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Modernidad y Modernismo

4 10 2008

Martín Sueldo

Modernidad y Modernismo son, en la visión de Ricardo Llopesa, dos nociones con lazos indisolubles. El Modernismo ha generado la modernidad literaria. Para trabajar sobre dicha relación, el autor procede a definir cada término por separado. El primero es un término general y amplio, que se vincula fuertemente con la aparición de la burguesía. En Hispanoamérica este fenómeno se presenta hacia finales del siglo XIX. El Modernismo, por otra parte, es un segmento dentro de esa modernidad. Se define, dice Llopesa, por su nivel de tensión.

Si se considera al Modernismo temporalmente, entonces el autor arriesga a dar límites temporales más o menos precisos. En este sentido, es un espacio cerrado. A su vez, también es un espacio abierto temporalmente si se considera su diáspora y sus diversas interpretaciones en tanto fenómeno artístico. En este sentido, es un campo abierto al debate y la renovación estética. El debate abierto se condice con el concepto de moderno. Llopesa explica que, aunque su nacimiento fue con la burguesía y el libre comercio, el término ha ido adquiriendo diferentes identidades, acorde a los tiempos que le tocan vivir. La idea, pareciera ser, es que ni el Modernismo ni la modernidad resultan ser fenómenos cerrados y estáticos. Eso no significa que puedan ser intercambiables. Llopesa los diferencia y trata de establecer la relación entre ambos sin perder la precisión del lenguaje.

Hay elementos que deben ser tenidos en cuenta a la hora del estudio del Modernismo. París es un lugar importante para sus comienzos. De allí salen los parnasianos, el naturalismo, el simbolismo y los llamados “decadentes”. Ellos son los primeros en incorporar el paisaje urbano y la crisis espiritual provocada por la industrialización y el positivismo. Las capitales más importantes de ese entonces en Hispanoamérica emulan París. Se produce un trasplante cultural. Ese cambio cultural también trae la incorporación de la región a la modernidad cultural.

El escritor modernista, al igual que los parnasianos, acusa un refinamiento de sensibilidad. Esa nueva sensibilidad es la que le permite vislumbrar lo que está ocurriendo a su alrededor. Ante esto, el escritor modernista reacciona con el instrumento que posee: la palabra. La palabra adquiere renovado valor de esta manera. Así surge el discurso preciosista de parnasianos y modernistas, el mismo que ha sido caratulado de exotismo o escapismo. Hay obras que son fundamentales para entender el Modernismo. Por eso precisamente, Llopesa marca la publicación de Cantos de vida y esperanza (1905) de Rubén Darío como la plenitud del movimiento. Darío queda así como un referente inexpugnable de la revolución literaria que supuso el Modernismo.

Ricardo Llopesa. Modernidad y Modernismo. Valencia: Instituto de Estudios Modernistas, 2000. 13-26.

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