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La labor editorial de Juan R. Jiménez y sus amigos en 1900

15 11 2009

ANTONIO MARTÍN INFANTE. La colección “Lux” y la colección “Azul” fueron dos interesantes iniciativas editoriales españolas y particularmente andaluzas para favorecer el crecimiento del Modernismo poético en la mitad de 1900.

Como es sabido, Juan Ramón Jiménez viajó a Madrid a principios de abril de 1900, después de recibir en su casa la ya famosa tarjeta postal firmada por Rubén Darío y Francisco Villaespesa en la que éste le invitaba “a luchar con él por el modernismo” (Jiménez, 1946: 231). Allí, según narrara el propio Juan Ramón varias décadas después en su “Recuerdo al primer Villaespesa (1899-1901)”, él y el almeriense se entregaron a un febril recorrido por imprentas, cafés, museos, jardines, calles, plazas, iglesias, paseos, fábricas y cementerios, “recitando versos, cantando, hablando alto” (Jiménez, 1936: 66). El objetivo principal de todo este ajetreo en el que resultó inmerso el escritor moguereño debido a la hiperactividad de Villaespesa, a pesar del tono quejoso que parece traslucirse del “Recuerdo…”, no era más que aquello por lo que Juan Ramón fue a Madrid, aquello que él quería y aquello que más le convenía en esos momentos: su inserción en el mundillo literario madrileño, y por extensión español, dentro de las filas modernistas [1].

Dentro de ese esfuerzo planificado encaminado hacia el logro del éxito literario o, como más bien dirían estos jóvenes poetas del novecientos, dentro de la lucha por alcanzar la gloria poética, figuraba como uno de sus elementos más importantes la labor editorial de propia iniciativa, la cual estaba enfocada sobre la publicación de libros y revistas literarias. Era además una manera eficaz de suprimir el lógico recelo de muchos libreros y editores profesionales conniventes con la literatura vieja ante las obras de los nuevos y desconocidos autores, como era el caso de Juan Ramón y, en menor medida, de Villaespesa, y también de muchos escritores noveles amigos de ambos.

En este sentido, justo a la altura de la mitad del año que marcaba, a su vez, la mitad entre dos siglos, el almeriense y el moguereño protagonizaron una de esas empresas editoriales: la Colección “Lux”. Éste fue un proyecto que comenzó a concretarse durante la breve convivencia madrileña que tuvo lugar entre ambos escritores —poco más de un mes—, y que contemplaba la salida a la calle de una revista y de una colección de libros. Cuando Juan Ramón abandonó precipitadamente la capital del Reino a principios de mayo de 1900 debido, según parece, a problemas de salud dejó a cargo de Villaespesa el proyecto editorial que habían planeado en común [2]. Una vez en Moguer, y a pesar de su enfermedad, Juan Ramón se encargaría sobre todo de la coordinación de la mencionada revista (Urrutia, 1986: 260 y ss.). Los orígenes de la misma —finalmente nonata— pueden rastrearse en la correspondencia de Villaespesa con el poeta malagueño José Sánchez Rodríguez. En ella se habla de la revista Aurora, que se convirtió poco después en Lux, así como del proyecto gemelo de la ‘Biblioteca Lux’, en la que se publicaron La copa del Rey de Thule de Villaespesa y Ninfeas de Juan Ramón, quedándose en el tintero una nueva edición de Prosas Profanas de Darío y Tierra Caliente de Valle-Inclán (Sánchez Trigueros, 1974: 108).

También han llegado hasta nosotros noticias de la revista Lux a través de la propia correspondencia de Juan Ramón. En una carta dirigida al escritor Timoteo Orbe podemos hacernos una idea aproximada de cómo iba a ser la publicación fundada por el de Moguer y Villaespesa (Urrutia, 1986: 260-261):

[N]uestra revista “Lux” (quincenal) será una revista completamente moderna; algo así como el “Mercurio de América”. Nadie en España puede hacer una revista con la facilidad que nosotros, por la excelencia de los originales de que podemos disponer. La revista será casi un libro quincenal, de unas 90 páginas; desearía que para el n° primero me remitiese V. una crónica batalladora, a la mayor brevedad posible; ahí va el sumado del 1er número que sólo espera para salir la crónica de V.

Crónica: Timoteo Orbe. (?). Los camellos. (poesía). Guillermo Valencia. Tierra caliente. R. del Valle Inclán. Cuento Blanco. M. Díaz Rodríguez. Flora (soneto). Rubén Darío. Flor solar. Ricardo Baroja. París. Enrique Gómez Carrillo. Los crepúsculos del jardín. (sonetos). L. Lugones. Los ciegos. Oliveira Gómez. Laureles. José Sánchez Rodríguez. Tarantela (poesía). F. Villaespesa. Besos de oro (sonetos) Juán (sic) R. Jiménez.

Bibliografía de literatura extrangera (sic) por Llanas Aguilaniedo; de literatura española por Martínez Sierra y Candamo.

Lux no sería la única revista planeada por Villaespesa que no llegase a ver la luz —nunca mejor dicho—, aunque sí el primer proyecto editorial conjunto con su nuevo amigo Juan Ramón —y probablemente el último—. La frenética aunque infructuosa actividad editorial del almeriense se puede comprobar en la mencionada correspondencia dirigida a Sánchez Rodríguez (cfr. Sánchez Trigueros, 1970: 95-99) y andando el tiempo llegaría a convertirse casi en proverbial, tal y como indica este ajustado e irónico diálogo de Luces de Bohemia, en el que, hablando de unos versos de Rubén Darío, se dice (Valle-Inclán, 1989: 146 y 147): “MAX: ¿Dónde se han publicado?. / EL JOVEN: Yo los he leído manuscritos. Iban a ser publicados en una revista que murió antes de nacer. / MAX: ¿Sería una revista de Paco Villaespesa?”.

No obstante, la Biblioteca o Colección “Lux” tendría algo más de suerte —aunque tampoco demasiada—. Como acabamos de decir, llegó a editar dos libros, lógicamente aquellos pertenecientes a los dos autores fundadores de la misma: La copa del Rey de Thule de Villaespesa y Ninfeas de Juan Ramón [3]. El primero salió a la calle a finales de noviembre de 1900 y el segundo a finales de septiembre del mismo año [4]. Desconocemos si se llegaron a distribuir a través de la librería de Gil Arrué, en Serrano 14 (Sánchez Trigueros, 1974: 237) o se encargó finalmente Villaespesa de su distribución, tal y como declaró más tarde Juan Ramón, al menos en lo relativo a Ninfeas (Jiménez, 1946: 235). Ambos debieron publicarse varios meses antes, pero también ambos esperaban una misma cosa que impedía su publicación: un prólogo de Darío [5]. El de Ninfeas llegó desde París de la mano del pésame de Darío por la muerte del padre del moguereño, Víctor Jiménez y Jiménez, y en la forma del soneto “Tienes, joven amigo, ceñida la coraza…”, pero Villaespesa aguardó inútilmente, ya que el nicaragüense no tenía intención de mandárselo, decepcionado como estaba con él, a quien había dejado encargado de completar y enviar un álbum manuscrito de poesías a Flora, esposa del mecenas argentino Luis Berisso, encargo que nunca llegó a cumplirse [6].

