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Homogeneidad / heterogeneidad en el Modernismo

11 11 2010

Pablo Martínez Diente

Contextualizar someramente un proyecto de renovación tan vasto e intrincado como el Modernismo?aunando rigor académico y proximidad textual?es una de las vías que, por lo ambicioso de su espíritu, no suelen ser frecuentadas por la crítica. De hecho, aproximarse al Modernismo considerando el texto como secundario y aun irrelevante es, de alguna manera, perpetuar los perennes estereotipos que se lo suelen acompañar desde su aparición. Contra el cliché historiográfico, la generalización vaga, y las propuestas analíticas unidimensionales han enfrentado sus estudios protagonistas del Modernismo como Juan Ramón Jiménez, críticos-poetas como Octavio Paz, o académicos como José Olivio Jiménez, o Ivan Schulman, cuya profundidad crítica ha venido cincelando la revisión modernista allende la superficie ornamental o escapista con la que se ha querido ungir a los poetas modernistas.

Rigoberto Guevara, siguiendo la estela de su anterior publicación de 2004 (el excelente estudio Modernism, Rubén Darío, and the Poetics of Despair, cuya autoría comparte con Alberto Acereda) se enmarca con este volumen en esa tradición que lee los textos modernistas como parte de un intenso debate de entre siglos, debate diverso que como el autor analiza, incluye la desazón espiritual y existencial, el lugar del poeta en una sociedad vertiginosamente materialista, el erotismo y el papel de la divinidad. Con variada tonalidad, y en mayor o menor medida, cada poeta modernista se impregna de estos temas, como analiza Guevara en obras tan notorias como “Lo fatal” y poemas más ultramontanos, caso de “Detrás del mostrador” de Carriego. Manteniendo presente la riqueza e idiosincrasia de cada texto, Guevara los sitúa como parte de la “homogeneidad dentro de la heterogeneidad” que titula su estudio, dividido en cinco secciones que contienen aproximaciones a más de un centenar de poemas modernistas. Seccionas todas que ponen de relevancia la ambivalencia de los modernistas ante la muerte, el amor, la belleza y la religiosidad de su mundo.

En Homogeneidad se desbrozan las poéticas de la nómina principal del Modernismo (Agustini, Gutiérrez Nájera, Darío, Martí, Nervo, del Casal, Silva, Storni, Lugones, Herrera y Reissig) como lo menos frecuentado (Evaristo Carriego, Luis Gonzaga Urbina, Pedro Antonio González, Leopoldo Díaz, Francisco Gavidia, Ismael Enrique Arciniegas), escritores todos ligados por “la capacidad de mantener unos universales temáticos pero hacerlo desde lo moderno existencial” (24). En efecto, las lecturas de Guevara sobresalen por ofrecer un completo panorama en el que las diversas crisis que experimentan los modernistas?procesos de insatisfacción y de cuestionamiento existencial?, consiguen reivindicarse encarnadas en un lenguaje que generalmente se considera como autónomo y alejado del contorno socio-histórico que atraviesa el Modernismo. Plural como se veía a sí mismo el Modernismo, el desafío para el antólogo es doble: hilvanar unas directrices estéticas comunes y ligarlas a unas experiencias vitales no necesariamente idénticas como pueden ser cuestiones de género (Agustini, Storni), políticas (Martí), humorísticas (Gutiérrez Nájera), etc.

Homogeneidad, yuxtaponiendo glosas históricas y textuales, dista de alienar al lector con interpretaciones arcanas o difusas, delineándose entre temas por los que se distingue el Modernismo como crisis, sin incidir en la manida soledad del artista frente a una sociedad burguesa que lo ignora como componente productivo. El primer tema analizado y que ocupa mayor extensión en el estudio (“La existencia y lo que es vivir para los modernistas”) revela un tipo de poeta que en ocasiones oscila entre la muerte como liberación a las penurias circundantes (“Frente a frente” de Carriego), que se debate entre el sinsentido de la propia vida (“Lo fatal” de Darío) y el desamparo abúlico (“El hijo espurio” casaliano). Bien haciendo suya la congoja existencialista universal o por el contrario bregando con ella, mientras que la existencia para el poeta modernista “es un tormento, es la forma de lidiar con ello la que varía” (76); como varía también su respuesta ante la marginación que sufre ante el orden social del que es parte y que conforma la segunda sección del volumen.

