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Froylán Turcios, modernista centroamericano

15 11 2008

Mario Escobar

Raros son los estudios de investigación que se han detenido (y quienes lo ha hecho no parecen haber profundizado mucho) en la característica singular y no tan singular del modernismo centroamericano. En la actualidad podemos ver la presencia de personas en el ámbito de la investigación literaria que, en mayor o menor medida, están desempeñando con el necesario papel que corresponde. José Antonio Funes ha cumplido muy bien con ese papel al exponer su investigación, “Froylán Turcios (1874-1943) y el Modernismo en Centroamérica”.

El autor nos ha entregado un trabajo crítico sobre el modernismo centroamericano que da a conocer con exactitud la vida y obra de los escritores modernistas del Istmo. Asimismo, ha insertado las obras modernista centroamericana en el marco del modernismo hispánico. En efecto, su trabajo nos ha legado a textos de nuestra historia literaria, en la medida que son el punto de partida para investigaciones más amplias y profundas.

En la primera parte de la investigación, Funes desarrolla un marco histórico-social, cultural y político de Centroamérica que muestra la terrible situación que ya, desde ese tiempo, azotaba a Centroamérica. Según Funes, la incomunicación con otros países, la intervención por parte de grandes potencias y las constantes guerras civiles internas no favorecieron en nada en la creación de “un clima cultural propicio que permitiera la comunicación con las tendencias literarias en Europa” (Funes, 196). Por lo tanto, hay que destacar que “no se dieron la condiciones para el Modernismo”, ni mucho menos la gran variedad de voces modernista que sí existieron en otros países de habla hispana.

De acuerdo con Henríquez Ureña, citado en la investigación de Funes, Centroamérica “no se destacó como centro de actividad del movimiento modernista” (Funes, 198). Sin embargo, Funes mismo muestra con su trabajo que el modernismo centroamericano, a finales del siglo XIX, había logrado sintonizarse con las inquietudes presentes en el resto de los modernistas de esa época. Agrega Funes, que en las obras de estos ya se vislumbraba la clara transición entre lo normativo del romanticismo y la voz audaz del modernismo. 

Sabemos que éste supuso una integración de diversas tendencias que acoge influencias de diferentes movimientos, de todo cual resulto una poesía resplandeciente y sensual. Sin embargo, en Centroamérica, según Funes, lo que predominó fue la prosa. Esto no quiere decir que no se diera una variedad de estilos en el Istmo, razón por la cual el crítico no omite la mención de escritores centroamericanos de la talla de Gavidia, Ambrogi (salvadoreño), Rubén Darío, Rafael Ángel Troyo (costarricense), y Enrique Gómez y Rafael Arévalo Martínez (guatemaltecos).

La segunda parte de esta investigación se centra principalmente en un análisis sobre la comunicación que Turcios mantenía con el autor modernista mejor conocido como Rubén Darío. Aquí Funes no sólo trata de exponer el vínculo que conectaba al primero con el segundo, sino que también nos ayuda a ver cómo los modernistas de Centroamérica compartían “la necesidad de salir de sus fronteras para llenarse de ese mundo que sólo podían vivir de manera libresca desde sus pobres países” (Funes, 205).

La comunicación, como lo explica Funes, no sólo se daba por sus trabajos como diplomáticos de sus respectivos países, sino que también se daba a través de cartas personales en donde se criticaban sus textos y se comentaban sus penurias. Por un lado, en la correspondencia reflejaban la adhesión que todos compartían con la corriente decadentista. Por otro, daban a conocer la frivolidad que los unía. El dolor fue otro elemento que conectaba a estos escritores tal y como comenta el mismo Arévalo Martínez cuando dice que “la obra del escritor hondureño y la mía son ambas dolorosas. Y no soy yo, ni el que deba, ni el que pueda hablar de frutos que produce ese dolor tan agudo” (Funes, 207).

Como indica Funes, los modernistas centroamericanos compartían no sólo el arte sino también sus penas por “ese hastío y desaliento que manifestaban los modernistas debido a la soledad intelectual que afrontaban en una sociedad en la que, aparte de valorarse más el acenso económico y político, se imponía el atraso cultural y la guerra” (Funes, 208).

En su investigación Funes deja claro que los modernistas centroamericanos se esforzaron por estar al día, hacerse contemporáneos con sus homólogos modernistas de Europa y el resto de Latinoamérica. Pero con diferencias. En este sentido, podemos deducir que existe una estrecha relación entre la corriente modernista europea con la corriente modernista centroamericana. Todos responden, tanto en Europa como en Centroamérica, a la desesperación del hombre en el período de la modernización. Ahora bien, lo que preocupaba a los centroamericanos no era la modernización en sí, sino más bien los efectos de la falta de modernización.

Si la llamada “Generación 98” mostraba una nostalgia por la naturaleza y por el rural, tal nostalgia no tenía ningún sentido para los centroamericanos, ya que para ellos el campesino era un máximo representante de la pobreza y de las dificultades que afrontaba el Istmo. En conclusión, la labor de Funes nos ayuda a la comprensión del fenómeno modernista en Centroamérica.   

José Antonio Funes, “Froylán Turcios (1874-1943) y el Modernismo en Centroamérica”. Anales de Literatura Hispanoamericana 35 (2006): 195-220.

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