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Perspicacias y sutilidades en torno a Guiomar

14 02 2010

Rosa Sanmartín Pérez

Se me ofrece la posibilidad de reseñar un libro que para mí tienes unas características especiales: en primer lugar, su autor, al que profeso gran cariño; en segundo lugar, que fue con este libro con el que se inauguró Alupa Editorial, que nacía con un proyecto todavía por desarrollar, pero al que se unía fielmente el autor del libro que ahora pretendo reseñar. Por último, y no por ello menos importante, la calidad de la obra.

Giomar, asedio a un fantasma nace después de años de gestación en las que el autor investiga cada una de las vías de acceso, que no son pocas, que tiene la figura de Antonio Machado: desde la filosofía a su correspondencia personal, Miguel Ángel Baamonde va trazando una firme línea con la que sorprende al público lector.

Público que, por la extensión de la obra, y las características de ésta, parece condenada a ser leída solo por quienes nos dedicamos a la investigación machadiana, perdiéndose de vista que es una obra innovadora, no por la forma, pero sí por los contenidos. De sobra es sabido por todos cómo la figura de “Guiomar” ha sido siempre aceptada, y no solo por investigadores, sino por el público curioso ávido de ganas de saber más sobre la figura de su gran amado don Antonio Machado, como equivalente a la poetisa Pilar Valderrama.

Bajo su figura se escondía la “Guiomar” de Machado; bajo su figura se escondía la musa de los últimos escritos de Antonio Machado; bajo su figura se escondía un gran secreto que ha sabido desvelar, con aplomo y sin temblores, el investigador Miguel Ángel Baamonde Hermida.

Y por este motivo, y no por otro, decidió agregar a su obra un título tan sugerente como “Guiomar, asedio a un fantasma”. El fantasma de Pilar Valderrama que ha caído sobre Antonio Machado haciéndose protagonista de las “Canciones a Guiomar”.

Cuando Miguel Ángel me dio a leer el libro que ahora trato de reseñar me pareció una obra fundamental en los estudios machadianos. Se desmontaba, como ya hemos aventurado, una teoría que había sido seguida a pies juntillas por la mayoría de los investigadores machadianos, con alguna escasa excepción, como de Pablo de A. Cobos o Ricardo Gullón.

La lectura, que en primera instancia parecía sería tediosa, por la extensión de la obra, no por el contenido, se convirtió en una lectura rápida y profunda, pues el autor te envuelve con su ímpetu por desvelar la verdadera autoría de la musa machadiana. De ahí la dedicatoria que figura en el libro: “Esta obra se escribe pensando en Leonor; y es, en cualquier sentido que se tome, un acto de justicia a su memoria.” (p. 15)

Un acto de justicia que devuelve a Leonor el lugar que le había negado Pilar Valderrama. Es por este motivo, y aunque no se preste a lecturas subliminales, que la portada de la obra lleve en su extremo superior la figura de Valderrama y en la parte inferior la de Leonor Izquierdo, el verdadero amor de Machado; pues fue ésta quien intentó suplantar el recuerdo de la esposa por el de una poetisa-dramaturga  sin éxito alguno.

Pero como el autor no deseaba que se le tachara de “leonorista”, y perdónese el término, leyó, releyó y analizó la obra de Pilar Valderrama para ponerla en cuestión y buscar los puntos de unión que pudiesen existir entre ésta y Antonio Machado. No los hay, con la única excepción del drama El tercer mundo, escrito ya cuando conocía al poeta-dramaturgo, y que sin poder evitarlo nos trae a la memoria, “el tercer mundo” al que hacen referencia las cartas escritas por Antonio Machado a Pilar Valderrama.

No negaremos aquí, pues nos parecería de poco rigor científico, que Antonio Machado y Pilar Valderrama tuvieran una relación, según ella casta y pura, aunque no fuera este el deseo de Machado, pues las cartas publicadas por Concha Espina así lo confirman.

Y son éstas las verdaderas protagonistas de la obra de Miguel Ángel Baamonde, Guiomar, asedio a un fantasma. A partir de ellas el autor desgrana cada frase, cada palabra que pueda llevar a cuestionar si esas Canciones a Guiomar van o no dedicadas a Pilar Valderrama.

Y para profundizar más en este hecho el autor de esta investigación resuelve estudiar las dos figuras implicadas en este apropiamiento indebido: Antonio Machado y Pilar Valderrama.

Si como decíamos anteriormente la figura de Pilar Valderrama fue estudiada desde el ámbito literario y epistolar, también la de Antonio Machado lo fue desde la filosofía, a la que el autor dedica una parte completa del libro, el teatro y la poesía.

El contenido filosófico es, en palabras del autor, “el camino mejor para el desarrollo del proceso” pues se ve en este toda la carga filosófica que existe en la obra machadiana.

Y es por este motivo que Miguel Ángel Baamonde se centra en el Cancionero Apócrifo planteando lo que él denomina: “el problema previo al problema”, discerniendo si es esta obra disciplina de filósofo o esperpento.