La intención primera, y así lo reconocía Villaespesa, era que La Copa… y Ninfeas saliesen a la calle a mediados de junio y completar, además, la colección con Alma andaluza, volumen de poemas del amigo y escritor malagueño José Sánchez Rodríguez (Sánchez Trigueros, 1974: 235); y es que por aquel entonces aún no se tenía pensado incluir Prosas profanas en “Lux” y parece ser que era Juan Ramón quien tenía tanteado a Valle-Inclán para publicar Tierra Caliente, ya que Villaespesa no nombra para nada ni al nicaragüense ni al gallego en cuanto a “Lux” en su correspondencia [7]. Finalmente, La Copa..., a pesar de ver la luz más tarde, apareció como el número I de la colección y Ninfeas como el número II (extraordinario) —ignoramos el por qué de esto último—. En cuanto a Alma andaluza, Prosas profanas y Tierra Caliente, no llegaron a salir en la Colección “Lux”, al menos no ha llegado hasta nosotros ninguna noticia de ello ni, en realidad, ninguna más sobre la propia Colección “Lux”. Sin embargo, quizá ahora podamos decir algo nuevo sobre ella o, en su defecto, algo relacionado con ella y es que en nuestro camino de investigador se ha cruzado un curioso libro llamado La Riada (poema) perteneciente a una desconocida Colección “Azul”, la cual probablemente esté íntimamente conectada con “Lux” [8].

Su autor es el gaditano de Jerez Manuel Escalante Gómez (1878-¿?). Según apunta Francisco Cuenca Benet en su Biblioteca de autores andaluces modernos y contemporáneos, fue poeta, literato y periodista, dirigió “en París, Madrid, México y Buenos Aires importantes periódicos y [publicó] los libros siguientes: Siluetas femeninas, La Riada (poema), Plumadas, Esbozos al temple, Las mil y dos noches, La patria grande” (1921: 117). También escribió para la escena, aunque “[s]u trabajo para el teatro no pasa de ser anecdótico, como se manifiesta en las zarzuelas Las mil y dos noches, en colaboración con Miguel Rey y con música de Porras, y Patria Grande, también con Miguel Rey” (Molinari, 1994: 90). Comenzó su carrera periodística y literaria muy joven, ya que allá por 1894, cuando apenas contaba con dieciséis años, publicó poemas, relatos y artículos —algunos bajo el seudónimo de “Virgilio”— en el periódico gaditano La Nueva Era y algo más tarde en la revista Juan Palomo de la misma ciudad. Tanto en una como en otra publicación empezó ya a especializarse en semblanzas de personajes más o menos importantes (Tirso de Molina en La Nueva Era, nº 4032, 19-11-1894, p. 2; el torero José García “Algabeño” en Juan Palomo, nº 552, 10-12-1896), género biográfico que desarrollará posteriormente en buena parte de sus libros.

Durante el cambio de siglo Escalante colaboró en muchas publicaciones periódicas —mayoritariamente con poemas y semblanzas—, tales como Álbum Salón, Barcelona Cómica, El Gato Negro, Iris y La Saeta de Barcelona, Germinal, Madrid Cómico, La Revista Moderna y Vida Nueva, de Madrid, El Progreso de Sevilla y La Publicidad de Granada. Y él mismo marchó a Madrid para fundar dos revistas a la altura de 1900: Álbum Hispano-Americano y Relieves; y en ambas colaboraron muchos autores modernistas y del grupo de jóvenes escritores del que formaba parte Juan Ramón y al que llamaremos “grupo del novecientos” (cfr. Sánchez Trigueros, 1984: 19-20 y 119); éste fue aglutinado principalmente por Villaespesa y adoptó como mentores especialmente a Salvador Rueda y sobre todo a Darío [9]. Debió de continuar desarrollando su carrera como periodista y escritor en Sevilla, ya que antes de marcharse a Madrid estuvo conectado con el ambiente literario sevillano: era amigo de Tomás Domínguez Ortiz y Juan Ramón, que por aquel entonces frecuentaban la capital andaluza y los mismos cenáculos literarios, y del poeta hispalense José de Velilla, muy conocido en la ciudad [10]. Entre el escritor onubense Domínguez Ortiz y Escalante tuvo que existir una excelente relación, ya que el gaditano escribió una elogioso artículo sobre su persona publicado en Barcelona Cómica (vid. La Provincia de Huelva, 22-3-1900, p. 2) y le dedicó un poema en la revista granadina La Alhambra (nº 56, 30-4-1900, p. 191) [11]. Igualmente estrecha tuvo que ser su amistad con José de Velilla, puesto que en un artículo sobre el pintor sevillano José Ramos García publicado también en La Alhambra (nº 87, 15-8-1901, pp. 356-358) Escalante cuenta cómo fue “mi querido amigo el notable Pepe Velilla” quien le dio una tarjeta de presentación para visitar a dicho pintor. Y en cuanto a Juan Ramón, baste decir que hicieron juntos el trayecto hacia Madrid del que hemos hablado a principios de este artículo, tal y como reza un suelto perteneciente a la sección “Noticias Sueltas” del diario sevillano El Porvenir (4-4-1900, p. 1): “En el expreso de esta noche han marchado á Madrid nuestros queridos amigos los jóvenes escritores don Juan R. Jiménez y don Manuel Escalante Gómez. El Sr. Jiménez va á imprimir un libro de poesías que se titulará Nubes, y que llevará un prólogo del poeta americano Rubén Darío.  El señor Escalante, en unión de otro escritor joven, Julio Pellicer, propónese publicar en la corte un Album Hispano-Americano”. [12]

No obstante, la amistad entre Escalante y Juan Ramón no duraría mucho y se debió a un suceso puntual que ocurrió en mayo de 1900. Hasta entonces, como hemos comentado, Juan Ramón y sus amigos habían colaborado en las recién fundadas revistas del gaditano: Álbum Hispano-Americano y Relieves. De hecho, Juan Ramón publicó en la segunda de ellas sus poemas “Calma” (nº 1, 22-3-1900, p. 3), “Amor. Corazones” (nº 4, 12-4-1900, p. 2) y “Somnolenta” (nº 7, 3-5-1900, p. 2) (Campoamor, 1999: 123) [13]. Sin embargo, si nos fijamos en las fechas de publicación de los diferentes poemas, comprobaremos que no van más allá de principios de mayo. Y es que, efectivamente Juan Ramón, Villaespesa y el prosista cordobés Julio Pellicer —también perteneciente al grupo— se vieron envueltos, por culpa de Escalante, en un asunto turbio relacionado con su revista Relieves en el que incluso hubo de tomar parte la Policía; quizá alguna estafa económica. Y como de esto tenemos noticias a través de dos cartas coetáneas, una de Villaespesa a Sánchez Rodríguez y otra de Juan Ramón a Timoteo Orbe, transcribimos a continuación los fragmentos de ellas que narran este episodio:

¡Ah! Desde luego borro dos [dedicatorias], la de Siles Cabrera, indigna personalidad literaria, para que tú la honres con tus versos, y la de Escalante, un timador, un canalla, que nos ha engañado a todos. Ayer estubo (sic) la policía en la redacción de Relieves, a buscarle; no encontrándolo, quiso llevarse a Julio [Pellicer]… Figúrate tú la que se ha armado… Nada, chico, no le dediques nada; te expones a lo que Rueda prologándolo, a quedar en ridículo (“Carta de Francisco Villaespesa a José Sánchez Rodríguez de mayo de 1900”, en  Sánchez Trigueros, 1974: 233).

