford, Calif.: Stanford UP, 2008. Print.

Salgado, María A. “Rubén Darío y La generación del 98: Personas, personajes y máscaras del Fin de Siglo Español.” Hispania 82.4 (1999): 725-32. Web.

Sender, Ramón J. Los noventayochos. New York: Las Américas, 1961. Print.

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