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Edición de “La Corte de los Poetas”, de Carrere

14 02 2010

Pedro Gozalbes

Ninguna de las antologías reseñables que configuran el desarrollo de la Historia de la Literatura habría de quedar exenta de polémica, entre otras razones porque no habrá antología que no despierte recelos por la inclusión de unos autores o la ausencia de otros. Ninguna de las antologías reseñables, si es que verdaderamente lo son, habría de pasar inmaculada por los manuales de historia de la literatura.

Más bien este género de publicaciones debería ser en cada momento objeto incansable de estudio por parte de profesores y críticos, para que sus investigaciones y sus argumentaciones lleven a nuevas valoraciones que puedan enriquecer la perspectiva de los lectores. Mucho dicen las antologías de la vida literaria y del ambiente de una época, apuntando los gustos estéticos y revelando las tendencias y las formas literarias vigentes. Las antologías funcionan como balizas en mitad de un camino, bien estudiadas deben dar la indicación justa para tomar el siguiente derrotero en esa línea imaginaria –tradición y ruptura– en la que se va desarrollando evolutivamente la Literatura, organismo vivo en continuo estado de cambio.

La que aquí reseñamos se titula La Corte de los Poetas. Florilegio de Rimas modernas y ha sido rescatada por la Editorial Renacimiento por vez primera desde que hace algo más de cien años, concretamente en 1906, apareciera en el Madrid bohemio de la Plaza del Sol, de los cafés modernos y de la librería de Gregorio Pueyo. Esta fue la primera antología de poetas modernistas publicada en España, completada después por la que preparó Eduardo de Ory: La Musa Nueva. Florilegio de Rimas modernas (1908). La que nos ocupa en esta ocasión reunió un total de 67 nombres, de los cuales sólo 22 correspondían a autores hispanoamericanos, aunque entre estos no figurasen gente como José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, Enrique González Martínez, Julio Herrera y Reissig o tantos otros.

No se sabe exactamente si la idea de esta antología surgió del librero Gregorio Pueyo, también editor, que estuvo tan vinculado a los jóvenes modernistas que Valle-Inclán no dudaría en inmortalizarlo bajo el personaje de Zaratustra en Luces de Bohemia, o si fue iniciativa de Emilio Carrere, el llamado rey o pontífice de la bohemia, autor del prólogo y declarado compilador de la misma, de quien se conoce al menos que debió asumir el encargo del librero con el incordio de no poder desembarazarse nunca de él. Muy posiblemente el dictamen de Pueyo colaborara en ese desorden y desconcierto que reina en la antología, donde no existen ni criterios cronológicos, ni temáticos, ni alfabéticos, ni casi de ningún orden. A todos estos factores hay que sumar la presión que debió de ejercer toda aquella prole de poetastros del lumpen literario de la época, e incluso simples clientes habituales que entonces frecuentaban la librería, pues de otra manera no cabe explicar que en la antología figuren poetas de muy poco valor y nombres hoy desconocidos como Virgilio Colchero, Justo Huete Ordóñez o Enrique Fernández y Gutiérrez, junto a autores que ya entonces eran bastante conocidos y admirados: Rubén Darío, el «apóstol» y «mago de la rima»; Salvador Rueda, «admirable helenista»; Manuel Machado, «elegante poeta»; Juan Ramón Jiménez, «lírico exquisito», etc. Cito con los epítetos con que Emilio Carrere apostilla a cada uno de ellos en el breve prólogo en el que pobremente justifica la antología, con la que se proponía arremeter –con palabras que Carrere escribiría años más tarde– «contra la vieja literatura […] en la lucha entre los románticos fosilizados y los desaforados modernistas».

Este tono de recelo y enfrentamiento, de darle batalla a los viejos y rancios escritores, es el motivo fundamental que mueve a Carrere a llevar a cabo la preparación y edición de la antología. Su objetivo es tratar de derrocar un tipo de poesía convencional, ya agotada y que nada podía hacer ante el paso fulgurante que marcaba el nuevo hilo musical y conceptual del vate nicaragüense y de toda esa corte de poetas que le seguían con admiración, veneración e imitación, como sólo se sigue a los profetas o dioses de algunas religiones. Este prólogo evidencia la necesidad que Carrere tenía de romper con lo anterior, un deseo, al fin y al cabo, que es el de cualquier antología, si es que quiere pasar a la historia. El inconveniente en La Corte es que no había apenas distancia temporal para tener conciencia clara y lúcida de qué era el modernismo y quiénes eran los modernistas, pues se sabe que es muy difícil apreciar el conjunto del bosque sí se está dentro del mismo. Lo que sí tenía claro el prologuista era que la antología había de ir «contra la estulticie ambiente y las asendereadas fórmulas de absurdos convencionalismos seculares», contra «el asfixiante D. Manuel de Palacio» y ese «formidable académico», dicho despectivamente, Emilio Ferrari.