¡Ah! Perdone V. si, en mi ignorancia, presenté a V. a Escalante Gómez; no lo conocíamos personalmente, y en Madrid, tuvimos que mandarlo a paseo; es una persona indigna; Pellicer, Villaespesa y yo, nos hemos disgustado con él; habría que contar muchas cosas, se lo indico pues ni Pellicer, ni Villaespesa ni ninguno de nosotros colaboraremos más en Relieves ni en Album Hispano-Americano. Ya en antecedentes, puede V. hacer lo que quiera con respecto a ese punto; yo descargo mi conciencia, pues yo fui quien pedí a V. trabajos para esos periódicos hidráulicos [sic](“Carta de Juan Ramón Jiménez a Timoteo Orbe del 4 de junio de 1900”, en Urrutia, 1986: 261-262). [14]

Parece ser que Juan Ramón, Villaespesa y Pellicer se enemistaron seriamente con Escalante —aunque sólo hay constancia de que el cordobés estuviera físicamente presente durante el incidente— y prueba de ello es que en ninguno de sus libros novecentistas —respectivamente: Ninfeas y Almas de violeta, La copa del Rey de Thule y Tierra Andaluza— hay dedicatoria alguna para el gaditano, aunque no sabemos exactamente qué ocurrió con el resto del grupo del novecientos. Sánchez Rodríguez, por ejemplo, hizo caso a los consejos de Villaespesa y finalmente no le dedicó ningún poema de Alma Andaluza (1900). Domínguez Ortiz sí le dedicó un relato en su libro Nieblas (1900), pero éste salió a la calle en mayo, justo cuando se produjo el incidentes en la redacción de Relieves, por lo que no habría habido posibilidad de rectificación. Como podemos deducir de la información que suministra Cuenca Benet, no parece que este asunto perjudicara considerablemente la carrera periodística de Escalante, ya que terminó dirigiendo publicaciones incluso en ciudades tan importantes como París, México y Buenos Aires. En cuanto a su obra literaria, aunque de escaso valor, continuaría en 1900, ya que a finales de dicho año publicó Plumadas y en 1901 Esbozos al temple, en lo que apunta a una especialización en biografías contemporáneas de sociedad cuyos inicios hemos apuntado [15].

Pero el libro que verdaderamente nos interesa, sin lugar a dudas, es La Riada (poema). Éste es un volumen muy difícil de encontrar y, aparte de posibles colecciones privadas (que es nuestro caso), sólo se encuentra en el Archivo Histórico Municipal de Málaga. El contenido en sí del librito —apenas mide 14’5 x 9’5 cms— no es nada extraordinario, si acaso lo contrario. Es una pequeña historia escrita en verso y compuesta por catorce silvas, cuyos protagonistas son Juan Ortiz, “dómine de aldea”, de pensamiento positivista, bueno y sabio y el cura del pueblo, “que es un bendito”, pero siente un gran recelo hacia el maestro por su forma impía de pensamiento. La trama es urdida a través de la riada que da nombre al poema, ya que el río del pueblo se desborda y lo inunda todo. Constituye un poema nada original cuyo estilo copia de forma deliberada a Campoamor y así lo señala Salvador Rueda en un fragmento de la “Carta-prólogo” que precede al poema, intentando revestir la crítica de benevolencia sin duda por la amistad que le une a Escalante (p. 16):

Inspirado en el estilo de nuestro gran viejo [Campoamor], ha trazado usted en algunas páginas de LA RIADA una historia patética, tan sencilla como llena de sentimiento, que, aunque tiene vislumbres demasiado vivas del maestro, llega á perdonarse esa tendencia de fonógrafo poético, en gracia al encanto y á la comodidad con que, en alguna ocasión, la imaginación del que lee va, dijérase, como tendida en la muelle hamaca de los versos.

No obstante, donde encontramos lo extraordinario es en la propia portada y las páginas que preceden al poema, y, curiosamente, en dos o tres de ellas obtenemos más información que en las treinta o cuarenta restantes. El texto de la portada reza de este modo en una composición vertical: “Colección «Azul». M. Escalante Gómez. La Riada (poema), con una carta prólogo de Salvador Rueda. Dibujo de Torres. Madrid. MCM”. Al texto acompaña un dibujo entre modernista y costumbrista de una joven muchacha que coge flores acompañada de alguna criada anciana y que aparece firmado Torres [16]. Hasta aquí todo parece normal, pero hay que estar a la vista de esta portada y haber contemplado también la portada de La copa del Rey de Thule de la Colección “Lux” para darse cuenta de que el diseño tipográfico es casi el mismo. Nombre de la colección, título del libro y la ciudad de edición —Madrid— aparecen en rojo, todo sobre blanco, en ambas cubiertas y con el mismo tipo de letra [17]. ¿Casualidad? No lo parece, y menos aún cuando en la página 45 de La Riada leemos que “[e]ste libro se imprimió en la Tipografía El Trabajo, á cargo de H. Sevilla, Guzmán el Bueno, núm. 10. Madrid.—1900”, prácticamente lo mismo que figura en la página 5 de La copa… Pero volvamos a las primeras páginas de La Riada porque es allí donde la sorpresa se hace mayor: “Colección «Azul». En prensa: “Ráfagas”, versos de Eloy Noriega Ruiz. En preparación: versos de Salvador Rueda, Juan R. Jiménez, Manuel Reina, José María Ortega Morejón, Salvador González Anaya, Segundo Lozano y Arturo Reyes. Prosa de Julio Pellicer y F. Orbe [sic]” (p. 6). Y en la página 7 se encuentra una leyenda que, contra todo pronóstico, nos sorprendió casi más que todo lo anterior: “Madrid. Administración: Mayor, 16. 1900”.

