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“¡Oh, el Modernismo!” (1900)

10 08 2009

Sátira de Agustín R. Bonnat contra los escritores modernistas. 24 de marzo de 1900.

Despacho del director de un periódico semanal.

 

García- Señor Director, un joven… así, bastante extraño, pregunta por usted.

Director- ¿Su nombre?

García- No lo ha dicho; ha manifestado que le mandaba D. Junípero Buencia.

Director- ¡Ah! Pronto, García, que pase ese joven; es recomendado de Buencia y a este no hay que desairarle; vale mucho, tiene talento, y sobre todo muy mala lengua; le hace a usted un chiste, sobre cualquier cosa ridícula de usted, o de su familia, en menos que canta un gallo.

García- ¿A mí?

Director- A usted o a mí, a todo el mundo; es una especie de pulga. Se pasa la vida levantando ronchas; no hagamos, pues, esperar a su protegido.

García- Voy a buscarle (sale).

Director- (monologueando)- Sí, con estos chicos modernistas toda precaución es poca, y malo que la tomen con uno, porque no es que den picotazos de águila ¡pobrecillos! pero sí pinchacitos de mosquito y esto siempre resulta desagradable. Recibamos por tanto de buena manera a ese joven.

Godínez- (saludando desde la puerta).- ¿El señor director?

Director- Servidor, pase usted… tenga la bondad, siéntese.

Godínez- Gracias. Mi amigo Buencia…

Director- Sí, ya sé, me ha hablado de usted con entusiasmo, sé que vale usted mucho…

Godínez- ¡Yo!…

Director- Sí, no sea modesto.

Godínez- Digo que yo… ya sé que valgo, esto no admite lugar a duda, pero como no siempre el genio es comprendido a las primeras de cambio.

Director- ¡Bonito giro!

Godínez- Hay que procurar darse a conocer, demostrar a todos estos imbéciles…

Director- Estamos solos.

Godínez- Digo en general. Llamo así al público, a los escritores, porque, sí, señor, estamos padeciendo la tiranía de la imbecilidad y esto ya no se puede soportar por más tiempo.

Director- Muy justo.

Godínez Rompamos con todo lo viejo, rutinario y anticuado que en nuestro país exista, despreciemos las reputaciones adquiridas, odiemos las obras que han conseguido renombre y sepultemos en el olvido a esa turba de escritores que nos dan la castaña.

Director Y ¿diga usted? y esto no es contradecirle, ¿qué nos queda entonces?

Godínez ¿Cómo que qué nos queda? Nos queda la luz, lo nuevo, lo exótico, lo que hasta ahora no se ha explotado, lo moderno, esa es la palabra; quedamos nosotros, quedo yo.

Director- ¡Bravo joven! ¿Qué harán ustedes?

Godínez- Todo.

Director- ¡Bravo, otra vez!

Godínez Escribiremos novelas, verdaderas novelas, chorreando psicología por todos los capítulos, no como aquellas que escriben Galdós, Pereda y Palacio Valdés y tantos otros; no señor. Mire usted, yo tengo pensada una, que créalo usted, va a ser una preciosidad.

Director Lo creo ¿Qué asunto?

GodínezUnos amores, es lo único viejo que tiene. Describo las relaciones entre la Pingajos y el Posturas.

DirectorBonitos personajes.

GodínezTambién andan mezclados entre ellos un príncipe italiano y una cocotte francesa ¡pero qué bien! ¡Oh! He de lograr pintar el alma de la Pingajos, tal como yo la imagino; he de dar a conocer las exquisiteces del Posturas, porque ¡si viera usted qué interesantes son esos tipos! Los anhelos y vaguedades de alma femenina en ella y los arranques viriles en él, me inspiran páginas ternísimas.

Director-  ¡Ah claro! Han de ser ideales los arranques viriles del Posturas y los anhelos de la Pingajos. Son dos tipos verdaderamente sentimentales. ¿Y en poesía?

Godínez- ¡Oh, mi lenguaje favorito! Mire usted, he inventado catorce medidas nuevas para el verso.

Director- ¡Hola!

GodínezSí señor; es tan antiguo eso de octosílabos, de endecasílabos y alejandrinos. Mire usted, tengo una composición en verso de diecinueve sílabas alternando con otros de tres sílabas, que ya verá, ya verá; es una combinación que uso mucho para llorar desengaños.

Director¿Pero parece verso?

GodínezDiré a usted, al principio no, pero eso es lo de menos; yo no escribo para el vulgo; hago mis producciones para los intelectuales, los que saben apreciar estas cosas, ¿está usted?

Director- Claro, ¿y hay más?

Godínez- ¿En poesía? Ya lo creo; tengo en preparación un tomo de poesías eróticas, que ya verá usted, no hay dos composiciones de procedimientos iguales entre las treinta y ocho que tendrá el libro.

Director- Muy bien, veo que usted vale y como tengo satisfacción en ayudar a todo el que empieza con bríos, le ruego me dé algún artículo para el periódico.

Godínez- ¿Cómo le quiere usted?

Director- No sé, como más se lleve.

Godínez- ¿Le quiere usted de costumbres o de crítica?

Director- Eso, de crítica

Godínez- ¿Crítica fuerte o sencillita? ¿Molestando a dos o tres personas nada más o metiéndonos con altas personalidades?

Director- ¡De esos!

Godínez- Le tendrá usted; precisamente germina una idea en mi cerebro a que inmediatamente daré forma.

Director-  ¿Con que una idea? Rara avis.

Godínez- Sí, señor; estoy harto de oír alabar a Cervantes,  Víctor Hugo, Shakespeare, Calderón y otra porción de imbéciles.

Director- (levantándose incomodado)- ¡¡Joven!!

Godínez- ¿Qué?

Director-  (reponiéndose).- Usted es un genio. Corra, corra a escribir ese artículo y tráigamelo en seguida.

Godínez- Sí, señor, voy; con que, con el permiso de usted.

Director- Adiós, Sr. Godínez, soy su servidor.

Godínez- Lo mismo digo, muy buenas.

Director-  ¡Ah!, dígame; si ya no podemos contar con esas personalidades que usted va a derribar ¿en quién creeremos?

Godínez- En un chico ruso, que ahora se encuentra en Madrid y que versifica en español como los propios ángeles.

Director- Corra, corra a escribir ese artículo (sale Godínez, pausa). ¡¡Dios mío!! ¿Son éstos los que vienen?

 

Agustín Rodríguez Bonnat “¡Oh, el Modernismo!”. Madrid Cómico, 24 de marzo de 1900.

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