Amalia Domingo Soler, una escritora espiritista en el siglo XIX
12 04 2009
AMELINA CORREA RAMÓN (Universidad de Granada). Este abril de 2009 cumplimos cien años de la desaparición de la sorprendente escritora y espiritista sevillana Amalia Domingo Soler (1835-1910), para quien “los muertos son los invisibles, pero no los ausentes”.
Los discípulos de quien fuera prestigiosa escritora espiritista en los inicios de un poderoso movimiento que llegaría a adquirir carta de naturaleza como corriente de pensamiento en la sociedad occidental de la segunda mitad del siglo XIX han conservado hasta nuestros días un excepcional documento histórico que consagra peculiarmente su memoria. Se trata de un cuadernillo impreso con diversas ilustraciones fotográficas y cuya portada reza elocuentemente: “Recordatorio de la desencarnación de Amalia Domingo Soler”. Dicha desencarnación –dicho fallecimiento- se había producido el 29 de abril de 1909, después de una trayectoria filantrópica y cultural, pero también ocultista, que le había otorgado un amplio prestigio en las hermandades espiritistas de toda España pero sobre todo en Barcelona, ciudad donde había desarrollado la mayor parte de su vida. De este modo, el cuadernillo reproduce una sobrecogedora imagen de la escritora, amortajada durante su velatorio, así como diversas fotos que recogen las concurridas calles de la ciudad condal al paso del cortejo fúnebre.
Se cumple, por tanto, ahora el centenario de la desaparición de esta sorprendente escritora, considerada aún hoy en día una autoridad en los círculos espiritistas internacionales, pero desconocida casi totalmente por nuestra historia literaria. [1]
Amalia Domingo Soler había nacido en Sevilla el 10 de noviembre de 1835. Su infancia y juventud estuvieron marcadas por muchas penalidades, incluyendo una salud frágil y un grave problema de visión que casi la dejó invidente. Aunque se recuperó parcialmente, sufría una debilidad de la retina que la acompañó durante toda su vida. Si bien físicamente fue de constitución enfermiza, ya desde muy temprana edad exhibió un carácter fuerte y decidido. Amalia Domingo se mostró siempre muy crítica con las injusticias sociales y valiente en la denuncia de las mismas.
Sólo pudo cursar estudios primarios, pero demostró una gran precocidad en su interés por la literatura, escribiendo sus primeros poemas a la edad de diez años y dándose por primera vez a conocer a los dieciocho. A comienzos de 1858 aparecen igualmente varios poemas suyos en la revista sevillana Museo literario.
Tras el fallecimiento de su madre en junio de 1860, la autora atravesó una etapa de profundo abatimiento, trasladándose en breve a las islas Canarias, donde vivió acogida por una familia amiga por espacio de tres años. Al término de los cuales regresó a su ciudad natal, donde se dedicó a la costura como único medio de subsistencia. Pensando que tanto sus obras literarias como la confección de prendas serían mejor retribuidas en Madrid, la escritora decidió trasladarse allí, donde pronto inició su colaboración con la revista Álbum de las familias, en la que publicó varios textos de temática bastante convencional en el año 1866. En la misma línea no rupturista con la tradición se encuentran sus colaboraciones en otras varias revistas, además de su libro Un ramo de amapolas y una lluvia de perlas, o sea, un milagro de la Virgen de la Misericordia (1868), alejado ideológicamente de las obras que harán posteriormente conocido el nombre de la autora.
La continua dedicación al ejercicio profesional de la costura hizo que su vista volviera a resentirse aún más, hasta el punto de quedar casi ciega. Desesperada, recorre innumerables consultas de médicos y atraviesa por una etapa de crisis personal en la que incluso se le pasa por la cabeza la idea del suicidio.
Será en esos momentos, hacia comienzos de la década de los setenta, cuando Amalia Domingo entre en contacto con el espiritismo, a través de la revista El Criterio, que explicaba el perfeccionamiento del espíritu humano mediante sucesivas reencarnaciones y la comprensión de las faltas cometidas en vidas pasadas a partir de la expiación en la existencia presente. La escritora queda absolutamente fascinada por las doctrinas espiritistas y considera que dan respuesta a todas las cuestiones trascendentales para las que había buscado solución hasta ese momento. Gracias a su primera colaboración en El Criterio entrará en contacto con el vizconde de Torres Solanot, reconocido espiritista que pronto la acogería bajo su protección y patrocinio.
