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Más sobre la “Marcha Triunfal” dariana

15 12 2008

RICARDO LLOPESA.  Todavía están por aclararse del todo las fuentes del poema “Marcha triunfal”, de Rubén Darío. El 12 de octubre de 1892 Dario presenció en Madrid el gran desfile del Día de la Hispanidad.  El diario “El Imparcial” de Madrid publicó una enorme maqueta de dicha cabalgata que aquí se juzga como una de las fuentes hasta hoy no tenidas en cuenta por la crítica y en la que Darío se inspiró para escribir su poema.

La “Marcha triunfal” de Rubén Darío fue escrita “la noche del jueves 23 de mayo de 1895″ (según Pedro Luis Barcia), a solicitud de su amigo Ricardo Jaimes Freyre, para ser leída por él mismo, en el Ateneo de Buenos Aires, la noche del 26, en el marco del 85 aniversario de la Independencia de la Argentina o Día Grande la Patria. Fue publicada por primera vez en El álbum de Madrid, el 2 de junio de 1899 (según Noel Rivas Bravo).

En su magnífico estudio sobre la “Marcha triunfal” (Buenos Aires, Editorial ABC, s.f. ¿1995?) el Dr. Pedro Luis Barcia, uno de los más prestigiosos investigadores de la obra de Rubén Darío, sostiene que el poema está inspirado en los triunfos latinos. Su tesis es coherente y la defiende con argumentos sólidos que evidencian las posibles lecturas de Darío como fuentes del poema.

Refuerza su teoría, apoyándose en un antecedente cercano, que es la publicación del soneto pentadecasílabo (el único de 15 sílabas), titulado “A Francia”, que se remonta al desfile militar que presenció Rubén Darío el 14 de julio de 1893, en París.

Por la fuerza del ritmo y la evocación del Arco del Triunfo, donde se rinde el homenaje, existe un parentesco de afinidad que está en el origen de la “Marcha triunfal”. Veamos lo que, mucho tiempo antes de esta polémica, escribe Antonio Oliver Belmás sobre  el soneto “A Francia”:

“Las trompas, los platillos, los timbales, todos los instrumentos del conjunto orquestal, los de viento, los de cuerda, los de percusión, están expresados aquí por Darío por medios verbales. La palabra se ha hecho toda música, onda sonora, viva, marcha garrida y marcial. Y todo sin recurrir a la silva consabida, ni a los gastados recursos neoclásicos o románticos. El modernismo había triunfado por entero cuando Rubén Darío escribió este soneto sencillamente magistral que nos revela simultáneamente a un pensador y a un musicólogo” (Antonio Oliver Belmás: Este otro Rubén Darío. Barcelona, Aedos, 1960, pág. 388).

El Dr. Barcia admite que este “soneto ‘A Francia’ es el auto-antecedente más próximo y firme para la “Marcha triunfal”. También busca precedentes porteños con los cuales se pueda identificar Darío para que sirvan de nexo con el poema, con la posibilidad “que el poeta haya asistido a algunos desfiles militares en Buenos Aires, en los dos años que llevaba en la ciudad”, pero no existen. Es cuando Pedro Luis Barcia recurre a las fuentes eruditas, remonta al pasado, llega a los clásicos latinos y se pronuncia por los triumphus, poemas heroicos que cuentan la entrada triunfal de los vencedores romanos.

Hemos dicho que Rubén Darío escribió la “Marcha triunfal” en 1895 y el soneto “A Francia” en 1893. Pero un año antes, en 1892, estuvo en Madrid como secretario de la delegación de Nicaragua para asistir a las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América.

El día 12 de octubre de ese año, 1892, presenció el más grande desfile que pudiese ver en su vida, organizado por la suntuosa monarquía española de Alfonso XII. Ese mismo día, Día de la Hispanidad, el diario El Imparcial de Madrid, publicó en sus dos páginas centrales, en la parte inferior, una enorme maqueta de lo que sería una gigantesca cabalgata por donde desfilaron a pie y a caballo, heraldos, ballesteros, arcabuceros, lanceros, músicos, marineros, guerreros, alabarderos, timbaleros, reyes de armas, portaestandartes, caciques, indios, nobles, palanquines, los Reyes Católicos, infantes, cardenales, jeques árabes, frailes, damas de la corte, caballeros, priores, soldados y Cristóbal Colón en su carroza de oro y púrpura arrastrada por diez caballos blancos, entre Minervas y palmeras, precedida por una Fama que erige su larga trompeta.

De aquí se deduce que Rubén Darío no necesitaba recurrir a la inspiración libresca ni erudita tras haber vivido una emoción tan espectacular. Lo que necesitaba era asimilar todo aquel barullo de cosas, que es lo que hizo en la isla Martín García, donde escribió la “Marcha triunfal”, en silencio, solo, y alejado del mundanal ruido.

Texto de la maqueta de “El Imparcial”

Artículo tomado del diario El Imparcial de Madrid, 12 de octubre de 1892, páginas centrales (y cuyas fotografías reproducimos parcialmente). Texto que acompaña la maqueta de lo que fue la “Cabalgata Histórica de Madrid”, consta de 35 dibujos originales del artista Jorge Bussato. Fue patrocinada por el Ayuntamiento de Madrid en homenaje a Cristóbal Colon, durante la celebración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, dice así:

“La cabalgata histórica de Madrid es obra de un literato y de un pintor. El primer pensamiento de ella se debe al popular autor de Cádiz y de Los valientes, al insigne sainetero Javier de Burgos. La composición de todos los elementos históricos y decorativos que forman la cabalgata, el desarrollo artístico de su plan, la ejecución de las carrozas, la reproducción de las carabelas, el diseño de los trajes de la época, es producto del hábil e inteligentísimo trabajo del ilustre escenógrafo D. Jorge Bussato. A él deberá Madrid este gran desfile histórico, lleno de verdad y poesía. La cabalgata histórica del Centenario, por la propiedad de su ejecución, podrá decirse que no es un desfile teatral, sino la historia misma que se ha echado a la calle.