Vayamos por partes. Hasta ahora no sabíamos nada de esta Colección “Azul”, pero cabe la posibilidad de que estuviese conectada con “Lux” si el diseño de cubierta es el mismo. Además, la mayoría de los personajes que aparecen como próximos integrantes de la Colección “Azul” pertenecen al grupo del novecientos: salvo Eloy Noriega Ruiz [18], Segundo Lozano [19] y José María Ortega Morejón [20], todos son escritores amigos de Juan Ramón; de hecho, excepto los tres citados, todos poseen una dedicatoria de algún poema bien en Ninfeas bien en Almas de violeta. Los malagueños Arturo Reyes y Salvador Rueda y el cordobés Manuel Reina son considerados verdaderos maestros poéticos por el de Moguer, especialmente los dos últimos. Igualmente ocurre con el vasco afincado en Sevilla Timoteo Orbe —la “F” es una errata—, quien, aunque menos conocido en las letras españolas del cambio de siglo, también representaba el papel de un maestro para el joven moguereño. Y, por último, el malagueño Salvador González Anaya y el cordobés Julio Pellicer eran grandes amigos de Juan Ramón por aquel entonces y escritores noveles como él —si acaso Anaya gozaba ya de cierto nombre—; con el primero se carteaba (Sánchez Trigueros, 1984: 65) y, cuando viajó a Madrid en abril de 1900 se hospedó en casa del segundo, cuya dirección era calle Mayor, nº 16, 3º [21]. Y es aquí donde termina de cerrarse el círculo, ya que Mayor 16, como acabamos de comprobar, es la dirección de la Administración de la Colección “Azul”. Son, por tanto, demasiadas coincidencias.

La Riada tuvo que ver la luz entre finales de abril y la primera quincena de mayo de 1900, ya que a principios de junio La Ilustración Artística de Barcelona, en su sección  “Libros”, hace una pequeña mención a la misma (nº 963, 11-6-1900, p. 392) [22]. En esta ubicación cronológica redunda el detalle de que el incidente de la revista Relieves tuvo lugar en mayo y no es lógico que Pellicer y Juan Ramón participasen en una empresa editorial común con Escalante después de tal suceso. Además, como pudimos leer en el fragmento citado de la misiva de Villaespesa a Sánchez Rodríguez de mayo de dicho año (“Nada, chico, no le dediques nada; te expones a lo que Rueda prologándolo, a quedar en ridículo”), por entonces ya debía de estar el librito en la calle con el prólogo de Rueda que tan impropio juzgó Villaespesa. Por otra parte, por lo que vemos, la casa de Pellicer, y eventualmente también de Juan Ramón, tuvo que convertirse durante este año en cuestión en una especie de centro neurálgico del grupo del novecientos —formado por autores afines al modernismo pero no todos modernistas—. Prosas juanramonianas posteriores han podido transmitir la idea de que este tipo de función fue desempeñada sobre todo por el domicilio de Villaespesa o el de Darío (vid. Jiménez, 1936: 65), pero el detalle de que la Administración de “Azul” se ubicase en Mayor 16, invita a pensar que ésta era quizá su sede de operaciones, especialmente si leemos el inicio de la “Carta-prólogo” escrita por Rueda para La Riada, del que parece deducirse que efectivamente era un lugar común de reunión y de exposición de proyectos literarios también individuales:

Anoche, cuando, nos despedíamos en casa del franco y simpático Julio Pellicer, en vez de tomar unos papeles míos de encima de la mesa, cogí, equivocadamente, esas pruebas del libro de usted LA RIADA, que le devuelvo, pidiéndole mil perdones por la distracción. Tengo que pedirle á usted también perdón por haberlas leído sin autorización suya; la culpa ha sido, amén de mi curiosidad en tratándose de poesía, de cuatro versos que, al azar, vi, no bien hube soltado en la mesa de mi despacho las pruebas…

Una vez establecidas las conexiones entre “Lux” y “Azul” y la importancia del domicilio donde se hospedaba Juan Ramón durante su primera estancia madrileña para el grupo del novecientos, cabe preguntarse qué era, pues, exactamente la Colección “Azul”. Los dos únicos títulos publicados en la Colección “Lux”, Ninfeas y La copa…, salieron respectivamente en septiembre y noviembre de 1900, pero el proyecto “Lux” surgió antes, como hemos visto, y parecía estar ya en ciernes allá por mayo o junio (Sánchez Trigueros, 1974: 231 y 235). Puesto que hemos establecido que La Riada se publicó en abril o mayo, eso quiere decir que la Colección “Lux” pudo ser la continuación natural de la Colección “Azul”: las coincidencias entre ambas colecciones y la secuencia de fechas y sucesos que hemos estructurado a lo largo de este artículo así lo indican.

No olvidemos —y permítasenos, a falta de datos concretos, adentrarnos en el siempre movedizo terreno de la especulación— que Escalante y Juan Ramón compartieron en la noche del día 3 al 4 de abril de 1900 todo un viaje en tren (de los de entonces) hasta Madrid. Imagínense cuántas horas de conversación compartida entre dos jóvenes y emocionados escritores y amigos que se dirigían a la capital del Reino en busca de la gloria poética. Cuántos versos, cuántos libros, cuántos proyectos literarios se expondrían el uno al otro. Qué fácil hubiera sido que entre ambos surgiera la idea de un proyecto editorial con el que dar salida a sus primeros libros y a los de otros jóvenes autores amigos suyos, todo ello bajo la égida del prestigio literario de unos pocos poetas consagrados con los que permanecían en amistoso contacto (Rueda, Reina, Reyes) [23]. O, en su defecto, que Escalante tuviera ya esa idea esbozada y los contactos tanteados o incluso apalabrados e invitase a Juan Ramón a participar de ella: el hecho de que La Riada fuese la primera obra publicada en la colección —siendo probablemente la de menor calidad— y la rapidez con que se publicó desde luego podrían apuntar en esta dirección. El libro está dedicado “[a]l Excmo. é Ilmo. Sr. Don Eloy Noriega y Ruiz, sabio ingenioso y literato eminente, como recuerdo de su admirador y amigo. M. Escalante Gómez” (p. 11). El respeto y la adulación con que se dirige a él Escalante —sigamos especulando—, el detalle de que lo siguiente que fuese a publicar “Azul” fueran versos suyos y precisamente el hecho de que literariamente sea una personaje desconocido, podría indicar que Noriega era el socio capitalista de la colección: el típico personaje de clase alta entusiasta de la literatura y emocionado poeta él mismo aunque de exiguo valor literario y por ello fácilmente sugestionable para patrocinar empresas editoriales a cambio de un hueco en ellas [24].

Basándonos en todo lo anterior, al llegar a Madrid hubo de ser fácil introducir a Pellicer en el proyecto “Azul” y convencerle para adoptar su domicilio como redacción del mismo [25]. Después, en cualquier café o en la propia casa de Pellicer o por carta para los pocos que en esos momentos no estuviesen en Madrid, se apalabraría la publicación de las obras de los demás autores. Rueda, Reina y Reyes, cederían cualquiera de sus próximos proyectos, que seguramente no tendrían una mala acogida crítica, para consolidar la colección. Puesto que Pellicer acababa de publicar su volumen de relatos Tierra Andaluza a principios de año, probablemente en febrero (La Crónica Meridional, nº 12.257, 10-3-1900, p. 1), proyectaría publicar en “Azul” su próximo libro, A la sombra de la Mezquita, el cual —no sabemos por qué— terminaría retrasándose hasta 1902. Orbe habría destinado para la colección su pequeña novela El cirineo, publicada finalmente en 1901 en Granada (Urrutia, 1982: 218-219). González Anaya tendría reservado su Medallones, libro de poemas que apareció en noviembre de 1900 (La Crónica Meridional, nº 12.511, 23-11-1900, p. 2). Y, finalmente, Juan Ramón habría previsto la publicación de su Nubes, el manuscrito que nada más llegar a Madrid dividiría en Ninfeas y Almas de violeta o bien, una vez dividido, su intención fuese publicar en “Azul” ambos libros o uno de los dos.