Desde esa fecha y hasta su muerte colaborará asiduamente en publicaciones especializadas en esa materia, tanto españolas como americanas, donde dará a conocer más de dos mil artículos, poemas y cuentos.
En junio de 1876 la escritora traslada su residencia de manera definitiva a la ciudad de Barcelona, llamada por la sociedad espiritista que editaba la revista La Buena Nueva, para la cual solicitan su colaboración activa. Allí dirigirá también por espacio de más de quince años la publicación periódica La luz del porvenir. Semanario espiritista.
Amiga y admiradora de la también escritora Rosario de Acuña, con la que comparte vinculación con la masonería y colaboraciones en el periódico Las Dominicales del Libre Pensamiento, disiente sin embargo de la manera de entender algunos planteamientos ideológicos progresistas. Así, mientras Acuña se muestra partidaria de destruir una sociedad injusta y degenerada antes de poder construir la que la sustituya, más justa e igualitaria, Domingo se decanta por una opción menos radical, y considera que resulta preferible llevar a cabo una progresiva labor de concienciación y sustitución con el fin de evitar el caos en la sociedad.
Para ello, juzgaba imprescindible la instrucción pública para el progreso de la sociedad, y se dolía profundamente del atraso en que se encontraba España, del que culpaba en gran medida a la Iglesia Católica. Así, movida por su rechazo visceral del dogmatismo y del fanatismo que coartaba la libertad de raciocinio, Amalia Domingo Soler sostuvo desde Barcelona algunas polémicas con figuras representativas de las jerarquías eclesiásticas. En concreto, llegarían a hacerse célebres sus controversias con el Padre Fita, el Padre Sallarés, el Padre Llanas y, sobre todo, con el canónigo Vicente Manterota.
En 1888 participa como vicepresidenta en el primer Congreso Internacional Espiritista, que tuvo lugar en Barcelona, con gran concurrencia y repercusión en la opinión pública.
En 1900 publica Memorias del Padre Germán, libro basado en las supuestas comunicaciones del más allá obtenidas a través de un médium y transcritas por Amalia Domingo. Cuatro años después reincide en este tan peculiar género de biografías de ultratumba, y da a conocer ¡Te perdono! Memorias de un espíritu (1904).
Después de una larga y activa trayectoria, sus últimos años de vida transcurrirán, aun con la salud muy quebrantada, en esa misma línea de escritos y colaboraciones de temática espiritista, hasta su fallecimiento, acaecido el 29 de abril de 1909 a consecuencia de una bronconeumonía. Su entierro civil tendría lugar en el Cementerio del Sud-Oeste, en la ladera del Montjuic.
En el mismo año de su muerte apareció su libro Flores del alma (1909), y tres años después, sus Memorias de la insigne cantora del espiritismo (1912), que, divididas en dos partes bien diferenciadas, presentan en la primera los capítulos redactados por la propia autora, y, en la segunda, aquellos que fueron “dictados desde el espacio por ella misma”, y recogidas sus revelaciones a través de la médium María.
Varios libros más aparecieron de manera póstuma, entre los que se pueden recordar Consejos de ultratumba (s.f.), Las grandes virtudes. Cuentos para niños (s.f.), y, de manera muy especial, se puede destacar su interesante y curiosísimo Cuentos espiritistas [2] (s.f.).
Notas:
[1]. Más información sobre esta autora se puede obtener mediante la consulta del siguiente artículo: Correa Ramón, Amelina, “Librepensamiento y Espiritismo en Amalia Domingo Soler, escritora sevillana del siglo XIX”, Archivo Hispalense (Sevilla), Tomo LXXXIII, nº 254, septiembre-diciembre de 2000, pp. 75-102.
[2]. Una cuidadosa selección de este último se ofrece en la siguiente edición, que incluye un amplio estudio sobre el fenómeno del espiritismo del XIX y sobre la figura de la escritora sevillana. Sus datos son los siguientes: Domingo Soler, Amalia, Cuentos espiritistas, selección, prólogo y edición a cargo de Amelina Correa, Madrid, Ediciones Clan, 2002.