“Planteamiento llamativo, para empezar. Es posible a un primer golpe de vista, pero no tanto al plantear la necesidad de precisiones en ambos términos, si de ellos se pretenden deducir enjuiciamientos que se desean concluyentes. ¿Esperpento? ¿Filosofía? En principio son términos que no casan; el uno responde, en el ámbito literario, a una estética, a un particular hacer del escritor –casi por fuerza, no filósofo- motivado en principio más por la forma que por el fondo; el segundo se asocia a una disciplina, a una manera de ver y pensarlas cosas del mundo; varia, distinta en sus individualidades representativas, pero siempre por un cauce unívoco.” (p. 29)

Como la dualidad resultaba ardua, no se queda el autor en una lectura rápida y externa, sino que profundiza atendiendo a todos los posicionamientos que existen en torno a esta obra.  Es así como se realiza el estudio minucioso y analítico desde diferentes ámbitos: la lectura de Campoamor, la de Julián Marías, la de Aurora Albornoz o la de Fernando Savater.

Pero como la filosofía recorre muchos caminos, se detiene el investigador en otra parcela muy importante de ésta y a la que Antonio Machado prestó gran interés: “el otro”.

“El otro” no solo fue tema recurrente en la filosofía de las primeras décadas del siglo XX, sino que también fue analizado desde el aspecto dramático. Muchos fueron los autores que en sus dramas dejaban constancia de la importancia del “otro”. Parece que la mayoría nos acordamos a este respecto de Miguel de Unamuno, gran amigo de los hermanos Machado, pero no sólo éste se dedicó a su estudio. También lo hicieron otros dramaturgos de la talla de Azorín, Max Aub, Ignacio Sánchez Mejías o Claudio de la Torre y, como no podía ser menos, también los hermanos Machado. Su obra Las Adelfas, tachada en muchas ocasiones de comedia burguesa, esconde un trasfondo filosófico muy acorde con el ideario machadiano.

Por este motivo Miguel Ángel Baamonde ahonda en el estudio de “el otro” desde diferentes perspectivas: la amada ausente, la filosofía y el teatro (analizando aquí dos de las obras más importantes de los hermanos, Las Adelfas y El hombre que murió en la guerra.)

Y como no podía ser de otra manera concluye el autor esta primera parte del libro, con el estudio del apócrifo machadiano Abel Martín, bajo un título muy sugerente: Abel Martín y la raíz erótica de su doctrina.

Con este final pasa Miguel Ángel Baamonde al asunto que le confiere: la realidad de Pilar Valderrama. Y para adentrarnos bien en el tema comienza el autor con estas palabras:

“La poetisa Pilar de Valderrama no es esencial en la biografía de Antonio Machado, pero tampoco, paradójicamente, prescindible. Con esta aserción se pretende dar un giro, ineludible ya, en el ver y comprender biográfico del poeta, dado que sin esa presencia, o al menos desde unas hasta ahora no cuestionadas premisas, resulta inevitable cualquier intento de clarificación definitiva del episodio del cual ella es partícipe, siquiera sea esa participación menor que la aceptada hasta el momento, con la pretensión esperanzadora de situar, de una vez por todas, a cada uno de sus personajes en el lugar que le corresponde.” p. 241)

Para ello el autor realiza un estudio de la figura de Pilar Valderrama desde diferentes aspectos: el biográfico, su obra dramática y poética, y los tres libros clave en el estudio del personaje, De Antonio Machado a su grande y secreto amor (de Concha Espina), Antonio Machado y Guiomar (de Justina Ruiz de Conde) y Guiomar. Un amor imposible de Machado (de José Mª Moreiro).

Pero si interesantes son estos aspectos aquí analizados, mucho más lo es el apartado íntegro que dedica el autor al análisis de la correspondencia machadiana y la manipulación a la que fueron sometidas por la propia Pilar de Valderrama:

“Porque en el mismo libro de Concha Espina –y no es difícil explicar como estas entregas manipuladas no alteraron a la autora, dada su dependencia de terceros a causa de su ceguera- se sigue paso a paso la distorsión que cada una de las transcripciones de las cartas sufre; pero –insisto- este quehacer, de atenta minuciosidad, solo pudo llevarse a partir de un cotejo, párrafo a párrafo, de los fragmentos de cada una de las cartas “completas”.” (p. 429)

Y continúa el autor más adelante:

“La intención queda perfectamente clarificada si la presunta Guiomar –Pilar de Valderrama real- se arroga, como viene haciéndolo desde el principio del libro, unas determinadas prioridades destinadas a la sustitución –nunca en el corazón del poeta, pero sí en el pensamiento de quien lee el escrito en cuestión- de un personaje capital en la vida de Antonio Machado, pero que en la memoria de lectores y críticos va quedando relegado a un lugar más o menos anecdótico, pero en ningún caso sustancial.” (p. 433)

Miguel Ángel Baamonde ahonda en el estudio de estas cartas haciendo su particular aportación desde el punto de vista investigador: desde datos anecdóticos que pudieran haber pasado desapercibidos al lector, como el caso de la huida a Portugal y la quema “seleccionada” (y no al azar como ella hace creer) de la correspondencia, hasta la manipulación en la publicación de la primera edición de las cartas.