Merecen especial atención –continúa– las tres carabelas que han sido copiadas con gran exactitud, llegando a la prolijidad en la ejecución de los detalles. Para llevar a cabo este trabajo el señor Bussato ha seguido los planos de las carabelas San María, Niña y Pinta que se conservan en los archivos oficiales y ha construido tres naves en que no falta ni un cable, ni un clavo. Estas hermosas resurrecciones de la historia, hoy tan en boga en todos los pueblos cultos, necesitan, no sólo del esfuerzo del artista que las organiza, sino el concurso de personas capaces de vestir con dignidad aquellos ropajes, que simbolizan una figura memorable. Si en Madrid se acierta a unir todos estos elementos, el éxito de la cabalgata será digno del talento de sus organizadores.

Es indudable que el Sr. Bussato ha tenido un momento de feliz inspiración al combinar todos los elementos de la cabalgata. Asistiendo al desfile, el espectador verá el remedo de todos los personajes que por la gloriosa época de la Reconquista y el descubrimiento del Nuevo Mundo influían en la vida nacional. Los reyes, sus hijos los desgraciados infantes D. Juan, Dª. Juana, el cardenal Mendoza, el rey Boabdil, los franciscanos de la Rábida, los tres Pinzones, herautes y reyes de armas con sus vistosas dalmáticas cargadas de oro, la chusma aventurera y baldía que por codicia del oro indiano llenaba las naves exploradoras, pasarán por las calles de Madrid, trayendo a la imaginación ecos y remembranzas de la lejana y grandiosa epopeya”.

Hasta aquí la cita. Leerla equivale a disfrutar de la lectura de la “Marcha triunfal” y ver la maqueta, a contemplar el solemne desfile.

El orden del desfile fue el siguiente: 1) Heraldos, a caballo. 2) Ballesteros. 3) Arcabuceros. 4) Jeques árabes, a caballo. 5) El rey Boabdil y su séquito. 6) Piqueros o lanceros. 7) Frailes de la Rábida. 8 Fray Juan Pérez, el padre Marchena y Diego Colón. 9) Músicos. 10) Los tres hermanos Pinzón. 11) Marineros de la carabela Niña. 12) Carabela Niña, arrastrada por seis caballos blancos. 13) Tripulantes, guerreros y aventureros de la carabela Niña. 14) Carabela Pinta, arrastrada por seis caballos. 15) Tripulantes y guerreros. 16) Nao Santa María, arrastrada por ocho caballos. 17) Tripulantes de la Santa María. 18) Músicos. 19) Alabarderos. 20) Timbalero. 21) Reyes de armas. 22) Los Reyes Católicos, a caballo. 23) Portaestandartes. 24) Los infantes D. Juan y Dª. Juana, a caballo. 25) Damas de la corte, a caballo. 26) El cardenal Mendoza, a caballo. 27) Fray Diego de Deza y el obispo Fray Hernando de Talavera, a caballo. 28) El Gran Capitán, a caballo. 29) Caballeros, a caballo. 30) Priores de las Órdenes Militares, a caballo. 31) Lanceros, a caballo. 32) Músicos. 33) Palanquín con trofeos, conducido a hombros por seis indios. 34) Carroza alegórica, arrastrada por diez caballos, y 35) Caciques indios, seguidos de músicos.

 

MARCHA TRIUNFAL

¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.
La espada se anuncia con vivo reflejo;
¡ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines!

Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,
los arcos triunfales de donde las Famas erigen sus largas trompetas,
la gloria solemne de los estandartes
llevados por manos robustas de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
los casos que hieren la tierra,
y los timbaleros,
que el paso acompasan con ritmos marciales.
¡Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!

Los claros clarines de pronto levantan sus sones,
su canto sonoro,
su cálido coro,
que envuelve en un trueno de oro
la augusta soberbia de los pabellones.
Él dice la lucha, la herida venganza,
las ásperas crines,
los rudos penachos, la pica, la lanza,
la sangre que riega de heroico carmines
la tierra;
los negros mastines
que azuza la muerte, que rige la guerra.

Los áureos sonidos
anuncian el advenimiento
triunfal de la Gloria;
dejando el picacho que aguarda sus nidos
tendiendo sus alas enormes al viento,
los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!

Ya pasa el cortejo.
Señala el abuelo los héroes al niño:
ved cómo la barba del viejo
los bucles de oro circunda de armiño.
Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa;
y la más hermosa
sornríe al más fiero de los vencedores.
¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera!;
honor al herido y honor a los fieles
soldados que muerte encontraron por mano extranjera:
¡Clarines! ¡Laureles!

Las nobles espadas de tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros:
las viejas espadas de los granaderos más fuertes que osos,
hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros.
Las trompas guerreras resuenan;
de voces los aires se llenan…
 A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,
que encarnan las glorias pasadas;
y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas;
y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros;
al que ama la insignia del suelo materno,
al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarcha
y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,
¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha
triunfal!…

[Martín García (Río de la Plata), mayo de 1895]

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