En busca de Talía y de Melpómene. ¿Existe el teatro modernista?
10 08 2009
GEORGE COLE (Texas Tech University).
Existen piezas teatrales que pueden ser consideradas como obras dramáticas modernistas y que requieren la apertura de un diálogo crítico. Aquí se analizan varios títulos y se presentan características que son similares a otras obras modernistas pertenecientes a otros géneros de este movimiento artístico. La existencia o no de lo que se podría llamar “teatro modernista” es un punto que no ha tenido una gran discusión por parte de la crítica.
La gran mayoría de los estudiosos del tema piensa que el modernismo como movimiento literario es principalmente poético, con algunas incursiones en la narrativa y, por lo tanto, no existe el teatro modernista. El propósito del presente trabajo es echarle una ojeada a ambos lados del debate y analizar diferentes textos teatrales para determinar si pueden ser considerados como modernistas basándose en las características asociadas a este movimiento literario. Gran parte de la crítica se posiciona del lado de Jaimes-Freyre cuando dice que: “los modernistas que escribieron poesía y cuentos cortos, y hasta novelas, nunca escribieron teatro” (152). Schmidhuber también concluye que no existió dicha manifestación artística.
Por otro lado, hay críticos que piensan que sí hubo un teatro modernista. Neglia opina que: “en el teatro el modernismo coexiste con el realismo hasta aproximadamente 1925, compartiendo la escena después de esa fecha con otras tendencias teatrales” (549). Para este crítico las piezas Lo que buscaba don Juan y En la tela del sueño de Enrique Larreta deben ser consideradas como modernistas. Otras piezas que Neglia considera modernistas son El Pierrot negro y La copa inhallable de Leopoldo Lugones. Para él es importante recalcar el hecho que esta obra es producto de uno de los modernistas más importantes de Latinoamérica.
El propósito del presente artículo es analizar ciertas piezas teatrales escritas por autores modernistas, y mostrar que sí hubo una producción dramática dentro de este movimiento literario. Para llevar a cabo el estudio se intentará encontrar las características asociadas al modernismo dentro de los textos dramáticos estudiados probando así que sí se dio dicho teatro; y que el que sea menos conocido es a causa de ser un género literario para las masas y no para una elite intelectual como en el caso de la poesía.
Lugones, al igual que muchos modernistas, se siente fascinado por la Commedia dell’Arte y le servirá de inspiración en su creación literaria (no olvidemos Pierrot y Colombina de Rubén Darío). Neglia describe la pieza de Lugones como una obra ”típicamente modernista en el ambiente fantástico que recrea” (552), va más allá al decir que “es un compendio de todas las artes: mímica, música, color, danza, en un todo armónico y sumamente teatral. Las carcajadas de Colombina y la presencia de la luna sirven de elementos unificadores” (552). La mención e importancia de la imagen de la luna llama la atención, no olvidemos que es parte de las imágenes modernistas pues transporta al poeta al ambiente de la mitología y el mundo clásico.
El Pierrot negro y La copa inhallable son piezas escritas en verso y como dice Neglia: “el lenguaje es típicamente modernista, de refinamiento estilístico: predomina lo sensorial, se usan sinestesias y se toman licencias en acuñar epítetos nuevos y crear imágenes de mucha sensibilidad” (553). Otra característica importante es la postura antimaterialista de estas piezas, el tema del arte y la nota antiburguesa del poeta, elementos modernistas todos.
Un recurso interesante es el que usa en la pieza Los tres besos en el que se le pide al poeta que componga una comedia y al final se revela que el autor de la misma es “Leopoldo Lugones, Doctor en Lunología”. El usar el teatro dentro del teatro, y la mezcla del mundo escénico con la vida hace esta pieza modernista muy novedosa.
Otra pieza que puede llamar la atención es El Grito de Lares de Luis Lloréns Torres. Dicho autor, al cual Martínez Masdeu describe como: “la figura de mayor prominencia en el movimiento modernista puertorriqueño” (243), incursiona en el teatro con la antes mencionada obra. Ésta podría ser considerada como un ejemplo de teatro modernista. Lloréns Torres la considera un drama histórico-poético en la cual se recrea un momento dentro del movimiento independentista de la Isla.