Es así como nos vamos dando cuenta de la tela de araña que fue tejiendo Pilar Valderrama sobre la figura de Antonio Machado, para apoderarse de una musa que no era de ella, sino que correspondía al primer y único amor de Machado, Leonor Izquierdo.

Y a esta conclusión llega el autor y, esperando que se pueda perdonar la incursión, también quien ahora reseña estas líneas, realizando un análisis sobre: “el último de los escollos con los que puede uno tropezarse: la libre interpretación del soneto número V de los de guerra; ese que empieza De mar a mar…” (p. 488)

Con esta frase nos adentramos en la última parte del libro en la que Baamonde realiza “Una una lectura de las Canciones a Guiomar”. Si importante es el estudio realizado a lo largo de todo el libro y la interpretación de este apartado, más lo es cuando nos adentramos en el análisis que realiza el autor sobre la lectura del soneto V; en donde de forma perspicaz, Miguel Ángel Baamonde realiza dos lecturas: una “al frente” y la otra “al sesgo”.

Cualquiera de las dos está bien llevada y nos obliga a replantearnos cuestiones que hasta ahora habíamos dado por ciertas, sin caer en la duda de un nuevo planteamiento, pues hasta la fecha nadie se había parado a realizar un estudio minucioso y pormenorizado del de la talla del aquí realizado por el investigador Miguel Ángel Baamonde.

Y como ya avancé desde el principio que a quien ahora reseña estas líneas le une un gran afecto por el autor, y también por este libro, por qué no decirlo, no queriendo que se vea una lectura “sesgada” en estas afirmaciones, me remito a las aportaciones que el autor realiza en este sentido gracias al análisis del soneto antes mencionado:

“La lectura “al frente”, única efectuada hasta ahora y, conviene decirlo, lectura interesada, precisamente por ese prejuicio de la misma, ha dado lugar, casi siempre, a malentendidos que vienen ya de antiguo, arrastrados por su superchería levantada en su propio interés por Pilar de Valderrama. Se trata, pues, de una interpretación del soneto absolutamente condicionada, y totalmente subjetiva, promovida desde el mismo momento en el que el soneto se potenció como apoyo a la lectura impuesta, gracias, sobre todo, a esas particularidades geográficas contenidas en él, que apoyan el engaño.” (p. 652)

Ya en esta primera lectura, lectura subjetiva e interesada como él mismo apunta, nos muestra cómo es Pilar Valderrama y cómo va manipulando la creación literaria machadiana en su favor; pero no lo hace abiertamente, sino que se esconde para imponerse como única musa machadiana. Pero el autor de este libro se fija en ello y en un detalle tan esencial como el regalo de la Divina Comedia que Antonio hace a la poetisa, en donde, y a las alturas de la creación literaria podría haber incluido, Guiomar,  aparece única y exclusivamente el nombre de Pilar:

“Escrito para acompañar el único regalo conocido que el poeta hizo a su amada -¿dónde lo escondería para que no se lo descubriesen en casa?-, un ejemplar de lujo de la Divina Comedia; en él Antonio la llama por su nombre: Pilar, de forma directa y sin tapujos. Si en un Cancionero público Machado utiliza un nombre ficticio, pero que señala obviamente, y de acuerdo siempre con la propia Pilar de Valderrama, a su musa, ¿por qué no lo empleó en ese otro soneto a la misma persona?” (p. 699)

Concluye el autor este estudio con la lectura “al sesgo” de dicho soneto; lectura en la que nos deja ver el simbolismo empleado en los últimos escritos de Antonio Machado. Y busca este simbolismo Miguel Ángel en la muerte del niño ante las bombas enemigas y lo une a la muerte de la joven esposa, que tanto dolor le causó, y del que solo pudo reponerse gracias a la creación literaria.

Joven esposa a la que también Miguel Ángel Baamonde dedica un espacio, no tan extenso y minucioso como a él le hubiera gustado, pero que podremos ver gracias al estudio que está preparando sobre su figura, y que en este libro se apunta ya con el epígrafe: Leonor. Memoria de la niña-esposa.

Nos gustaría acabar esta pequeña reseña incluyendo una frase que para nosotros resume todo el sentido del libro:

“No hay que insistir más; bastante se ha dicho ya en la Segunda Parte, para volver a abrir de nuevo la vieja herida. Porque Antonio Machado no se merece en absoluto el juego al que fue sometido cuando ya no podía decidir nada; y quizá precisamente por eso. E insisto, no se cuestiona aquí, a pesar de la acumulación de notas negativas sobre ella, el hecho incuestionable de su relación con el poeta. Negarlo sería infantil, además de injusto. Ahí está, como un retazo más de su biografía situándolo –eso sí- en su justo nivel; sin inflarlo ni desmerecerlo. Lo que sí se ha cuestionado siempre, y se continuará haciendo, es esa identificación, falsa a todas luces, de la poetisa encarnando a Guiomar.” (pp. 706-707)

Rosa Sanmartín Pérez. Universitat de València

Miguel Ángel Baamonde Hermida. Guiomar, asedio a un fantasma. Valencia: Alupa Editorial,  2009, 738 pp. 

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