Lo que ocurrió después ya lo sabemos. El incidente que tuvo lugar en la redacción de Relieves provocó, en cuanto a Escalante, la enemistad declarada de dos piedras angulares de “Azul”: el dueño del domicilio donde se hallaba la redacción, Pellicer, y uno de los posibles promotores de la colección, Juan Ramón, y probablemente, como mínimo, el recelo del resto de futuros componentes de la misma. Con el proyecto “Azul” acabado, Juan Ramón se vería sin editor para sus libros, así que no debió de resultarle difícil a Villaespesa convencer al moguereño para la creación de la revista “Lux” y, por supuesto, de la Biblioteca homónima. Aprovecharían el diseño de la portada del primer nº de “Azul” (La Riada) para el primero de “Lux” (La copa…), quizá por decisión de Juan Ramón, quien, como sabemos, puso siempre gran interés en este tipo de cuestiones tipográficas y pudo tener parte en la autoría de la misma [26]. La historia de ambas colecciones ya la conocemos también. Cabe, sin embargo, plantearse ciertos interrogantes. Por ejemplo, ¿por qué los escritores que tenían previsto publicar en “Azul” no quisieron hacerlo en “Lux”? Si el problema era Escalante, ¿qué pudo suceder para que buenos amigos de Juan Ramón como Pellicer, Anaya u Orbe decidiesen no formar parte de su proyecto editorial una vez decretado el ostracismo sobre el escritor gaditano? Y sobre todo: ¿y Villaespesa?, ¿por qué no aparecía ningún libro suyo en preparación anunciado en la Colección “Azul”? Si el almeriense constituía el centro neurálgico de las relaciones del grupo de autores del novecientos, si era el verdadero factotum de Juan Ramón en Madrid, si se caracterizaba especialmente por sus inquietudes editoriales, ¿cómo se hallaba desvinculado de un proyecto tan importante, en el que estaban inmersos Rueda, Reina y Reyes y, además, su nuevo e inseparable amigo de Moguer?

Son preguntas de difícil respuesta y sólo volviendo otra vez al terreno especulativo podemos intentar buscarles una solución. En cuanto a lo primero, se nos ocurren varias razones por las que los escritores apalabrados con “Azul” no siguieran en “Lux”. Los casos de Noriega, Ortega Morejón y Lozano probablemente constituyesen contactos exclusivos de Escalante y pudieron haber tomado ambos partido por él ante el incidente de Relieves, lo que explicaría sobradamente su desvinculación de “Lux” [27]. En lo relativo a los amigos comunes a Escalante y a Juan Ramón —esto es, el resto—, es posible que los autores consagrados no quisieran o no fueran capaces de confiar de nuevo en una empresa editorial de jóvenes e inexpertos autores-editores, y aquellos menos conocidos pudieron haber encontrado otros cauces editoriales para sus obras en el ínterin de la disolución de una colección y la creación de la otra. No obstante, existe una razón más que también hay que tener muy presente teniendo en cuenta el intenso momento literario que vivían Juan Ramón y Villaespesa, ya que es muy posible que éstos, inmersos como estaban en la lucha modernista, no vieran con muy buenos ojos que estos autores, a pesar de ser amigos suyos, se incluyesen en la Biblioteca “Lux”, una colección llamada a ser un emblema de la nueva poética modernista —entre los autores mencionados, había parnasianos como Reina y Anaya o coloristas como Rueda y Pellicer, pero su literatura no era claramente modernista como lo era la de Villaespesa, Juan Ramón, Darío y Valle-Inclán [28]—. El tema de Villaespesa es más complicado, ya que nos resulta harto extraño que no se embarcase desde un principio en los proyectos editoriales de Juan Ramón, pero también podríamos aventurar algunas argumentaciones. No olvidemos que Darío, quien junto al almeriense invitó a Juan Ramón a Madrid y compartió allí con ellos los primeros días antes de irse a París, tampoco estaba en “Azul”; quién sabe si no le gustó la evidente referencia que la colección hacía al título de su primer y emblemático libro o simplemente contaba con otros proyectos editoriales. Quizá Villaespesa ya tenía en mente “Lux”, lo había hablado con Darío y por eso ambos se mantuvieron al margen de “Azul” y Juan Ramón, en cambio, comprometido desde su viaje ferroviario en común, se vio obligado a prometerle a Escalante al menos una de las dos obras en que iba a dividir Nubes y a ayudarle, además, en la fundación y organización de la biblioteca [29]. Tampoco olvidemos que Villaespesa, constante urdidor de proyectos literarios y editoriales, tenía en principio apalabrada la publicación de La copa… con el editor Juan Gómez Gutiérrez y poco más tarde se asociaría con Juan Ramón y el librero Ángel Gil Arrué para incluirla en “Lux”, tal y como se puede leer en su correspondencia (Sánchez Trigueros, 1974: 234-235 y 237).

Efectivamente, son demasiados “quizás”, excesivas especulaciones, pero desafortunadamente la información que poseemos de esta época no da para más. Los años en torno a 1900 fueron los de mayor efervescencia literatura y cultural de toda la historia de España; sin embargo, paradójicamente, son aquellos que menos se han estudiado. Por desgracia, se han perdido muchas colecciones hemeregráficas del cambio de siglo, pero aún quedan muchas otras y, a falta de profundos desarrollos bibliográficos, hay que bucear en esas colecciones sobre todo, pero también en esos libros olvidados y en apariencia irrelevantes como La Riada y, por supuesto, en la poca correspondencia que ha llegado hasta nosotros para intentar hallar datos sobre la literatura finisecular o, en su defecto, aventurar respuestas en torno a ella; y, aunque pueda resultar nimio, quedémonos con un detalle que no sabíamos: que Juan Ramón Jiménez cuando apenas contaba con dieciocho años pensó en publicar alguno de sus primeros libros en una colección llamada “Azul”.

Antonio Martín Infante

Notas:

[1]  Él, como acabamos de advertir, con el tiempo cargaría tanto a Villaespesa como a su estancia madrileña de connotaciones negativas: “En realidad visible, yo no sabía a esa hora, ni a ninguna otra, a qué había  venido a Madrid, para qué estaba en Madrid. (…) Dentro de Villaespesa corría otro río oscuro, que yo no entendía bien y en cuya orilla me dejaba, quizá, esperándolo” (Jiménez, 1936: 65-66).

[2] “Amigo del alma: He vuelto apresuradamente de Madrid, con una medio pulmonía; ya te contaré muchas cosas de Paco y mías; (…) [c]omo me he venido precipitadamente de la Corte, nada me ha traído; Paco queda hecho cargo de todo” (“Carta de Juan Ramón Jiménez a José Sánchez Rodríguez del 14 de mayo de 1900”, en Sánchez Trigueros, 1984: 49-50).