Aunque la pieza posee elementos realistas como la reproducción de la manera de hablar del campesino, también se hallan partes en verso como por ejemplo: “Desde aquella tarde… Oh, tarde bendita, / de puros y dulces y azules ensueños, / tejidos en mi alma, forjados / al suave calor de tu pecho, / mientras la llovizna / zumbaba en los techos, / y el alma me dabas / rendida en tus ojos, / dormida en tus ojos, / soñando en tus ojos, / así como sueña luna en el cielo…!” (264)
Este fragmento muestra algunos elementos característicos del modernismo como el gusto por las imágenes sensoriales simples que apelan a los sentidos más que al intelecto, un fin estético y claro la mención al color azul y a la luna lo cual es una constante dentro de la poesía modernista.
Si se toma éste y otros fragmentos poéticos de la obra, y se ve la temática general y el uso de la literatura como base cultural, en este caso el aspecto histórico, entonces se puede catalogar la pieza como representativa del teatro modernista.
Habrá quien argumente que la pieza contiene partes en versos pero, que en comparación con el contenido en prosa de la misma, no tiene un valor estético y le falta musicalidad, las rimas y el verso sonoro tan característico del movimiento modernista. Un ejemplo de esta visión es la de Martínez Masdeu cuando dice que: “casi ausente estuvo el teatro, y cuando lo hubo, fue generalmente de dudosos méritos” (35). Es quizás esa actitud de darle poco mérito a la producción dramática la que ha impedido que se realicen más estudios sobre el teatro modernista.
Otra voz que afirma la existencia de dicho teatro es Cortés, quien menciona que muchos de los seguidores poéticos de Rubén Darío comienzan a experimentar con otros géneros, incluyendo el teatro, que alcanza popularidad entre los años 1910 a 1920 (109). Para él, el teatro modernista tiene una gran importancia dentro de la historia del teatro español y lo ve como una reacción al teatro comercial de la época (110). Se menciona como pertenecientes a esta nueva faceta dentro del modernismo a autores como Valle-Inclán, Villaespesa, los hermanos Machado y Benavente.
Ese posible teatro modernista se presenta en modalidades diferentes. Por un lado se encuentra el llamado teatro modernista poético. Éste se caracteriza por tener temas históricos y legendarios, y estar escrito en verso, normalmente en octosílabos. Para Cortés las obras Doña María la Brava de Marquina y La Tizona de Ramón Godoy son representativas de este tipo de teatro (112).
Otro tipo sería el teatro modernista con tendencias impresionistas, el cual se interesa por la realidad interna y no por la externa. Se puede considerar a Las Adelfas de los hermanos Machado como representativa de esta vertiente.
Otro grupo es el teatro modernista no escrito en verso, casi todo representado por Valle-Inclán. Estas piezas se caracterizan por la mezcla de elementos trágicos y cómicos, y un gran lirismo. El problema de estas obras es su dificultad para ser escenificadas.
La última vertiente sería la del teatro modernista que tiene que ver con la realidad subconsciente. Cortés lo describe como “… el acercamiento del Modernismo al Surrealismo, donde la imaginación al combinarse con la poesía o prosa poética se deja llevar por el mundo de la fantasía y llega a la deformación de la existencia dentro de un mundo ilusorio”. (113) Aquí se pueden incluir las primeras obras de García Lorca y El señor de Pigmalión de Jacinto Grau.
El teatro modernista añade elementos orientales, además de los antes mencionados, para dar un aire de misterio y exotismo; al igual que la poesía modernista, no es una producción dirigida a las masas, sino para ciertos círculos intelectuales, es por eso que quizás no tiene tanto éxito y no ha generado interés.
En el caso de Benavente, éste se inspira en la Commedia dell´Arte al igual que Lugones para crear piezas como Comedia italiana en la que interaccionan Colombina y Arlequín, y La blancura de Pierrot. Estas piezas contienen un gran contenido estético, elementos renacentistas y presentan un ambiente de sensualidad.