La novedad, y al mismo tiempo la relevancia, de esta nueva edición de La Corte de los poetas se debe fundamentalmente a dos motivos. En primer lugar a que se reedita de forma facsimilar, ofreciendo al lector curioso la posibilidad de asomarse a sus páginas tal como lo hicieran los lectores de principios de siglo XX; además hay que advertir que este volumen es una de esas rarezas bibliográficas que sólo pueden encontrarse en pocas bibliotecas y de las cuales ni siquiera en el mercado de libro viejo aparecen ejemplares sino muy de vez en cuando, y cuando esto ocurre es siempre a un precio que escapa a la mayoría de los bolsillos. Y en segundo lugar porque la edición facsimilar se enriquece con una introducción de más de ochenta páginas que rebasa los límites del estudio intrínseco de la problemática del origen, la concepción y la recepción de la antología, adentrándose en el modernismo como si se tratara de un capítulo de manual de historiografía literaria española.

Como la reseña de una antología tan extensa no es el terreno idóneo para entrar en análisis y juicios individuales de los poemas que contiene, nos detendremos mejor en algunas ideas interesantes que se tratan en el ensayo introductorio y que van a servirnos para justificar la necesidad de acercarse a esta publicación. Si acaso, iremos subrayando los valores más sobresalientes de este trabajo, que nos aporta un marco fundamental para entender los motivos de la aparición de este libro en el Madrid de 1906.

Todo el aparato crítico que acompaña al texto de la antología que, como decimos, es uno de los motivos que justifica la nueva edición de La Corte de los Poetas, es obra de Marta Palenque, Profesora Titular del Departamento de Literatura Española de la Universidad de Sevilla, incansable investigadora de la literatura española del XIX y XX, con especial dedicación al modernismo y las tendencias fin de siglo, además de excelente lectora y conocedora de la obra de escritores como Salvador Rueda, Francisco Villaespesa, Ramón Gómez de la Serna o Gabriel García Tassara, entre otros. Sus continuos trabajos de investigación la convierten en una especialista en prensa, revistas y publicaciones periódicas del XIX y buena parte del XX.

El ensayo introductorio de Marta Palenque viene también complementado por una bibliografía exhaustiva y un índice de localización de poemas. Además de girar en torno a la problemática concepción de la antología y a su recepción, el estudio se detiene con gran acierto en el retrato de los dos personajes fundamentales, los artífices de la antología: Emilio Carrere y Gregorio Pueyo. El primero sigue siendo un gran desconocido para el público lector mayoritario; del segundo se sabe más bien poco y se ha dicho aún mucho menos, de ahí que se le dedique un capítulo entero al retrato de este personaje y a aportar algunos datos nuevos sobre su papel como editor de esa pléyade de modernistas que a menudo no le resultaban un negocio muy rentable. Es interesante detenerse en la posible importancia o influencia de Pueyo, porque al tiempo que vamos conociendo su figura se nos impone la certeza del enorme interés de una historia literaria a partir del punto de vista y la labor de libreros y editores (aspecto en el que se está investigando bastante en los últimos años), que de una manera u otra acaban reuniendo en torno de sí a toda una serie de generaciones de escritores. Es el caso de libreros que también fueron luego importantes editores, entre los que se cuenta Gregorio Pueyo.

Además de detenerse en los retratos de estos dos personajes, Carrere y Pueyo, hay también que destacar del ensayo introductorio que va más allá de los límites que normalmente se plantea este tipo de trabajos al presentar la reedición de un libro de rescate. En el caso de la primera parte del ensayo introductorio, «Los Poetas de la Corte», es casi una pequeña enciclopedia del modernismo, que pueden leer por igual tanto los expertos en la época como los menos conocedores. Los primeros verán en estas páginas un compendio de referencias que irá contribuyendo a completar la imagen y la idea que del modernismo tengan, mientras que los segundos seguramente se admirarán al pasar las páginas de este ilustrado y hermoso panorama donde concurren los aspectos más importantes del modernismo hispánico: libros capitales, autores fundamentales, anécdotas de todo tipo, revistas, lugares, tópicos, lenguaje, etc.

Conviene advertir que la segunda parte del estudio introductorio, la titulada «Los Poetas de la Corte», plantea un estimulante ejercicio lúdico para el lector al elaborar un recorrido por cada uno de los 67 poetas que aparecen en la antología y también por los poemas que los representan: se explica su procedencia y se los sitúa dentro de la trayectoria poética del autor, prácticamente es posible hacer una lectura acompasada del ensayo introductorio y de los textos antologados, de modo que pasada este primer acercamiento pueda ya el lector volver sólo a aquellos poemas que por la razón que sea le parecieron mejores.

De todo lo expuesto no nos queda sino concluir que a la pertinencia de la edición de La Corte de los Poetas y al rigor con que desempeña la tarea la profesora Marta Palenque se añade este incentivo a la lectura: el placer de disfrutar de los poemas con la mejor contextualización posible.

Pedro Gozalbes

Emilio Carrere, La Corte de los Poetas. Florilegio de Rimas modernas (Ed. y pról. de Marta Palenque), Sevilla, Renacimiento, 2009. Edición facsimilar de la impresa por Librería Pueyo en 1906.

Lea aquí la información adelantada en el número 12 de Magazine Modernista sobre esta edición de Marta Palenque.

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