La queja modernista, sintetizada en cuentos darianos como “El rey burgués” encuentra sorprendentes giros en poemas como “El obrero” y “La que comprende” (ambos de Storni) y como subraya Guevara, no se reduce a una denuncia unidimensional frente a los excesos del capitalismo, el positivismo y la industrialización que sufren las sociedades finiseculares en deterioro. El vate modernista, lejos de únicamente mostrar su desprecio en “reinos interiores” o “torres de marfil”, decidió en ocasiones alinearse con aquellos que no disfrutaban de los frutos de la burguesía, sino que padecían sus más crudas explotaciones. “Para Aragón en España…” de Martí es un ejemplo de dicha toma de conciencia modernista frente a las desigualdades sociales y económicas. Así mismo, una creciente conciencia panhispánica ejemplificada en Santos Chocano, Darío y Nervo, denuncia los excesos imperialistas estadounidenses y la vulnerabilidad de la condición latina que reivindica su valor en el cambiante escenario económico-cultural del continente americano. Como refugio y contraste ante el feroz avance del orden burgués, la belleza como fuente de pureza y de sinceridad se eleva como ideal ante los poetas. “El arte y el poeta”, tercera de las secciones del volumen, examina la relación entre artista y arte con el ánimo de ampliar y sacar de sus goznes la maniquea concepción que se tiene del Modernismo como estética hermética, exquisita y autónoma. Como observa Guevara, los poetas cambioseculares buscan ante todo representar la belleza como contenedora de pureza y sinceridad, belleza que en ocasiones se revela difícil en su lenguaje y en otras desprovista del ornato por el que se ha estigmatizado tradicionalmente al verso modernista. De la sencillez de los Versos sencillos martianos a “Flor de cieno” (de Julián del Casal), pasando por la regeneración de “La musa blanca” de Nájera, la belleza se yergue como ideal, como refugio y como clave para encontrar la eternidad en unos tiempos de trepidante cambio y feroz utilitarismo.

Respuesta a una sociedad biempensante que los rechaza por su inutilidad y por su estética al margen, la intensa carga eroticista?plasmada en la riqueza de descripciones corporales, en la celebración de amores prohibidos o raros y en la unión de Eros y Thanatos?es otro de los caballos de batalla modernistas en su búsqueda de conocimiento y como refugio ante su crisis existencial. Rechazados como degenerados por la explicitud de algunos poemas (entre los que destacan los de Agustini en Los cálices vacíos), el eroticismo modernista contiene vías de interpretación del momento de crisis que van más allá del solaz carnal. La reivindicación del cuerpo femenino como agente objetivado y/o subjetivado provee a los poetas modernistas de un espacio de representación marginal frente a practicas sociales decimonónicas que recluyen la participación de la mujer en la sociedad como un ser pasivo o como un objeto museístico. A la sugerente riqueza de poemas darianos como “Era un aire suave…” Guevara agudamente trae la atención sobre Agustini (“El intruso”, “Fiera de amor”) o Casal (“Rondeles”), poetas en los que la ambigüedad del lenguaje y su intensidad erótica ponen de relevancia la profundidad sensorial del Modernismo como via de escape a discursos paralelos de búsqueda sexual y vital. El amor puro (“Alma venturosa” de Lugones), desmitificado (“Una sorpresa”, de Carriego) o visto como refugio (“¡Carne, celeste carne de la mujer!…” de Darío) forma asimismo parte del heterodoxo imaginario eroticista del Modernismo.

La sección postrera del estudio, “Religiosidad y divinidad”, que cierra el círculo abierto por la angustia existencial del primer capítulo, sitúa al escritor modernista en una condición doble: como sujeto que lamenta la grieta entre él y la presencia de Dios (y con Nervo, Darío y Casal como representantes) y como artista en que Dios se le revela como “único rescate y salvacion” (207). Poemas como “Aeternum vale” de Jaimes Freyre, “Lázaro” de Silva que muestran la compleja relación del artista con la divinidad completan la variada cosmovisión modernista frente a lo divino, la cual oscila, como señala Guevara, “entre la desesperación por encontrar señales que aseguren que Dios por lo menos considera el dolor humano, aunque no se haga ver, y el recurrir hacia Él mediante la fe al ser la última esperanza en una vida de penas”. (219)

Descartando motivos ecdóticos de solución en una edición nueva (proveer de índice, periodizar la evolución de las ideas modernistas a través de las décadas), Homogeneidad dentro de la heterogeneidad se destaca por ofrecer todas las ventajas de un manual temático sin recurrir a textos u autores que siendo de referencia han sufrido exégesis a través de sus obras canónicas casi en exclusiva. Guevara, en todo momento fiel a interpretaciones sustentadas en variados análisis textuales, logra agrupar con efectividad textos proteicos, conocidos y minoritarios de la tradición modernista, escritos todos que desafían la concepción del Modernismo?desafortunadamente aún viva entre la crítica literaria?como un compendio de estereotipos muy circunscrito en cuanto a metas y estética.

Pablo Martínez Diente, The University of Notre Dame.

Guevara, Rigoberto. Homogeneidad dentro de la heterogeneidad. Un estudio temático del Modernismo poético latinoamericano. Nueva York: Peter Lang, 2009. 233 pp.

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