Una pieza que llama la atención es la titulada Modernismo. En ésta, Benavente se burla del concepto de modernismo por boca del Modernista al decir que: “Lo del modernismo, créalo usted, es una palabra más. Una palabra cómoda, como todas las palabras, porque ahorra muchas ideas; dice usted modernista y se quita usted de pensar en muchas cosas; dice usted de un escritor que es modernista y ya tiene usted hecho medio artículo crítico; lo otra mitad la traduce usted de Lemaitre”. (230)
Quizás se podrían usar estas palabras para mostrar que sí existe el teatro modernista, que el que se diga lo contrario responde a la opinión de los críticos la cual es, en muchas ocasiones, arbitraria.
Otro elemento interesante de dicha obra es la opinión que se da de lo que escriben los modernistas. Dice el personaje llamado Autor que algunas personas opinan que estos escritores crean textos sin asunto pero que el asunto debe ser escribir bien (233). Otro punto que sirve como defensa al modernismo es el final de la obra cuando el Modernista dice: “Trabaje usted con fe y deje usted que digan. En moral, como en arte, sólo hay una expresión honrada: la sinceridad. Si somos buenos, la expresión de nuestra vida será la bondad; si somos artistas, la expresión de nuestro arte será la belleza, pero seamos sinceros ante todo”. (235)
Este fragmento muestra cómo Benavente usa el género teatral de la misma manera que un ensayo para transmitir el aspecto ideológico del modernismo.
Sería apropiado hacer un breve análisis de ciertos elementos que se pueden considerar “modernistas” dentro de una obra de Valle-Inclán, La farsa italiana de la enamorada del Rey, para poder demostrar la razón por la cual sí existe el llamado teatro modernista.
En la opinión de Brizuela esta pieza posee elementos que la acercan a una estética modernista simbolista (327). El texto combina modernismo con esperpentismo para superar la realidad utilizando los sueños. Quizás lo que más llama la atención es el uso del verso por parte de Valle-Inclán al escribir las acotaciones. Brizuela menciona que dichos versos endecasílabos: “se ajustan a la concepción tradicional del lenguaje modernista: retoricismo, esteticismo, lengua artificial, musicalidad, sensualidad, etc.” (328).
Pasemos a mostrar algunos pasajes del texto para ver cómo se ajustan a las características del modernismo. Al comienzo de la pieza encontramos la siguiente descripción del decorado: “Sobre la cruz de dos caminos llanos / y amarillentos, una venta clásica: / Corsarios, labradores, estudiantes / sestean por las cuadras y pajares. / Entre los sayos de estameña parda / cantan verdes y granas pastoriles. / El patio de la venta es humanista / y picaresco, con sabor de aulas / y sabor popular de los caminos: / Tiene un vaho de letras del Quijote. / El cielo azul, las bardas amarillas, / y el hablar refranero: Las Castillas”. (17)
En este ejemplo se puede apreciar un paisaje modernista que evoca espacios en los que abundan los jardines, el color azul, un ambiente de gran belleza y agradable a los sentidos.
Las descripciones de espacios similares se encuentran por todo el texto como cuando Valle-Inclán nos transporta a: “Un jardín. Una logia. Fustes jónicos. / Sombras moradas y amarillo el sol. / Jardines de un palacio: Arquitectónicos / jardines, como pinta en Rusiñol”. (219) Con respecto a este fragmento Brizuela argumenta que: “La sensual blandura y feminidad del jónico resalta en el contraste de luces y sombras, en un jardín de perfecta arquitectura. Las “sombras moradas” recuerdan a las de Juan Ramón Jiménez, notable conocedor de la pintura impresionista. Los colores predilectos son los azules, en los que se recortan y desvanecen los amarillos junto a los morados y malvas”. (330)
Es importante recordar que los modernistas poseen una actitud muy cosmopolita y un alto sentido estético, por eso se aprecia la incorporación de ciertas tendencias existentes en la pintura en su producción literaria. Se ve el paisaje como un cuadro, creando un ambiente que combina sensualidad, sentimentalismo y melancolía.