[3] En un principio Villaespesa tenía apalabrada la publicación de La copa… con su editor, Juan Gómez Gutiérrez (Sánchez Trigueros, 1974: 234-235); es muy posible que Juan Ramón también tuviera sus dos primeros libros comprometidos en alguna otra edición, aunque sobre ello hablaremos más adelante. En cuanto a Almas de violeta, probablemente no se incluyó dentro de la Colección “Lux” debido a que su tono y estilo no eran modernistas, al contrario que los dos libros publicados, Ninfeas y La copa…, y los que se había previsto publicar: una segunda edición de Prosas Profanas de Darío y Tierra Caliente de Valle-Inclán, los cuales aparecen en las primeras páginas de Ninfeas anunciados como los volúmenes III y IV, respectivamente, en preparación. Tierra Caliente terminaría apareciendo en 1903 como la Sonata de Estío (cfr. Urrutia, 1986: 268). Prosas profanas, como sabemos, había sido publicado ya en Argentina en 1896; la mayor entidad como escritor de Valle-Inclán a la altura de 1900 y, sobre todo, de Darío justifica el hecho de que estuviese prevista la publicación de sus libros de forma posterior a la de los dos autores noveles, ya que era ésa una forma de promocionar a un tiempo la propia Colección “Lux” y Ninfeas y La Copa…

[4] El 22 de septiembre de 1900 apareció en las páginas 1 y 2 de La Provincia de Huelva una recensión sobre Ninfeas y Almas de violeta realizada por un muy buen amigo del moguereño, el escritor y periodista onubense Tomás Domínguez Ortiz, que llevaba por título “Dos libros de Juan R. Jiménez”. Esta reseña no era conocida por la crítica juanramoniana y fue rescatada hace poco de los fondos hemerográficos del Archivo Histórico Municipal de Huelva por Manuel José de Lara Ródenas, al igual que la entrevista, publicada también en La Provincia, que el periodista Lorenzo N. Celada hizo en Moguer a principios de 1901 a Juan Ramón (Lara, 2002). En cuanto a La copa…, Sánchez Trigueros tuvo que hacer su estudio sobre la primera obra poética de Villaespesa basándose en ediciones posteriores de la misma, ya que no pudo localizar la primera (1974a, 120-121), detalle que la crítica posterior parece no haber podido solucionar tampoco. Sin embargo, a falta de una, hemos podido localizar dos primeras ediciones de La copa…: una de ellas se encuentra en la Fundación Juan Ramón Jiménez de Moguer y la otra en la Hemeroteca de la Casa de los Tiros de Granada.

[5] Villaespesa, quizá avergonzado por la tardanza del prólogo, expondría a Sánchez Rodríguez otras razones en cuanto a dicho retraso: “Ya hay dos tomos publicados «Ninfeas y mi Copa». (…) No se ha (sic) publicado los dos tomos de la Biblioteca, porque ahora no es época de libros, pero hace más de dos meses que están impresos” (“Carta de Francisco Villaespesa a José Sánchez Rodríguez del 31 de agosto de 1900”, en Sánchez Trigueros, 1974: 237).

[6] Fueron Alfonso García Morales y Rosa García Gutiérrez, en su artículo titulado “El «Atrio» de Rubén Darío y otros ecos de la «fraternidad» modernista hispanoamericana en Ninfeas”, quienes dieron con esta explicación del porqué del silencio de Darío ante el prólogo prometido a Villaespesa. Ésa es, además, la razón de la enigmática dedicatoria de “Perfume”, poema de Ninfeas (Jiménez, 1964: 1490): “Para el álbum de Flora de Berisso”; ya que “Perfume” estaba destinado a dicho álbum manuscrito que terminó extraviado (García y García, 2002). García y García llegan a insinuar de paso en cuanto al proyecto “Lux”, la interesante posibilidad de que Darío y Villaespesa no tuvieran en un principio únicamente intereses literarios puestos en el joven moguereño (2002): “Si nos adentramos en el terreno de las puras especulaciones, podríamos preguntarnos por los aspectos económicos del hermanamiento España-América, de la lucha por el modernismo, y hasta de la invitación a Juan Ramón, cifrados todos en el proyecto “Lux”. La idea de los países hispanohablantes como un gran mercado cultural estuvo muy presente entre los intelectuales de fin de siglo. Darío y Villaespesa trataron de ponerla en práctica de una u otra forma a lo largo de toda su carrera. ¿Vieron en 1900, en el entusiasta Juan Ramón, con cierta fama de adinerado, la posibilidad de un sostén económico para sus planes editoriales?”.

[7] Diría Juan Ramón postalmente a Timoteo Orbe: “…la Copa del rey de Thule, este libro lo poseo ya; es el primer tomo de una biblioteca Lux, y está en prensa para el 3º Tierra caliente de Ramón del Valle-Inclán” (11-6-1900, en Urrutia, 1986: 286). En cuanto a Alma andaluza, diría Villaespesa: “Tu libro irá en la Biblioteca; así se lo (he) exigido a Jiménez y Ángel Arrué (librero) que son mis socios. Descuida por lo tanto” (“Carta de Francisco Villaespesa a José Sánchez Rodríguez del 31 de agosto de 1900”, en Sánchez Trigueros, 1974: 237). Alma andaluza finalmente saldría fuera de la colección: Madrid, Librería de Fernando Fé, Carrera de San Jerónimo, 2, 1900.

[8] La proliferación de este tipo de “colecciones” o “bibliotecas” literarias en el cambio de siglo fue copiosa. Como prueba de ello merece la pena leer las siguientes satíricas líneas de la sección “¡El papel vale más! (Notas bibliográficas)” del siempre combativo y reaccionario semanario madrileño Gedeón (nº231, 25-4-1900, s.p.). Adviértase de paso la evidente crítica antimodernista final, la cual, precisamente, toca muy de cerca a Juan Ramón en cuanto al título de uno de sus aún no publicados primeros libros, Ninfeas: “Se publican ahora cinco ó seis Bibliotecas que han ido apareciendo sucesivamente y cada una de ellas es más pequeñita y raquítica que la anterior: Colección Kong [sic], Biblioteca Diamante, Biblioteca libélula tornasolada, Colección Mignon y otros títulos insoportablemente cursis. Cada librito de esas bibliotecas tiene el tamaño de un cuadernillo de papel Job y contiene, bajo una cubierta de papel estucado, como las alcobas, uno ó más refritos de distinguidos autores. Las páginas son de seis líneas, las líneas de cinco letras: total, que esos libraquines parecen concebidos y ejecutados por Silvela ó por cualquier otro genio de la insignificancia y la cicatería. El último cuadernito de esta clase, caído en nuestras manos, contiene una linda Agua fuerte, de Armando Palacio Valdés. (…) No es que nos importe mucho hacerlo constar, pero bueno es decirlo; y bueno sería que Palacio Valdés volviese á publicar sus aguas fuertes, aun cuando las publicara en las antipáticas Bibliotecas nenúfar empalidecido ó nelumbo melancólico, y hubiese que leerlas con la lupa de Rómulo y Remo”. 

