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Rubén Darío y el 98

11 11 2010

Edith Marsiglia

El estudio inicia con una introducción de Carlos Seco sobre el concepto de “generación del 98”. En este sentido, se alude a los artículos que Azorín publicara sobre el tema en ABC, en 1913. Entre los elementos que se consideran definitorios de los noventayochistas, se señala una suerte de “renacimiento” cultural derivado de influencias internacionales aludiendo, incluso,  a “una gran renovación de las letras” hispánicas (58). En este fragmento discursivo aparece el nombre de Rubén Darío, junto a los demás integrantes de la generación del 98: Valle-Inclán, Unamuno, Benavente, Baroja, Bueno y Maeztu. Las influencias dominantes en el poeta nicaragüense serían Verlaine, Banville y Víctor Hugo. El primero sería una influencia común a todos los noventayochistas, junto con Nietzsche y Teófilo Gautier.

El crítico se pregunta, además, sobre la pertinencia de incluir a Darío entre los escritores de la generación del 98. Desde el punto de vista literario, la admiración que el poeta nicaragüense nutría por Verlaine y Góngora le vincularía, según Seco, a los poetas de la futura generación del 27. Asimismo, en la poética dariana tampoco se verificaría la exaltación de la cultura castellana, tan marcada en los noventayochistas.

Por otro lado, Darío no habría compartido la exasperada actitud crítica y de desasosiego frente a la España de ese entonces  de sus coetáneos españoles. Su primer contacto con la Península fue en 1892. Durante su estadía pudo establecer contacto con personalidades que admiraba y que, como señala en sus testimonios autobiográficos, le proporcionaron gratificación y estímulos intelectuales. Se trataba de Marcelino Menéndez Pelayo, Emilio Castelar, Gaspar Núñez de Arce y Juan Valera.

En otro orden de cosas, el estudioso alude al conflicto cubano que enfrentó a España con Estados Unidos. El sentimiento de aprobación por la independencia de Cuba se mezclaba, en diversos círculos intelectuales latinoamericanos, con el temor respecto a las intenciones imperialistas de los Estados Unidos. En ese entonces Darío colaboraba con La Nación de Buenos Aires y fue enviado por dicho periódico a España como corresponsal.  Sus impresiones difieren de aquellas de su primer viaje como emerge de una de sus crónicas: “He buscado en el horizonte español las cimas que dejara no hace mucho tiempo, en todas las manifestaciones del alma nacional: Cánovas muerto; Ruiz Zorrilla, muerto; Castelar, desilusionado y enfermo. Valera, ciego; Campoamor, mudo… No está por cierto, España para literaturas, amputada, doliente, vencida” (Seco, 65). Constata, como lo hacen los noventayochistas, el deterioro, la corrupción y la inacción de la política madrileña que contrasta con su impresión sobre la situación catalana.

Respecto a su experiencia en Cataluña escribe: “Celebré la vitalidad, el trabajo, lo bullicioso y pintoresco, el orgullo de las gentes de empresa y conquista, la energía del alma catalana… Noté lo arraigado del regionalismo intransigente y la sorda agitación del movimiento social” (Seco, 66). Allí Darío tuvo contactos fructíferos con intelectuales catalanes como Santiago Rusiñol y Ángel Guimerá. Este acercamiento desde diversas perspectivas a la España de entonces marcará un contraste significativo con los escritores de la llamada «generación del 98».

En Madrid,  el poeta nicaragüense tomará contacto con Ramón del Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu y Miguel de Unamuno, resultando particularmente positivo el intercambio intelectual con los dos primeros.

El crítico concluye su estudio aludiendo al contraste entre la actitud pesimista de los noventayochistas y el optimismo de Darío. Esto cuestionaría la inclusión hecha por Azorín del poeta entre los escritores españoles. En modo particular alude al conocido poema de Darío “Salutación del optimista” en donde se exalta, frente al avance del imperialismo norteamericano, el resurgimiento de un espíritu hispánico común a la Península y sus antiguas colonias. Carlos Seco considera este texto como símbolo de un “clima de solidaridad y de entendimiento” (70) que habría tomado impulso desde el primer tercio del 900 entre la metrópolis y sus ex colonias.

En suma, el presente estudio aporta algunos datos significativos, sobre el vínculo de los escritores de la generación del 98 y una figura de gran importancia para las letras hispánicas como lo fue Darío. El mismo, sin embargo, podría ser redimensionado si se lo ubicara en el marco histórico de lo que se conoce como “crisis de fin de siglo”.

Asimismo, el análisis podría adquirir nuevas dimensiones si se ahondara en la naturaleza de los vínculos entre España y sus ex colonias, con sus implícitas desigualdades y sus, en éste análisis ignoradas, prácticas sustentadas en una ideología poscolonialista.   

Edith Marsiglia. Arizona State University

    

Seco Serrano, Carlos. “Rubén Darío y el 98”. España: cambio de siglo. Ed. Real Academia de la Historia. Madrid: Real Academia de la Historia, 2000. 57-70.

 

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