La protagonista de la obra, Mari Justina, es la perfecta heroína modernista, de hecho parece sacada de un poema de Rubén Darío pues vive en un estado de ensoñación, escapando de la realidad y enamorada simplemente del ideal. Maese Lotario la describe: “Como las encantadas princesas de los cuentos, / suspira en un palacio de azules pensamientos, / y se muere de amor como se mueren ellas, / y le duelen los ojos de contar las estrellas. / Con el azor al puño y el sol sobre la frente / os vi. Soy una niña que os amó de repente, / y deshojó su ramo de rosas una a una, / con ojeras de pena y con manos de luna”. (249)
Esos versos recuerdan a aquellos en que Darío cuenta la historia de Sonatina: “La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa, / que ha perdido la risa, que ha perdido el color”. (42) En ambos casos se presenta esa melancolía por el amor que parece inalcanzable.
En un trabajo sobre el fenómeno del teatro modernista en Cataluña, Valdivieso no sólo establece su existencia, sino que plantea que: “el dramaturgo modernista en Cataluña va a exaltar la figura del artista con la misma decisión que desdeña al burgués y al obrero, esclavizados ambos por tareas rutinarias que no eran más que antípodas del ideal modernista” (397). Se puede considerar como un reflejo del cambio de estética que se estaba dando en la escena europea.
Para concluir, se puede decir que sí se puede hablar de un teatro modernista pues, como se ha visto, hubo una producción dramática por parte de escritores pertenecientes a dicho movimiento. Además, los diferentes autores incorporaron los elementos modernistas en sus escritos. La pregunta es cuál es la razón por la cual la crítica se rehúsa a admitir unánimemente la existencia del mismo, la respuesta quizás la podemos encontrar en el Modernismo de Benavente cuando el Modernista dice: “Tenga usted en cuenta que el teatro es género literario y espectáculo al mismo tiempo. El autor dramático ha de interesar y conmover, o por lo menos entretener al público; pero usted habrá visto charlatanes de plazuela, que en punto a interesar, conmover, entretener y sacar los cuartos a su auditorio (es decir, conseguir el fin que se proponían), pueden apostárselas con el orador más elocuente”. (232-3)
Hay que recordar que el modernismo va dirigido a unas minorías intelectuales, por lo tanto, es de fácil comprender que el género dramático no haya tenido gran éxito (el éxito lo determinan las masas que acuden a las representaciones) y como consecuencia se considere sin valor la producción perteneciente a esta corriente. Lo que no se puede es negar su existencia, en particular si se tiene en cuenta cuán subjetiva suele ser la crítica en su evaluación de la literatura.
Obras citadas
Benavente, Jacinto. Teatro fantástico. Madrid: Imprenta de Fortanet, 1905.
Brizuela, Mabel. “El teatro modernista de Valle-Inclán: una lectura de La farsa italiana de la enamorada del rey”. Alba de América. 13.24-25 (1995): 327-41.
Cortés, Eladio. “El teatro modernista: ¿Romántico, poético, histórico? Consideraciones sobre su existencia”. La Chispa ’95: Selected Proceedings. Ed. Claire J Paolini. New Orleans: Tulane University, 1995. 109-16.
Darío, Rubén. Poesía. Ed. Pere Gimferrer. Barcelona: Planeta, 1987.
Jaimes-Freyre, Mireya. “La ausencia de un teatro modernista en Hispanoamérica”. El teatro en Iberoamérica. México: International Institute for Ibero-American Literature, 1966. 149-55.
Lloréns Torres, Luis. “El Grito de Lares”. Obras completas Vol. 2. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1969.
Martínez Masdeu, Edgar. La crítica puertorriqueña y el Modernismo en Puerto Rico. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1977.
Neglia, Erminio G. “El teatro modernista de Leopoldo Lugones”. Revista canadiense de estudios hispánicos. 17.3 (1993): 549-56.
Schmidhuber, Guillermo. “El modernismo hispanoamericano y el teatro: una reflexión”. Revista Iberoamericana. 146-147 (1989): 161-71.
Valdivieso, L. Teresa, “Teatro catalán y modernismo”. La Chispa ’95: Selected Proceedings. Ed. Claire J Paolini. New Orleans: Tulane University, 1995: 395-402.
Valle-Inclán, Ramón del. “Farsa italiana de la enamorada del Rey”. Teatro selecto de Ramón del Valle-Inclán. Ed. Anthony N. Zahareas. Madrid: Escelicer, 1969.
Yurkievich, Saúl. Celebración del Modernismo. Barcelona: Tusquets, 1976.
George Cole. Texas Tech University.