[9] Para conocer información sobre este grupo, vid. el epígrafe La juventud literaria andaluza del novecientos: clasicismo y modernidad del artículo “Juan Ramón Jiménez y Tomás Domínguez Ortiz, literatos y amigos en la encrucijada de dos siglos” (Martín, 2002b).

[10] Juan Ramón y Domínguez Ortiz cultivaron una estrecha amistad en el cambio de siglo que perduraría con el tiempo. Para conocer en profundidad el personaje de Tomás Domínguez Ortiz y su amistad con Juan Ramón, vid. “Tomás Domínguez Ortiz y las relaciones literarias en el cambio de siglo onubense” y el artículo citado en la nota inmediatamente anterior (Martín, 2002a y 2002b). En cuanto a Escalante, el hecho de que sus apariciones en la prensa gaditana de los años inmediatamente anteriores al cambio de siglo fuera muy escasa redunda en la idea de una estancia sevillana anterior al novecientos, no sólo afianzándose como escritor y periodista, sino también quizá estudiando en la Universidad Literaria de Sevilla.

[11] Domínguez Ortiz le correspondió, por su parte, dedicándole el relato “Instantánea” del mencionado Nieblas (1900: 101).

[12] Este suelto lo rescató de la hemeroteca Jorge Urrutia, acabando definitivamente con décadas de confusión sobre la fecha exacta de llegada del joven poeta a Madrid (1991: 56-57). Hasta hace algunos años se creyó que hubo llegado el Viernes Santo de 1900 —13 de abril en aquel año—, error provocado por un texto juanramoniano posterior, el mencionado “Recuerdo al primer Villaespesa (1899-1901)”: “Viernes santo lluvioso, 1936. Otro viernes santo lluvioso, hace treinta y seis años, 1900, llegaba yo a Madrid por primera vez. Había recibido días antes una tarjeta postal de Rubén Darío y Villaespesa, invitándome a venir. Y, claro, yo me vine a Madrid volando, sin pensar en nada más” (Jiménez, 1961: 63). Antes que Urrutia, Sánchez Trigueros había advertido lo erróneo de la fecha del 13 de abril basándose en un carta del 7 del mismo mes que mandara el moguereño, desde Madrid, al poeta José Sánchez Rodríguez (1984: 15).

[13] En el Álbum Hispano-Americano también debió de publicar algo. Desgraciadamente no hemos podido acceder a ningún ejemplar del mismo para constatar tal hecho ni creemos que se conserve en realidad alguno. Sánchez Trigueros sí tuvo acceso al nº 2 (9-5-1900) de dicha revista, en el que Villaespesa dio a conocer algunos fragmentos de lo que después sería el “Atrio” de Almas de violeta (1974: 109), pero no hemos podido hallar dicho ejemplar en ninguna biblioteca ni archivo públicos.

[14] Amén de observar aquí el curioso paralelismo entre Villaespesa y Juan Ramón a la hora de introducir a sus interlocutores la disculpa sobre el asunto Escalante, percibimos claramente el empeño del de Moguer por desvincularse de Escalante: llega a decir en la segunda de las cartas que no le conocía personalmente cuando en realidad viajó con él en tren hasta Madrid. En cuanto a la presentación de Escalante a Orbe, efectivamente, en una carta anterior Juan Ramón solicitaba al vasco “crónicas para Relieves, nuevo periódico de la gente nueva” (6-4-1900, en Urrutia, 1991: 56), detalle que denota el grado de implicación de Juan Ramón en el proyecto literario-periodístico de Escalante. En cuanto al incidente de Relieves, tuvo que ocurrir a mediados de mayo, ya que es narrado en la carta de Villaespesa que en parte hemos reproducido, fechada en mayo de 1900, y en ella el almeriense hace mención a unas cuartillas que Juan Ramón ha enviado a Sánchez Rodríguez para que se las devuelva con versos y tal envío se produjo a través de una carta que Juan Ramón mandó a Sánchez Rodríguez escrita el 14 de mayo (Sánchez Trigueros, 1984: 49-50).

[15] Para saber más sobre ambas obras, vid. La Alhambra, Granada, nº 72, 31-12-1900, pp. 574-575, y nº 86, 31-7-1901, p. 333; y también Rayos X, Granada, nº 6, 20-1-1901, p. 2.

[16] Podría pensarse en la autoría de Julio Romero de Torres, pues la joven tiene ese aire de sus típicos retratos de morenas andaluzas y además este pintor era cuñado de Julio Pellicer, en principio amigo de Escalante, como sabemos. No obstante, parece poco probable, ya que por esta época el pintor cordobés ya firmaba con sus apellidos.

[17] La única diferencia consiste en que en La copa… el nombre de su autor y el año de edición figuran en color verde y en La Riada van en negro. De hecho, el diseño de la portada de La Riada se parece mucho más a La copa… que éste a Ninfeas. El libro juanramoniano mantiene en común con los otros dos solamente el fondo blanco de la portada, ya que el resto es diferente, especialmente en el tipo de letra. Únicamente el color verde de todas las palabras de la portada Ninfeas coincide con algunas —muy pocas— de las palabras de la cubierta de La copa…

[18] En lo relativo a Noriega Ruiz, su papel en la Colección “Azul” parece relevante, aunque no por razones literarias —este detalle lo desarrollaremos más adelante—. Gracias a una semblanza de este personaje publicada primero en el Álbum Salón de Barcelona (nº 36, 16-2-1899, pp. 46-47) y después en la revista malagueña Noche y Día (nº 176, 11-12-1900, s. p.) escrita por el propio Escalante Gómez, conocemos el hecho de que era un importante ingeniero que vivía en México o que había dado a la imprenta un gran número de obras de carácter científico e inventado una larga serie de aparatos relacionados con la telefonía y la electricidad. Al margen de su principal vocación, la científica, había dado a conocer también algunos dramas (Virginia), comedias (Anuncio preferente, Una fiesta en Villa Rita, El Padre nuestro, Con las mismas armas, La raza blanca) y monólogos (¡Golondrinas, atad las alas!, La vuelta al nido, Todo por ella, Loco por el arte), una zarzuela (María) y, en prensa, varios relatos y poemas. Su poesía era típicamente realista —tal y como se puede deducir de sus poemas “El Pensamiento” y “Tú y yo” publicados en el Álbum Salón, 1899, pp. 74 y 248.

[19] Segundo Lozano y Angulo, a tenor de sus múltiples colaboraciones en la prensa gaditana finisecular, debió de haber nacido en Cádiz o al menos estar muy vinculado a la ciudad. A principios de 1898 escribía una sección titulada “A manera de crónica” en La Opinión de Cádiz, una mezcla de crónica nacional, internacional y sobre todo local. Publicó artículos, relatos y especialmente poemas en el “semanario festivo ilustrado” El Cocinero (Cádiz) a finales de 1900. Colaboró también en la revista gaditana Juan Palomo, al menos en 1896, donde además se publicó un retrato suyo en el nº 552 (10-12-1896, s. p.). Su poesía era predominantemente de tema amoroso y de estilo realista.

[20] En el Anuario-Guía de la Prensa Española é Industrias Anexas con Secciones de Publicidad de 1897 (pp. 29-30) encontramos una pequeña biografía de Ortega Morejón en la que podemos conocer que era madrileño, abogado y conservador. En la década de 1880 obtuvo varios premios poéticos en Madrid, uno de ellos entregados por Alfonso XII, el cual le granjeó desde entonces la amistad de la Familia Real. Obtuvo también varias condecoraciones importantes (como la Cruz de Carlos III en España o la encomienda del Busto del Libertador en la República de Venezuela) y desempeñó cargos de relevancia en su país (Mayordomo de semana de la Casa Real y Oficial auxiliar del Ministerio de Gracia y Justicia). Fue “Abogado fiscal de la Audiencia de Jerez de la Frontera, ascendiendo en 1890 al mismo cargo en la territorial de Barcelona, donde estuvo hasta 1891, en que fué trasladado á la Audiencia de Cádiz como teniente fiscal”. En cuanto a su producción literaria, en 1883 estrenó en Madrid la obra dramática Epílogo de una culpa y un año después un monólogo dramático titulado ¡Madre!; en Jerez y en Cádiz se representaron también sus obras El sol nuevo y Un crimen por la virtud. En 1887 publicó además “un tomo de Cuentos y poesías, que tuvo gran aceptación”. Fue colaborador en estos últimos años del siglo XIX de El Hogar y La Publicidad, de Barcelona, y en Madrid de las revistas España, Ilustración Española y Americana y Madrid Cómico, así como del periódico La Época; lo hizo también en las publicaciones gaditanas La Dinastía, El Manifiesto de Cádiz y El Heraldo de Algeciras, amén de en El Porvenir de Sevilla y el Diario de Córdoba “y, en una palabra, en todos ó casi todos los periódicos de Madrid y provincias, así como en los de la Habana y Manila”.

[21] Acerca de la dirección del domicilio de Pellicer en Madrid no cabe dudar, ya que esa es la dirección desde la que escribe Juan Ramón a Timoteo Orbe según una carta que le enviara el 6 de abril de 1900, en la que además deja constancia del aprecio que siente por el dueño de la casa: “Tengo un sumo placer en presentarle a mi querido amigo Julio Pellicer, uno de los pocos jóvenes que hacen arte. Es un gran amigo” (Urrutia, 1991: 56). Y tampoco cabe duda de que ése es el domicilio de Julio Pellicer porque ello queda claro en la “Carta de Francisco Villaespesa a José Sánchez Rodríguez de mayo de 1900” (en Sánchez Trigueros, 1974: 233), en la que Villaespesa le ruega a Sánchez Rodríguez que le escriba a la dirección de Pellicer, ya que no va a poder estar en la suya habitual, calle del Pez, nº 28, 2º, que era en realidad “el piso de la familia de Elisa, (…), donde todavía vivían el almeriense y su esposa” (Sánchez Trigueros, 1974: 107). Ya el propio Juan Ramón afirmó que su domicilio estaba en la calle Mayor 16 en el “Recuerdo al primer Villaespesa (1899-1901)” (Jiménez, 1961: 64).

[22] En esta época era posible que las recensiones de los libros que iban saliendo a la calle se publicaran de forma inmediata si el autor del artículo poesía ya el libro de antemano y si la publicación en cuestión gozaba de una periodicidad diaria o como mucho semanal. No obstante, lo normal era que estos artículos dilatasen su fecha de aparición a lo largo de las semanas, debido por ejemplo al envío postal de los libros, o incluso meses —a veces muchos meses—, a causa, entre otras cosas, de las dificultades para encontrar un buen lugar en la prensa, detalle que afectaba principalmente a los escritores noveles y sobre todo a aquellos que se dejaban tentar por las nuevas formas literarias, como es el caso de los modernistas.

[23] Escalante en realidad, según se puede comprobar en la página 43 de La Riada, tenía ya dos obras publicadas: Siluetas femeninas y Pequeños poemas.

[24] Desconocemos cual era el cargo que Noriega desempeñaba en México, ya que en el citado artículo de Noche y Día no se menciona, aunque bien pudiera ser de índole diplomática habida cuenta de sus títulos de “Excmo. é Ilmo.”. Sobre lo que desde luego no se deja duda en dicho texto es en lo relativo a su boyante situación económica, lo que redunda en la hipótesis del socio capitalista de la Colección “Azul”.

[25] Además, casi con toda seguridad, a través de él obtendrían la colaboración de Rueda en “Azul”, ya que Pellicer era uno de sus discípulos más queridos (vid. Vida Nueva, nº 77, 26-11-1899, p. 4, y nº 85, 21-1-1900, p. 4).

[26] Palau de Nemes cuenta cómo, allá por 1913, asumió la dirección de las publicaciones de la residencia de Estudiantes y “[e]n 1915, la Residencia publicó dos obras de Azorín, El Licenciado Vidriera visto por Azorín y Al margen de los clásicos, y preparaba la publicación de obras de Unamuno, Antonio Machado y otros escritores de peso, atraídos por la excelente presentación de la serie, al cuidado de Juan Ramón” (1974: 534 y 564).

[27] Las conexiones entre Lozano y Ortega Morejón con Cádiz, ciudad natal de Escalante, apuntan en este sentido. Si bien es cierto que Pellicer dedicó al segundo de ellos el relato “Apunte” de Tierra andaluza (1900: 127), puede que fuese Escalante quien los pusiese en contacto; parece, además, claro que la amistad entre éste y Ortega Morejón era antigua y sólida, ya que el prólogo de Siluetas femeninas (1897), primer libro del autor de La Riada, lleva la firma de Ortega Morejón (El Lince, Cádiz, nº 117, 23-9-1897, p. 3). En cuanto a Noriega no cabe duda de la amistad entre él y Escalante, tal y como se desprende de la dedicatoria de La Riada y las elogiosas semblanzas suyas publicadas en el Álbum Salón y Noche y Día ya mencionadas.

[28] Tengamos en cuenta también el reverso complementario de este argumento, ya que, por muy amigos que fuesen dichos autores de Juan Ramón y Villaespesa, las formas poéticas que el moguereño y el almeriense estaban cultivando ya por estas fechas y que verían la luz a través de Ninfeas y La copa…, digamos que no eran políticamente correctas en el mundillo literario español. Una prueba de ello es el vacío que hizo la prensa en torno a estos libros una vez publicados, el cual es mucho más perceptible en el caso de Villaespesa, ya que sus dos anteriores libros, Intimidades (1897) y Luchas (1899), habían tenido una buena acogida. Por tanto, puede que el éxodo de los autores de “Azul” fuese un deseo compartido tanto por éstos como por los que iban a formar “Lux”.

[29] En una carta de Villaespesa a Sánchez Rodríguez, que Sánchez Trigueros data de mayo o junio de 1900, aunque probablemente sea de principios de mayo, se dice: “Antes del quince recibirás mi libro «La copa del Rey de Thule», y los dos de Ximénez (sic)” (1974: 232). Teniendo en cuenta que aún no había surgido la Biblioteca “Lux”, esta frase da a entender que Ninfeas y Almas de violeta tenían planificada ya su edición y es posible que dicha edición tuviese lugar dentro de “Azul”.

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